miércoles 30 de enero de 2008

Sincerate


Obvio, por Barcelona.

Yo te avisé



Justo que iba a recomendar que todos deberíamos abastecernos de los productos "de Navidad" que quedan en los supermercados de barrio (en las cadenas grandes ya los relevaron a depósito), antes de que desaparezcan misteriosamente hasta el año que viene, me acabo de bajar un paquete de unas garrapiñadas igualemente misteriosas, cuya fecha de vencimiento no chequeé y ahora me duele la cabeza, del lado izquierdo, pero mucho. Si me empiezo a quedar ciega o a transpirar frío, aviso.





Me lo merezco. Por angurrienta.








¡Momento! Todo lo anterior puede no aplicar al ananá fizz y a la sidra Real, porque no deberían vencerse tan pronto (?). Mañana pruebo.

Mujeres deportistas o deportistas mujeres




La Comisión Mujer y Deporte del Comité Olímpico Español hizo un informe en 2007 analizando las relaciones entre las deportistas y los medios de comunicación en la península (o, más bien dicho, el tratamiento que le dan los medios a las mujeres deportistas).

Allí, "(...) se advierte la tendencia creciente a presentar a las mujeres deportistas mediante imágenes con mayor morbo erótico, obviando, muchas veces, los aspectos técnicos y deportivos (...)" y se señala también que "(...) los medios de comunicación están estructurados según la mentalidad, sensibilidad e intereses masculinos, por lo que, por lo general, tienden a ver más a la mujer que a la deportista(...)".

Justamente me acordé de esto cuando veía varios titulares con motivo de la final del abierto de tenis de Australia entre Maria Sharapova y Ana Ivanovic:
















Y las diez fotos que puso Fox Sports por todo análisis.

Lado A: No estoy ciega ni soy una necia: tanto Sharapova como Ivanovic son, ambas, divinas (a mí gusto personal, me atrevo a decir que Ivanovic es la más linda de las dos). Tienen unos cuerpos bárbaros; mejores incluso que el de las modelos (para mí, el cuerpo de las deportistas siempre es más lindo que el de las modelos).
Como si fuera poco, Nike y Adidas les pagan y les diseñan unos conjuntitos preciosos, y super envidiables (una gran pata de todo este asunto es lo marketinero de la imagen de estas dos chicas, pero hasta ahí: recordemos que la "novia de Enrique Iglesias" salió del mapa en cuanto no pudo combinar más su presencia en las canchas con sus vueltas por la pasarela. En argentino: era muy linda para deportista pero no tan linda para modelo).

Lado B: Ahora bien, ambas son deportistas de alta competencia. Vendrían a ser dos de las exponentes más altas de su género en su disciplina. Y la mayor parte de los medios de comunicación, al momento de referirse a ellas, privilegian sus - repito, no obstante innegables - atributos estéticos por sobre su desempeño profesional.
Que salgan en Caras o Semanario hablando de lo lindas que son o de lo linda que es su ropa (o que lo diga incluso yo, que no sé cuando es tanto en tenis y cuando no), vaya y pase. Que sea lo primero en destacarse en ellas, da a pensar sobre el tratamiento diferencial que le dan los medios a las tenistas y qué nos sugiere esto.
No solemos leer "el churro de Federer ganó otro torneo" o "qué linda le quedaba la vincha a Nadal" (ponele, hay para todos los gustos y, sí, dije churro, mi abuela no me robó el teclado). Incluso, en el caso de Los Pumas, donde un par de los jugadores salieron en un calendario medio en bolas y hubo muchas a las que les dio vuelta la peluca, la presencia de los deportistas como figura de atractivo sexual igualaba -pero nunca opacaba- el desarrollo de las competencias o los logros en el campo de juego.

No es casual. Sobre este tema, en un artículo muy interesante (y que vale la pena leer completa) que aparece en el site de Romina Plataroti , una psicóloga clínica y deportiva, ella destaca que "(...) la expresión papel de género nos estaría indicando cierto modelo de creencias, actitudes, conductas, destrezas e intereses que una cultura identifica como reflejo de la feminidad o la masculinidad (...)" y que "(...) la mujer representa para el deporte, no lo que ella puede desempeñar como atleta o simple practicante, sino lo que, por lo regular, la sociedad espera de ella sobre un modelo preconcebido de comportamiento (...)" ¿Y cómo se supone que debe ser la imagen de la mujer? "(...) la imagen de mujer ideal se mide por la belleza, delgadez y juventud (...)"
Por otra parte, es imperdible lo vendehumo de varios de los encabezados, pero sobre todo el de minutouno.com, en cuya nota no se hace ni un comentario de la belleza de las competidoras; mas bien se hace alusión al historial deportivo hacia esa final (está sin tocar tal cual lo bajaron de la agencia EFE; es probable que lo hayan visto como una linda excusa para poner fotos).

Justamente, el mismo informe del comienzo sugería: "(...) crear un observatorio sobre la utilización erótica del cuerpo de la mujer en la información deportiva (...)" y sostenía que "(...) los medios de comunicación deben concienciarse de su responsabilidad social en la construcción de la realidad (...)".

Y como estoy en un día relativamente optimista, p0r lo menos lo pongo acá (no lo entenderán ahora, pero es un avance para mí).




miércoles 23 de enero de 2008

¡Último momento!



Lerner habría secuestrado a Madeleine.







sábado 19 de enero de 2008

La vida solo puede ser comprendida mirando para atras, mas solo puede ser vivida mirando para adelante.

S. Kierkeegard

martes 15 de enero de 2008

El Antilíder


Esta es una nota de hace un par de meses, imperdible, que escribió José Pekerman para el Diario El País. La recomiendo por sus palabras, que exceden el campo de juego, y porque destaca muchas de las cualidades que hacen de Román el tipo de persona que me gusta que esté en el centro de atención. Aún cuando sean los menos los que tengan la capacidad de apreciarlas.


" Román se abrió paso por la vida a golpe de puro talento. Por su calidad lo
han querido hacer líder. Pero él es el antilíder porque nunca asume posturas demagógicas. Nunca perdió la sencillez de su juego. Esa sencillez hace que sufra lo que hay de artificioso y extravagante en el fútbol mediático. Da la impresión de ser un hombre hosco, una estrella.

Pero es un niño. Tiene fama y dinero, pero sólo quiere ser un niño que juega al fútbol. Porque muere con su idea, es un antisistema en el fútbol moderno.

En una industria que se alimenta de la imagen, no es capaz de sentirse cómodo. Tiene la rebeldía
que antes tenían tantos jugadores y que hoy se ha perdido. No es que sea
indisciplinado. Es que defiende a ultranza su identidad. "


“Reírte de lo que no puedes es lo más divertido”

Algunos extractos de esta nota que le hizo Rosa Montero a Alex de la Iglesia

RM- (...) esa idea de la alegría como algo egoísta...
AdI–A mí me parece, por el contrario, que es el motor de la vida, la compensación necesaria del dolor. Sí, tienes razón, pero por otra parte el hecho mismo de decirte “Vamos a divertirnos ahora”, supone poner entre paréntesis un montón de cosas terribles que están ocurriendo en ese momento y que tienes que olvidar para poder ser feliz. Y a mí me parece que eso es de alguna manera injusto.

AdI - (...) en mi película 800 balas Sancho Gracia decía: no ser feliz cuando uno puede serlo es el mayor pecado del mundo, porque supone perder una oportunidad que otros no tienen. ¿Encima de privilegiado este tío va de llorón? No, hombre, ésa es la cosa más espantosa del mundo. Yo tengo el privilegio de dedicarme a una profesión absolutamente maravillosa. Si hago cine es porque pienso que es lo más maravilloso que se puede hacer en la vida.

AdI- (...) lo que sucede es que el conocimiento del dolor genera una capacidad para disfrutar la diversión mucho mayor. El que ha estado en un funeral sin duda sabe lo que es una fiesta. En ese sentido, el humor que interesa es el prohibido.... Reírte de lo que no te puedes reír, eso es lo más divertido del mundo.

Es que ése es otro de los temas que dan vueltas en mi cabeza, y es que pienso que el ridículo redime. De hecho estaba pensando en hacer un guión sobre un tipo que disfruta haciendo el ridículo, que no puede evitarlo... Por otra parte, hacer cine o escribir novelas tiene un componente de riesgo a hacer el ridículo, de abrirte y mostrarte... Y en el fondo, en realidad, lo que buscas es cariño.

viernes 11 de enero de 2008

When you have to choose between the truth and the legend, print the legend.
John Ford

The Black Book


“Nadie sabe de lo que uno es capaz de hacer para vivir, hasta que se encuentra en esas circunstancias”.



La frase la dijo David Galante, un sobreviviente de Auschwitz de 82 años de edad, en una nota en la revista Viva. Y resume, en dos renglones, el espíritu de The Black Book, película de Paul Verhoveen estrenada hace un par de semanas y, lejos, una de las mejores de 2007. El libro negro es una película sobre supervivencia. No habla de una supervivencia ciega, ni fortuita, ni de un destino de elegidos: es una manera de sobrevivir creyendo que hay algo más grande que nosotros, pero que sin embargo depende de nuestras acciones.

Uno de los aspectos más fuertes de la película es que su personaje principal, cuya historia es el eje de la historia, está impecablemente escrito y brillantemente ejecutado por la muy hermosa Carice Van Houten. Su personaje, Ellis De Vries, es una chica creativa, valiente, cuya astucia se agudiza en los momentos dificiles. Inteligente, pero por sobre todo atrevida, hábil, astuta. Dotada de claridad y sentido del deber. Una sobreviviente.


Además, la actriz que la interpreta hace todo lo que hay que hacer para la película y más. Ella también pone el cuerpo y el resultado es una mujer con quien se puede coincidir o no, pero de quien no se puede estar indiferente.
Duda entre dos hombres, pero más que entre ellos (porque está decidida desde que lo ve en el tren), duda sobre lo que pensaran de ella, sobre que es lo correcto. Y fiel a lo que siente, se queda con el oficial. Porque tiene la humildad de reconocer que no es ella quien debe juzgarlo y la seguridad que da amar y saberse amada.

Repleta de cualidades, sí, pero también con la sabiduría de usarlas. Y es una presencia bastante inusual como centro de una película dramática sobre la segunda guerra mundial (en la misma película la comparan con Mata Hari y cuesta pensar, de una, en otras historias de este tipo que hayan permanecido en el imaginario social). Decimos que es protagonista de una película de guerra porque no hace de eso un telón de fondo para el desarrollo de su historia sino que es su relato y sus acciones los que se entrelazan y tienen consecuencias en la Historia.
En realidad, bastante inusual para el retrato cinematográfico de las protagonistas, que se simplifican en una híbrida (y aburridísima) GI Jane.


También es interesante cómo se plantea la cuestión de género en el contexto de la guerra. Si, en La lista de Schindler, veíamos como aquel oficial nazi que fue Joseph Fiennes abusaba de su sirvienta judía, aquí la cuestión nos lleva, por ejemplo, hasta dónde pondría su propio cuerpo esta mujer para defender lo que cree. Independientemente del hecho que ella descubra luego que está enamorada del oficial del reich; porque podría haber sido él o podría haber sido su repugnante compañero.
Además, hay una breve aparición de otras dos mujeres, miembros de la resistencia, que condenan sin moverse de sus asientos a las compañeras que cumplen esa función. Y, también está la figura de la novia por conveniencia del otro oficial, que se amolda a lo que la situación requiera pero teme.

The black book tematiza cuestiones importantes: la justicia, el amor, el coraje. la inmoralidad de la guerra, la miseria humana, la traicion, la desconfianza, la fe, la supervivencia,
Y lo más loable del film es que no lo hace “con mayúsculas”, sino que los traspasa por un cuerpo de tres dimensiones. Habla de los motivos que guían a lo hombres desde los hombres mismos.
De más está hablar de las perfecciones técnicas de la película: primero, su guión, de una solidez impecable y que casi siempre gambetea los golpes bajos con una dignidad destacable. Luego, unas luces maravillosas y una recreación del ambiente de época sin fallas. La estética de los años ´40 es a la vez, impresionante y verídica.



Con destino de una futura favorita mía – como mínimo, en su género-, The Black Book es la película de guerra que me hubiera gustado hacer.

Vestite y andate


Shortbus


Shortbus es un polvo. Ni más ni menos. Cumple los objetivos para los que fue hecha, algo que quizás nos llame la atención, pero no está pensada para cumplir con propósitos mayores. Puede hacerte pasar un buen rato, pero no te vas a enamorar de ella; incluso es posible que en un par de meses ni te acuerdes su nombre.

El tema con esta película fue el siguiente: cuando se estrenó, la revista de cine El Amante hizo un editorial en respuesta a la crítica que había publicado el diario La Nación, prácticamente condenando al film de John cameron Mithcell a las salas triple equis. En criollo: pidiendo censura. Eso fue su mayor publicidad y la película se hace cargo de esta expectativa hasta ahí.Me voy a referir a la película en sí porque el resto sería redundante con la nota de Noriega, que recomiendo.

Para empezar, hago mención a una frase de Woody Allen, que aparece en el libro “Lecciones de Cine”, de Laurent Tirard:

“(…) opino que es un grave error empezar a rodar una película con un guión flojo
o que no está listo y pensar: ´Bueno, lo arreglaré en el plató´. La experiencia
me ha enseñado que si tienes un buen guión, puedes hacer un lamentable trabajo
en la dirección y, aún así, conseguir una película bastante buena, mientras que
si tienes un guión malo, puedes hacer un trabajo brillante en la dirección y
apenas se va a notar (…)”.


En los créditos finales se manifiesta que el guión y los personajes fueron hechos en colaboración con los mismos actores, improvisando a medida que filmaban. Una experiencia que puede resultar muy creativa… pero también muy despareja. Lamentablemente, más allá de la inclusión de alguna escena de sexo sin ninguna sutileza, Shortbus no es más que una película coral con un argumento endeble al que le cuesta crecer y crear interés, ya finalizados sus golpes de efecto.

Al contrario de los pacatos de La Nación, no me molestan las escenas de sexo. La gente coge. Por muchas razones. Donde le calienta, donde puede o donde tiene ganas. Lo viene haciendo sin demasiadas variantes hace miles de años y lo seguirá haciendo. Pero si en la película, lo más importante son las escenas de sexo explicito, estamos en problemas. O se logró otra cosa (o, si quisiera ser cínica, diría que basándonos en toda la publicidad que se logró con ellas, se consiguió lo que se buscaba). Un par de buenas tomas de gente teniendo sexo no son suficientes para mantenerme interesada la hora y pico de película. (De todas formas, una película regular con sexo explícito tampoco merece la Siberia de los cines condicionados; es una película regular y listo).

Mi punto de vista es que cualquier escena de sexo calienta más si tiene algo que la sostenga en la trama. Si hay algo prohibido, si es resultado de alguna otra cosa, si significa algo (o nada) para sus protagonistas. Hay películas excelentes con escenas eróticas polémicas y casi del mismo tenor que estas, que superan ampliamente a Shortbus por el hecho de que están sostenidas y enriquecidas por un contexto. Por nombrar un par: la ya clásica Último tango en París, Los Soñadores o la muy sexy Lucía y el sexo. En estas dos películas de Bertolucci el sexo forma parte importante de la trama pero las escenas eróticas están solventadas, aunque con resultados discutibles en una y en otra, por tramas atrapantes y por motivos que le dan carácter y dimensión a sus personajes.

Aquí por momentos, el sexo funciona –con perdón de la expresión- cual una zanahoria delante de un burro. Las tomas de sexo explícito se suceden mayormente en la primera parte de la película y el resto divaga en un guión que no logra atraparnos en ninguna de sus historias. Estas parecen bosquejadas nada más, se apoyan en una única característica de un personaje y no evolucionan demasiado (generalmente tematizan un hecho simpático o paradójico: la sexóloga que no puede “conseguir” un orgasmo, la ex estrella infantil cuyo único hit –en la falsa ficción pero también en la película- es una frase, el que parece pasado de todo y termina siendo virgen, los artistas sufridos, el marginal que comprende el mundo). Las historias de los hombres y mujeres que se juntan en el Shortbus están superficialmente desarrolladas y son poco atractivas.
En un film que se pretende reflexivo y sórdido (parece teorizar que todo lo que une a la humanidad es el sexo y la soledad), lo más destacado termina siendo lo visual y, como en el porno malo, al resto casi casi le podríamos dar FF.

No se trata de señalar únicamente las carencias de la película: hay que reconocer que la mayor parte del sexo que aparece está muy bien filmado, sobre todo sin temor y sin medias tintas. Y lo mejor es que no es Venus y no es The Film Zone, tiene su propia forma. La luz es preciosa; y justamente las fallas de electricidad están pensadas como una guía por los momentos clave de la película.
Vale destacar lo original de los travellings por la ciudad de bricolage que inicia y une las historias. Sucede que el sexo en Nueva York (visto por momentos desde la misma perspectiva tragicómica que la serie) lo vimos por seis temporadas, en dosis semanales. Y aunque allí se omitían los primeros planos, hay situaciones que podrían haber estado incluidas en cualquier capítulo de “Sex & the City”. Comparten, por ejemplo, una pátina rosa en su visión del mundo: todos terminarán con alguien en NY, aquí también centro del universo. Un happy ending convencional, a su manera.

Lo mejor de Shortbus son, en fin, las escenas de sexo. De a ratos, parece que todo lo demás que aparece en pantalla está para completar el vacío entre escenas. Sí, es un polvo sin amor. Y como tal es muy probable que la sensación que nos quede cuando acaben los actores, es que queremos vestirnos e irnos.


A veces, está bueno ver gente teniendo relaciones en la pantalla (mejor aún, tenerlas uno mismo, en la pantalla o no). A veces, alcanza con que nos cuenten una buena historia. Si se dan las dos, mejor todavía. Pero si tengo que elegir, me quedo con la segunda opción y mi cabeza llenará los espacios.

Hagamos de casualidad

¿Quién dijo? ¿Quién dijo?

"La Argentina no solamente está condenada al éxito, estamos condenados al éxito por nuestra gente." La respuesta, aquí.

"Los argentinos somos víctimas de nuestro propio éxito". Y aquí.

miércoles 9 de enero de 2008

Rudy & Paz




(Publicado en Página /12 del 07/01/08)

Cosas que sí se pueden hacer con calor

Cosas que sí se pueden hacer con calor.

* Quejarse. Aproveche: sáquese la mierda, como diría Corvata. No sólo por el clima: haga una bolsa de quejas y dispérselas en todas partes. Algunas ideas... ¿de verdad necesita ideas sobre qué quejarse? ¿Dónde vive?

* Pensar quiénes están peor que uno (esfuércese, va a encontrar algún eslabón que Ud podría comer si estuviéramos en la naturaleza).

* Valorar (no añorar: va-lo-rar): su agua corriente -si la tiene-, su aire acondicionado -si lo tiene-, su luz eléctrica -mientras la tenga-. Que nevó sobre este mismo suelo al que ahora nos quedamos pegados. Los días en que se tuvo que poner medias de nylon abajo del jean, por el frío que hacía. Echar de menos las ocasiones para usar chalequito con piel y/o botas.

* Consuélese: la playa está buena, es cierto. Pero a ocho de enero, lo único que puede hacer sin pagar una fortuna es jugar a sobrevivir en la muchedumbre y tratar de tomar sol sin masticar arena ni que te lastime el viento (que no sale en la tele). Sí, soy una resentida. Pero aún así, digo NO a la playa en enero.

* Tener la excusa de que de verdad no se puede ir al gimnasio, no tiene que ver con que tengamos poca voluntad.

* Volver a ver grandes películas que estén asociadas al clima. Recomiendo "Do The Right Thing", obra maestra de Spike Lee en la que no sólo hace un calor récord sino que también se les corta la luz. También puede funcionar "Apocalypse Now". Y más, en breve.

**********
Existen dos tipos de personalidades en estos climas extremos.
Por un lado, los "heat embracers". Si Usted pertenece a este grupo, seguramente haya colapsado su mp3 con UB40, Bob Marley, algo de cumbia o reggaeton (porque "dan más verano") y, si es un pelotudo, incluso algunas de las canciones temáticas con las que adornan los noticieros sus notas estivales para remarcar que, sí, hace calor.
La gente de esta clase considera que la disminución de gente en la ciudad y el hecho de que ellos ya se fueron de vacaciones o se están por ir los habilita a vestirse como si estuvieran en la playa. A ellas, la posibilidad de escotarse un poco más las hace sentir diosas. Y nos obligan -al resto- a ver el espectáculo macabro de sus carnes muy cocidas o casi crudas (depende de para cuándo pidieron los días) enroscadas en algo muy ajustado, liberarán sus dedos de los pies, descuidados de todo el año o nos dejarán adivinar el flamear de su celulitis por debajo de la bambula.
Las que están muy blancas dirán que van así porque "quieren ir agarrando color"; las otras se mandaron litros de Hawaiian Tropic porque "el color les tiene que durar todo el año".
Ellos, motivados por la venia de usar bermudas y ojotas en público, se hacen la ilusión de que finalmente cumplieron su sueño y pusieron un bar en la playa (en la playa de estacionamiento de cuatro pesos la hora). Decenas de Bob Esponjas de piernas peludas y blancas invaden la calle.

En la vereda opuesta, los "negadores". Sin ir más lejos, hoy en el colectivo 100, alrededor de las dos de la tarde, iba un señor de pantalón de pana y camisa a cuadritos de manga larga, cerrada (¿habrá perdido una apuesta?). Si Usted está en este grupo, seguirá con su ropa negra de siempre (no importa cuánto nos digan que las casas en África están pintadas de blanco porque repelen al sol), intentará hasta lo inverosímil con los jeans de siempre o -si es realmente valiente- con los modernos chupines. Probablemente insista con el saquito, en caso de que el aire acondicionado "esté demasiado fuerte" (no se han registrado casos; sí de muchas hinchapelotas que piden que lo bajes un poquito).
Esta gente se mentaliza en que, si hacen de cuenta que no hace tanto calor, no sentirán tanto calor. Nada los mueve de su cafecito de siempre. Si hay fideos, hay fideos y se comen.

(Si está más al medio de los dos, tranquilo. Recuerde que cerca de los extremos se suelen encontrar los mayores niveles de estupidez.)

martes 8 de enero de 2008

Soy Leyenda (I Am Legend)


Mitad porque había visto el avance, mitad porque tenía que hacer dos horas de tiempo un día de cuarenta grados en el microcentro y la opción más seductora era el aire acondicionado del cine, fui a ver I Am Legend.

Empieza muy interesante: Will Smith es el último hombre en la Tierra, tras una epidemia de ¿viruela? que asesinó al resto de la población, esto contado únicamente mediante flashbacks de lo que él sueña.

Tiene algunos elementos muy dignos de "su" tiempo: sí, el último hombre es negro; sí, es un militar estadounidense de alto rango; y sí, la vacuna es una supuesta cura para el cáncer, una cepa que modificó una científica y que salió mal.

Aún con todo esto, toda la primera parte es atrapante. Desde mostrar la vida cotidiana del último tipo vivo (como se crea una rutina, por ejemplo) hasta las imágenes de la ciudad desierta, que son impactantes, al nivel de las de "28 days later" y las de la evacuación, con "Children of men", todo funciona y hace querer seguir mirando.

Sin embargo, después pierde el centro y la película hace agua por dos partes, a mi parecer. Primero, se supone que hay habitantes que sobrevivieron a la epidemia, quedaron infectados y se comen a los otros. El suspenso en todas las escenas en que Neville se va aproximando a ellos, generan verdadera expectativa.
Algunos deberían aprender que sugerir miedo, que lo desconocido siempre asusta más porque no sabemos de qué se trata, qué esperar. Los ¿monstruos? (en el folleto del Atlas Lavalle decía "vampiros", pero no estoy muy de acuerdo) están saturados de efectos, son más Gollum que otra cosa y los primeros planos que les hacen ayudan a diluir el suspenso de sus apariciones.

Y segundo, tiene un final aburridísimo; más fábula mal contada que leyenda. Y está bien que Bob Marley te rema cualquier escena, pero de ahí a convertirlo en un aspecto central de la trama, es un poco forzado.


Muy importante: Mención de honor merece la perra (que en la realidad se llama Abby), la cual tiene el momento más dramático de la película, es el personaje al que uno se liga más emocionalmente, y que- como si esto fuera poco -¡actúa bárbaro!

sábado 5 de enero de 2008


"He tenido 20 años y no permitiré que nadie me diga que esa es la edad
más feliz de la vida".


(Paul Nizan)