
miércoles 30 de enero de 2008
Yo te avisé

¡Momento! Todo lo anterior puede no aplicar al ananá fizz y a la sidra Real, porque no deberían vencerse tan pronto (?). Mañana pruebo.
Mujeres deportistas o deportistas mujeres

miércoles 23 de enero de 2008
sábado 19 de enero de 2008
martes 15 de enero de 2008
El Antilíder

" Román se abrió paso por la vida a golpe de puro talento. Por su calidad lo
han querido hacer líder. Pero él es el antilíder porque nunca asume posturas demagógicas. Nunca perdió la sencillez de su juego. Esa sencillez hace que sufra lo que hay de artificioso y extravagante en el fútbol mediático. Da la impresión de ser un hombre hosco, una estrella.Pero es un niño. Tiene fama y dinero, pero sólo quiere ser un niño que juega al fútbol. Porque muere con su idea, es un antisistema en el fútbol moderno.
En una industria que se alimenta de la imagen, no es capaz de sentirse cómodo. Tiene la rebeldía
que antes tenían tantos jugadores y que hoy se ha perdido. No es que sea
indisciplinado. Es que defiende a ultranza su identidad. "
“Reírte de lo que no puedes es lo más divertido”
RM- (...) esa idea de la alegría como algo egoísta...
AdI–A mí me parece, por el contrario, que es el motor de la vida, la compensación necesaria del dolor. Sí, tienes razón, pero por otra parte el hecho mismo de decirte “Vamos a divertirnos ahora”, supone poner entre paréntesis un montón de cosas terribles que están ocurriendo en ese momento y que tienes que olvidar para poder ser feliz. Y a mí me parece que eso es de alguna manera injusto.AdI - (...) en mi película 800 balas Sancho Gracia decía: no ser feliz cuando uno puede serlo es el mayor pecado del mundo, porque supone perder una oportunidad que otros no tienen. ¿Encima de privilegiado este tío va de llorón? No, hombre, ésa es la cosa más espantosa del mundo. Yo tengo el privilegio de dedicarme a una profesión absolutamente maravillosa. Si hago cine es porque pienso que es lo más maravilloso que se puede hacer en la vida.
AdI- (...) lo que sucede es que el conocimiento del dolor genera una capacidad para disfrutar la diversión mucho mayor. El que ha estado en un funeral sin duda sabe lo que es una fiesta. En ese sentido, el humor que interesa es el prohibido.... Reírte de lo que no te puedes reír, eso es lo más divertido del mundo.Es que ése es otro de los temas que dan vueltas en mi cabeza, y es que pienso que el ridículo redime. De hecho estaba pensando en hacer un guión sobre un tipo que disfruta haciendo el ridículo, que no puede evitarlo... Por otra parte, hacer cine o escribir novelas tiene un componente de riesgo a hacer el ridículo, de abrirte y mostrarte... Y en el fondo, en realidad, lo que buscas es cariño.
viernes 11 de enero de 2008
The Black Book

“Nadie sabe de lo que uno es capaz de hacer para vivir, hasta que se encuentra en esas circunstancias”.
La frase la dijo David Galante, un sobreviviente de Auschwitz de 82 años de edad, en una nota en la revista Viva. Y resume, en dos renglones, el espíritu de The Black Book, película de Paul Verhoveen estrenada hace un par de semanas y, lejos, una de las mejores de 2007. El libro negro es una película sobre supervivencia. No habla de una supervivencia ciega, ni fortuita, ni de un destino de elegidos: es una manera de sobrevivir creyendo que hay algo más grande que nosotros, pero que sin embargo depende de nuestras acciones.
Uno de los aspectos más fuertes de la película es que su personaje principal, cuya historia es el eje de la historia, está impecablemente escrito y brillantemente ejecutado por la muy hermosa Carice Van Houten. Su personaje, Ellis De Vries, es una chica creativa, valiente, cuya astucia se agudiza en los momentos dificiles. Inteligente, pero por sobre todo atrevida, hábil, astuta. Dotada de claridad y sentido del deber. Una sobreviviente.
Además, la actriz que la interpreta hace todo lo que hay que hacer para la película y más. Ella también pone el cuerpo y el resultado es una mujer con quien se puede coincidir o no, pero de quien no se puede estar indiferente.
Duda entre dos hombres, pero más que entre ellos (porque está decidida desde que lo ve en el tren), duda sobre lo que pensaran de ella, sobre que es lo correcto. Y fiel a lo que siente, se queda con el oficial. Porque tiene la humildad de reconocer que no es ella quien debe juzgarlo y la seguridad que da amar y saberse amada.
Repleta de cualidades, sí, pero también con la sabiduría de usarlas. Y es una presencia bastante inusual como centro de una película dramática sobre la segunda guerra mundial (en la misma película la comparan con Mata Hari y cuesta pensar, de una, en otras historias de este tipo que hayan permanecido en el imaginario social). Decimos que es protagonista de una película de guerra porque no hace de eso un telón de fondo para el desarrollo de su historia sino que es su relato y sus acciones los que se entrelazan y tienen consecuencias en la Historia.
En realidad, bastante inusual para el retrato cinematográfico de las protagonistas, que se simplifican en una híbrida (y aburridísima) GI Jane.
También es interesante cómo se plantea la cuestión de género en el contexto de la guerra. Si, en La lista de Schindler, veíamos como aquel oficial nazi que fue Joseph Fiennes abusaba de su sirvienta judía, aquí la cuestión nos lleva, por ejemplo, hasta dónde pondría su propio cuerpo esta mujer para defender lo que cree. Independientemente del hecho que ella descubra luego que está enamorada del oficial del reich; porque podría haber sido él o podría haber sido su repugnante compañero.
Además, hay una breve aparición de otras dos mujeres, miembros de la resistencia, que condenan sin moverse de sus asientos a las compañeras que cumplen esa función. Y, también está la figura de la novia por conveniencia del otro oficial, que se amolda a lo que la situación requiera pero teme.
The black book tematiza cuestiones importantes: la justicia, el amor, el coraje. la inmoralidad de la guerra, la miseria humana, la traicion, la desconfianza, la fe, la supervivencia,
Y lo más loable del film es que no lo hace “con mayúsculas”, sino que los traspasa por un cuerpo de tres dimensiones. Habla de los motivos que guían a lo hombres desde los hombres mismos.
De más está hablar de las perfecciones técnicas de la película: primero, su guión, de una solidez impecable y que casi siempre gambetea los golpes bajos con una dignidad destacable. Luego, unas luces maravillosas y una recreación del ambiente de época sin fallas. La estética de los años ´40 es a la vez, impresionante y verídica.
Con destino de una futura favorita mía – como mínimo, en su género-, The Black Book es la película de guerra que me hubiera gustado hacer.
Vestite y andate

Shortbus es un polvo. Ni más ni menos. Cumple los objetivos para los que fue hecha, algo que quizás nos llame la atención, pero no está pensada para cumplir con propósitos mayores. Puede hacerte pasar un buen rato, pero no te vas a enamorar de ella; incluso es posible que en un par de meses ni te acuerdes su nombre.
El tema con esta película fue el siguiente: cuando se estrenó, la revista de cine El Amante hizo un editorial en respuesta a la crítica que había publicado el diario La Nación, prácticamente condenando al film de John cameron Mithcell a las salas triple equis. En criollo: pidiendo censura. Eso fue su mayor publicidad y la película se hace cargo de esta expectativa hasta ahí.Me voy a referir a la película en sí porque el resto sería redundante con la nota de Noriega, que recomiendo.
“(…) opino que es un grave error empezar a rodar una película con un guión flojo
o que no está listo y pensar: ´Bueno, lo arreglaré en el plató´. La experiencia
me ha enseñado que si tienes un buen guión, puedes hacer un lamentable trabajo
en la dirección y, aún así, conseguir una película bastante buena, mientras que
si tienes un guión malo, puedes hacer un trabajo brillante en la dirección y
apenas se va a notar (…)”.
En los créditos finales se manifiesta que el guión y los personajes fueron hechos en colaboración con los mismos actores, improvisando a medida que filmaban. Una experiencia que puede resultar muy creativa… pero también muy despareja. Lamentablemente, más allá de la inclusión de alguna escena de sexo sin ninguna sutileza, Shortbus no es más que una película coral con un argumento endeble al que le cuesta crecer y crear interés, ya finalizados sus golpes de efecto.
Al contrario de los pacatos de La Nación, no me molestan las escenas de sexo. La gente coge. Por muchas razones. Donde le calienta, donde puede o donde tiene ganas. Lo viene haciendo sin demasiadas variantes hace miles de años y lo seguirá haciendo. Pero si en la película, lo más importante son las escenas de sexo explicito, estamos en problemas. O se logró otra cosa (o, si quisiera ser cínica, diría que basándonos en toda la publicidad que se logró con ellas, se consiguió lo que se buscaba). Un par de buenas tomas de gente teniendo sexo no son suficientes para mantenerme interesada la hora y pico de película. (De todas formas, una película regular con sexo explícito tampoco merece la Siberia de los cines condicionados; es una película regular y listo).
Mi punto de vista es que cualquier escena de sexo calienta más si tiene algo que la sostenga en la trama. Si hay algo prohibido, si es resultado de alguna otra cosa, si significa algo (o nada) para sus protagonistas. Hay películas excelentes con escenas eróticas polémicas y casi del mismo tenor que estas, que superan ampliamente a Shortbus por el hecho de que están sostenidas y enriquecidas por un contexto. Por nombrar un par: la ya clásica Último tango en París, Los Soñadores o la muy sexy Lucía y el sexo. En estas dos películas de Bertolucci el sexo forma parte importante de la trama pero las escenas eróticas están solventadas, aunque con resultados discutibles en una y en otra, por tramas atrapantes y por motivos que le dan carácter y dimensión a sus personajes.
Aquí por momentos, el sexo funciona –con perdón de la expresión- cual una zanahoria delante de un burro. Las tomas de sexo explícito se suceden mayormente en la primera parte de la película y el resto divaga en un guión que no logra atraparnos en ninguna de sus historias. Estas parecen bosquejadas nada más, se apoyan en una única característica de un personaje y no evolucionan demasiado (generalmente tematizan un hecho simpático o paradójico: la sexóloga que no puede “conseguir” un orgasmo, la ex estrella infantil cuyo único hit –en la falsa ficción pero también en la película- es una frase, el que parece pasado de todo y termina siendo virgen, los artistas sufridos, el marginal que comprende el mundo). Las historias de los hombres y mujeres que se juntan en el Shortbus están superficialmente desarrolladas y son poco atractivas.
En un film que se pretende reflexivo y sórdido (parece teorizar que todo lo que une a la humanidad es el sexo y la soledad), lo más destacado termina siendo lo visual y, como en el porno malo, al resto casi casi le podríamos dar FF.
No se trata de señalar únicamente las carencias de la película: hay que reconocer que la mayor parte del sexo que aparece está muy bien filmado, sobre todo sin temor y sin medias tintas. Y lo mejor es que no es Venus y no es The Film Zone, tiene su propia forma. La luz es preciosa; y justamente las fallas de electricidad están pensadas como una guía por los momentos clave de la película.
Vale destacar lo original de los travellings por la ciudad de bricolage que inicia y une las historias. Sucede que el sexo en Nueva York (visto por momentos desde la misma perspectiva tragicómica que la serie) lo vimos por seis temporadas, en dosis semanales. Y aunque allí se omitían los primeros planos, hay situaciones que podrían haber estado incluidas en cualquier capítulo de “Sex & the City”. Comparten, por ejemplo, una pátina rosa en su visión del mundo: todos terminarán con alguien en NY, aquí también centro del universo. Un happy ending convencional, a su manera.
Lo mejor de Shortbus son, en fin, las escenas de sexo. De a ratos, parece que todo lo demás que aparece en pantalla está para completar el vacío entre escenas. Sí, es un polvo sin amor. Y como tal es muy probable que la sensación que nos quede cuando acaben los actores, es que queremos vestirnos e irnos.
Hagamos de casualidad
"La Argentina no solamente está condenada al éxito, estamos condenados al éxito por nuestra gente." La respuesta, aquí.
"Los argentinos somos víctimas de nuestro propio éxito". Y aquí.
miércoles 9 de enero de 2008
Cosas que sí se pueden hacer con calor
* Quejarse. Aproveche: sáquese la mierda, como diría Corvata. No sólo por el clima: haga una bolsa de quejas y dispérselas en todas partes. Algunas ideas... ¿de verdad necesita ideas sobre qué quejarse? ¿Dónde vive?
* Pensar quiénes están peor que uno (esfuércese, va a encontrar algún eslabón que Ud podría comer si estuviéramos en la naturaleza).
* Valorar (no añorar: va-lo-rar): su agua corriente -si la tiene-, su aire acondicionado -si lo tiene-, su luz eléctrica -mientras la tenga-. Que nevó sobre este mismo suelo al que ahora nos quedamos pegados. Los días en que se tuvo que poner medias de nylon abajo del jean, por el frío que hacía. Echar de menos las ocasiones para usar chalequito con piel y/o botas.
* Consuélese: la playa está buena, es cierto. Pero a ocho de enero, lo único que puede hacer sin pagar una fortuna es jugar a sobrevivir en la muchedumbre y tratar de tomar sol sin masticar arena ni que te lastime el viento (que no sale en la tele). Sí, soy una resentida. Pero aún así, digo NO a la playa en enero.
* Tener la excusa de que de verdad no se puede ir al gimnasio, no tiene que ver con que tengamos poca voluntad.
* Volver a ver grandes películas que estén asociadas al clima. Recomiendo "Do The Right Thing", obra maestra de Spike Lee en la que no sólo hace un calor récord sino que también se les corta la luz. También puede funcionar "Apocalypse Now". Y más, en breve.
**********
Existen dos tipos de personalidades en estos climas extremos.
Por un lado, los "heat embracers". Si Usted pertenece a este grupo, seguramente haya colapsado su mp3 con UB40, Bob Marley, algo de cumbia o reggaeton (porque "dan más verano") y, si es un pelotudo, incluso algunas de las canciones temáticas con las que adornan los noticieros sus notas estivales para remarcar que, sí, hace calor.
La gente de esta clase considera que la disminución de gente en la ciudad y el hecho de que ellos ya se fueron de vacaciones o se están por ir los habilita a vestirse como si estuvieran en la playa. A ellas, la posibilidad de escotarse un poco más las hace sentir diosas. Y nos obligan -al resto- a ver el espectáculo macabro de sus carnes muy cocidas o casi crudas (depende de para cuándo pidieron los días) enroscadas en algo muy ajustado, liberarán sus dedos de los pies, descuidados de todo el año o nos dejarán adivinar el flamear de su celulitis por debajo de la bambula.
Las que están muy blancas dirán que van así porque "quieren ir agarrando color"; las otras se mandaron litros de Hawaiian Tropic porque "el color les tiene que durar todo el año".
Ellos, motivados por la venia de usar bermudas y ojotas en público, se hacen la ilusión de que finalmente cumplieron su sueño y pusieron un bar en la playa (en la playa de estacionamiento de cuatro pesos la hora). Decenas de Bob Esponjas de piernas peludas y blancas invaden la calle.
En la vereda opuesta, los "negadores". Sin ir más lejos, hoy en el colectivo 100, alrededor de las dos de la tarde, iba un señor de pantalón de pana y camisa a cuadritos de manga larga, cerrada (¿habrá perdido una apuesta?). Si Usted está en este grupo, seguirá con su ropa negra de siempre (no importa cuánto nos digan que las casas en África están pintadas de blanco porque repelen al sol), intentará hasta lo inverosímil con los jeans de siempre o -si es realmente valiente- con los modernos chupines. Probablemente insista con el saquito, en caso de que el aire acondicionado "esté demasiado fuerte" (no se han registrado casos; sí de muchas hinchapelotas que piden que lo bajes un poquito).
Esta gente se mentaliza en que, si hacen de cuenta que no hace tanto calor, no sentirán tanto calor. Nada los mueve de su cafecito de siempre. Si hay fideos, hay fideos y se comen.
(Si está más al medio de los dos, tranquilo. Recuerde que cerca de los extremos se suelen encontrar los mayores niveles de estupidez.)
martes 8 de enero de 2008
Soy Leyenda (I Am Legend)




