viernes 29 de febrero de 2008

Hasta cuándo


Hay una escena en Match Point en la que Nola (Scarlett Johansson) está en la mansión de los padres de su novio. Ella es una actriz sin éxito, que lo más importante que hizo fue un comercial, y eso hace bastante. La madre del chico, que la desprecia porque la considera poco para su hijo, se lo deja bastante claro cuando, hablando de su carrera le pregunta hasta cuándo va a seguir intentando ser actriz si sigue sin tener éxito. Le da a entender que puede ser un sueño lindo, pero que si no le va bien, debería ser realista y pensar en un plan B.

La pregunta es tan desestabilizadora que atraviesa la pantalla y supera el contexto de la película. Porque, si no te va bien en algo, si ni siquiera te va como quisieras, si no te hace feliz, ¿hasta cuándo hay que tratar? ¿qué nos marca la línea que separa la perserverancia de la terquedad?
Todo esto en línea con la premisa de la película* -una de las más inteligentes no sólo de Woody Allen, sino del cine en general que hayan aparecido en bastante tiempo-: dado a elegir, ¿preferirías ser bueno en algo o tener suerte?
Yo, que como el protagonista también entiendo que hay una -gran- parte de la vida que no podemos controlar y que define mucho de lo que nos pasa, sé también que hay otra parte en donde nosotros hacemos o dejamos de hacer. Entonces, lo que nos concierne a nosotros, ¿cómo saber cuando es muy pronto? ¿cómo darnos cuenta cuando ya es muy tarde?

* "The man who said "I'd rather be lucky than good" saw deeply into life. People
are afraid to face how great a part of life is dependent on luck. It's scary to
think so much is out of one's control. There are moments in a match when the
ball hits the top of the net, and for a split second, it can either go forward
or fall back. With a little luck, it goes forward, and you win. Or maybe it
doesn't, and you lose. "


martes 26 de febrero de 2008

"Novedades" en la grilla de Telefé


Si alguien estuvo en coma los últimos veinte años, atenti al adelanto de PrimiciasYa.com (¡es adorable!). De todas maneras, nadie debería dejar de ver The Nanny -en inglés, doblada, como sea-: es una de las cinco mejores sitcoms de las últimas dos décadas.



(Creo que le deben un bronce en la puerta de Telefé al que haya tirado la idea de comprar las latas del Chavo, La Niñera, y sobre todo, los Simpsons. Son inoxidables.)

lunes 25 de febrero de 2008

Categórica




“No era fácil –sonríe su biógrafa–. No aceptaba ningún tipo de
imperfección, propia ni ajena. Era infatigable, obsesiva y levantaba una muralla
que la separaba de los demás, incluso de aquellos con quienes trabajó durante
años, como Armando Barbeito. Además, era muy mal hablada, puteaba en forma
permanente. Yo recreo una escena, que me parece totalmente plausible, donde
alguien le pregunta si es cierto que ella es la persona peor hablada de los
medios, y su respuesta es: ‘Sí, es verdad, pero a vos, ¿qué carajo te
importa?’.


( Myriam Escliar, autora de una biografía sobre la periodista Blackie, que quiero tener ya. )

miércoles 20 de febrero de 2008

Cuando toda esperanza se haya perdido...


... siempre nos quedarán los perros super chiquitos y los caniches andando en bicicleta. Y los que tienen más dinero y cargos más altos que uno pero escriben con faltas de ortografía.

martes 19 de febrero de 2008


Las mantenidas sin sueños



Las mantenidas sin sueños es una película que desafía las apariencias y que sorprende por su constante evasión de los lugares comunes.

Sabe qué quiere contarnos sobre los vínculos de madres e hijas, sobre los imprevistos de los siempre improbables "planes de vida", sobre la madurez. Sobre muchas cosas más, porque está al tanto que cada público verá en ella lo que más sienta cercano -o lejano- a sí mismo. Donde unos vean una drogadicta descuidada y una hija haciéndose cargo de ella, otros verán la materialización de la filosofía punk de la primera época (aplicable a Florchu pero también a la película en sí misma).
Pero no es una película convencional y se enriquece en todo el trayecto que conecta a estos dos extremos. Por esto, tiene la valentía de no juzgar a sus personajes, de dejarlos desarrollarse -en todo sentido- ante los ojos de los espectadores, de requerir algo de nuestro esfuerzo mental y emocional para que nos llegue la historia.

Vera Fogwill supo leer y comprender aquellas primeras películas de Almodóvar (Qué he hecho yo para merecer esto?, Tacones Lejanos, Mujeres al borde de un ataque de nervios), pero solamente para dejarse influenciar en cuanto le sirve para contar su historia. Elección que disfruto y celebro, porque nadie ha hecho películas como las de Almodóvar de aquella época, ni siquiera Almodóvar mismo.

Lo que hace sobresalir a esta película por encima de cualquier otro estreno nacional desde hace un par de años es que tiene estilo propio. Es divertida cuando tiene que serlo (divertida para entendidos cuando corresponde). Emociona con ternura y jamás pegando abajo. Es hermosa de ver.

Por último, merece un destacado el personaje de Celina (Mia Maestro at her best), el cual en un primer momento parece una inclusión fácil (por el contraste), y que sin embargo resulta el botón que sirve para explicar y darle background a los demás y sirve como disparador de los mejores momentos de la película.

Imperdible.

"El punk es la lucha constante contra el miedo de las repercusiones sociales."






Autocrítica


En una propuesta de dudoso buen gusto, la revista New York presenta una tapa en la cual Lindsay Lohan recrea la última sesión de fotos de Marilyn Monroe. Quizás sea porque a mí esas fotos siempre me parecieron más tristes que sensuales. Quizás porque sigo sin entender el sentido de imitar paso a paso algo que valió la pena para convertirlo en una fotocopia sin gracia.

Quizás porque ... ¿en serio? ¿¡Lindsay Lohan!?


En fin... la sesión original entera está
en este sitio y, si hacemos el esfuerzo de olvidarnos la vida de mierda que tuvo la mina -que fue una infeliz toda la vida-, que se sabe que ahí estaba deprimida y borracha y que gran parte del valor de estas tomas (sin desmerecer su innegable calidad) lo da el hecho de que haya aparecido muerta una semana después*, podemos disfrutarla.


My illusions didn't have anything to do with being a fine actress. I knew how
third rate I was. I could actually feel my lack of talent, as if it were cheap clothes I was wearing inside. But, my God, how I wanted to learn, to change, to improve!

Being a sex symbol is a heavy load to carry, especially when one is tired, hurt
and bewildered
.
- Marilyn Monroe




* ..nah, ni eso...

jueves 14 de febrero de 2008

Aprendés a ser cínica, a calcular cuánto hilo hay que soltar y cuánto hay que tener en la mano para mantener el misterio. Aprendés a no demostrar todo. A ser una dama. A disponer sólo si proponen. A "prepararte para lo peor y esperar lo mejor". A no esperar nada, con la caprichosa esperanza de que acontezca todo.
Y te encontrás a vos misma, movilizada por cuatro palabras, incluso horas después de haberlas leído.
Y te acordás de lo bien que hiciste, aquella vez, en olvidarte de todo lo anterior.

"Carajo, cómo te extraño"




"Así es nuestro amor: un largo beso de sombra, sin esperanza de realidad."
Anaïs Nin (1903-1977)

Víctima


Kathleen Turner, posible víctima de The Carver en un capítulo perdido de la última temporada de Nip/Tuck.



hollywood ending


Yo sé cómo me miró cuando entré. Venía transpirada de caminar las diez cuadras buscando un locutorio abierto.
Me había arremangado los pantalones del jogging y los había enroscado dentro las medias para no embarrarme
yendo por las calles de ese lodo arenoso recién llovido que a los cráneos del turismo les gusta denominar como
"una vuelta a lo natural". Lamentaba los charcos que tocaban mis Nike impolutas. Venía con una cara de culo
tremenda porque había tenido que interrumpir la no-rutina de mis vacaciones para mandar ese
mail. Llevaba el
pelo atado con hebillitas, todavía sucio de salitre y de arena, de lo bien que la había pasado en el mar el día
anterior; todavía oliendome en la piel el bronceador de zanahoria, la libertad de no tener que vestirme ni
peinarme más que cómo o cuando yo quisiera.
Nada mejoró cuando, atrás del pibe de la entrada del ciber (quien ni se dignó a mirarme, justamente porque mi estilo cuajaba más con una Rosario Dawson en SWAT que con el de la minita que se le levanta la pollera cuando arrancan las carreras de Rápido y Furioso - menos mal-), ví el cartel que anunciaba que los quince minutos de esa conexión de tracción a sangre costaban un peso. De acuerdo: la mía no era la imagen misma del glamour. Pero, si no me hubiera sentido encañonada por aquella mirada, podría haber seguido sin que me afectara.

Se me ocurre que un locutorio atestado es lo más cerca que estaré, como mujer, de entender la lógica de los
mingitorios. El impulso de todos nosotros de husmear la pantalla del costado es irrefrenable. No queremos saber
ningún secreto, simplemente fisgonear qué están haciendo. En este ciber, para colmo, ya ni se habían molestado
en armar "cabinitas": era una especie de tabla alargada para los monitores y los cpu, otra para los teclados y
banquetas para sentarse. Ni siquiera un panelcito que dividiera un usuario del de al lado. Aún así, a muchos les había parecido la mejor opción para el infaltable "día feo" en la Costa, así que había muchos adolescentes despatarrados, niños correteando por donde se podía e incluso varios señores de bermudas ojeando el diario online con el pretexto de no volver a ese dos ambientes con su familia por un rato largo.En esa intimidad atrofiada, también es imposible no girar la cabeza ante el ruido del metal de las sillas corriéndose cuando a un recién llegado le asignan una máquina y debe a) ubicarla y b) llegar hasta ella haciéndose lugar entre los pasillitos apretados.
"La nueve", me indica el fan de Rápido y Furioso
El pibe de la gorrita roja, sentado en la máquina diez, jamás me hubiera mirado si no me hubieran tocado sentarme al lado suyo. Y viceversa. Tendría unos quince años, jugaba a algo en la pc y chateaba, todo a todo volumen. Parecía sacado de la publicidad de Doritos, la de los lentos, con una pizca de Néstor en Bloque. Había pasado suficiente tiempo dedicado a él mismo. A su estilo. Y, como los demás, tampoco resistió el impulso de mirar cómo era la persona que se iba a ubicar a su derecha.
Repito: no se trataba de la mirada de nadie que importara en mi vida. Por eso mismo, fue una mirada descarnada, sin compromisos. Honesta. Ese pendejo me miró y reflejó en la cara lo que sentía, desde donde lo vió: qué triste, pobre piba, que desastre que es, fuera de mi nivel... la lista podría seguir, sobradora, entre risitas.
Ya conozco esa mirada. Es devastadora. Y la suelen mandar las minas. Pero cuando te mira así un pibe, de la edad que sea, se te viene todo abajo. Te sentís ínfima. Menos diez. Estás de vuelta, sola, a un costado del patio del colegio rogando que el recreo se pase rápido. Estás de vuelta, bajo las luces amarillentas de un probador intentando lo imposible con un pantalón que es dos talles más chico, y con una vendedora de cuarenta kilos a segundos de descorrer las cortinas y preguntarte cómo te queda. Hay una regla: si el halago de un varón gay vale doble ("no te lo dice porque te quiere levantar"), la mirada desmerecedora de un varón heterosexual también vale doble ("porque ni que fueras la última mujer sobre la tierra..."). No esperás que todos los hombres se den vuelta a chiflarte por el hecho de que no sos merecedora de tanto escándalo, pero por el otro lado, nadie te prepara para que ningún pibe te mire así (sobre todo si es alguien en quien carecés totalmente de interés).

Como ya venía bastante desequilibrada (basta con volver a mi descripción del principio), me tenté en la idea de
defenderme. Me sentí amenazada. Amenazada por no ser. Me pasé la mano por el pelo engrasado y ví que, para eso, ya era tarde. Fui a youtube. Busqué un video de Magazine For Fai. Otro de Peter Capusotto. Y los prendí con el suficiente volumen para que el ignoto pibe, que seguramente ya se había olvidado de mi presencia, los pudiera oir. Quería que se fijara que aunque era un escracho, podía tener sentido del humor. Que podía ser "copada", "tener onda". Que no me importaba qué pensara de mí. Que así era yo. Que no era como él - o, mejor dicho, como las chicas que podría mirar él- sólo porque no quería. Después, escuché que el pendejo bajaba el volumen de su compu. Se sonreía con los videos y me bastó. Me retiré ridícula y triunfante. Por supuesto que era, como diría Woody Allen, una loca con una bolsa de papel, parada en una esquina, gritando sobre el comunismo. Una enajenada total: peleándose contra nadie por nada.
Tiene que ver con lo que llamo "la filosofía Bender": cuánto es capaz de ponerse en ridículo uno mismo con tal de
agradar a un montón de extraños.
Esa misma noche tuve una visión: una escena de mí misma, a los cincuenta y pico de años, vestida demasiado
ajustada, o demasiado pintada. Escuché el clinclin de mis pulseras y las capas de esmalte color coral cubriendo las
uñas quebradas. Gastando mucho en ropa de pendeja. Me ví falsa, esforzada. Cansada de tratar demasiado
y, no obstante, atravesada por las miradas impiadosas de un grupo de adolescentes con look tuvecinita que no tienen una forma no hiriente de decirme que me estoy poniendo en vergüenza. Se me cruzó la publicidad de la madre que interrumpe el truco con amigos del hijo cuando aparece con un casete para recordarle al nene cuando bailaba al ritmo de Los Parchís. Me acordé del abuelo Simpson explicandole a Homero que, algún día, cambiaría la onda y él también dejaría de ser buena onda. No me gustó nada en lo que me estaba convirtiendo.
Y entendí finalmente esa frase de Bill Cosby: "No sé cual es la clave del éxito, pero la clave del fracaso es intentar agradar a todo el mundo".

martes 12 de febrero de 2008

¡Cómo crees!



"¡No quiero una cita! ¡Y no quiero usar perfume ni vestidos de coctel!
¿Soy la única que quiere jugar rayuela, hornear galletas y ver programas culturales?"

ID

En el período de oro del cine clásico norteamericano, entre 1920 y 1950, Hollywood estaba estructurado en base a tres patas: el sistema de estudios (una aplicación del paradigma de producción fordista a la tarea de hacer películas), el sistema de géneros (fracción del público y especialización de cada estudio en uno de ellos) y, por último, el star system. Éste consistía en mitificar a los actores de cine, logrando que el público se identificara con ellos y acudiera a las salas a verlos. Era una manera de darle valor estético a la mercancía-cine y, a la vez, hacerse de una multitud de espectadores fieles a su producto: el actor/personaje. Este sistema se sostenía, sobre todo, con los metadiscursos sobre esas estrellas que circulaban en la prensa (entrevistas, biografías, chismes, revistas del corazón, noticias amarillistas, etc.).

Salvando la altura del nivel de lo que se llama "estrella" (y de que, por ejemplo, puede haber un star sytem muy berreta como el nuestro sin ni siquiera cine con estrellas), es innegable que queda desde siempre una resaca del star system. Es lo que nos confunde cuando leemos una entrevista o un artículo sobre una celebridad (del área que sea) y nos sentimos identificados o cercanos a lo que expresa: ¿hasta dónde sigue funcionando? ¿hasta dónde les estoy creyendo -al que habla y a la maquinaria-? Un breve debate interno acerca de hasta dónde nos estamos dejando llevar. Da para seguirlo pensando en otro momento.

De todas formas, mi confusión - y mi decisión de publicar fragmentos de entrevistas de estas características- debe ser una muestra clara de que algo sigue funcionando (aún a mi pesar).


***********



Hoy: Julieta Díaz

Entrevista en la última LNR


Se presenta como "bien virginiana", ¿cuál es su sello distintivo?
-Detallista, racional, controladora, aunque estoy tratando de relajarme.
Según mi vieja, somos muy generosos, serviciales. Virgo es una energía y mi
ascendente es Leo, tengo Luna en Cáncer, Venus en Leo...


Suplemento Mujer de Clarín


"(...) Siento que no voy a tener tiempo, que lo que no haga ahora, no lo voy a hacer nunca. (...)"


"(...) Hay mujeres que tienen esa personalidad, de ser independiente, de ir hacia adelante, tener una imagen fuerte. Pero obviamente hay una parte sensible, que tiene miedos como todos. Uno elige mostrarla o no mostrarla. En el fondo yo soy una persona súper sensible, pero tengo una forma de ser que, a veces asusta. La otra vez entré a un lugar y un chico se me quedó mirando, entonces yo dije: "qué estúpido que se me queda mirando". Y mi amiga me dijo: "se quedó como impactado porque vos sos de la tele". Soy de una forma que es difícil de llevar.¿Sos confiada o desconfiada?Soy un poco desconfiada. Al principio siempre observo, saco una radiografía, veo si me interesa o no, y después confío. Una vez que confío, lo hago ciegamente. (...)"


En la revista G7


"(...) Igualmente, creo que hay algo de sobrestimación con el cine y el teatro y de subestimación con la televisión. Creo que si vos trabajás realmente bien, podés trabajar bien en cualquier medio. El teatro y el cine tienen otra búsqueda, desde su base, pero hay algo que tiene que ver con tomarte tu trabajo en serio. Hay que hacer lo mejor que se pueda en cualquier espacio. (...)"

sábado 2 de febrero de 2008

Ojos de Photoshop

Las personas más insoportables son los hombres que se creen geniales y las
mujeres que se creen irresistibles. (Henry Asselin)


Jueves por la tarde.

Tuve que hacer tiempo entre una película y la siguiente, así que a falta de mejor opción y para no hacer la de gorda (que es ir al café más cercano y pasar el rato zampándome -qué buena palabra- café con torta), me fuí a caminar por Corrientes. Estaba por cruzar, en dirección al obelisco, cuando me atrapó la conversación de un grupito que iba atrás mío. Eran tres post adolescentes, sin nigún estilo estricto. Dos pibes y una chica, del brazo de uno de ellos.

Chica: ... yo te digo porque mi hermano la vio en el teatro...

Chico 1: ¿Cómo hizo?

Chica: Le consiguieron unas entradas, de arriba...

Chico 2: ¿A quién vió?

Chica: A la rubia, la petisa...

Chico 2: ¿Evangelina Anderson?

Chica: No (tratando de recordar el nombre)... este...

Chico 1: ¿Luciana Salazar?

Chica: No, no, la que es más gordita...

Chico 1: ¿Wanda?

Chica: ¡No! Qué Wanda.... es una de las que es más vieja

Chico 2: ¿Ritó?

Chica: ¡Esa: Ritó!

Chico 1: Sí, es de las más veteranas.

Chico 2: Che, ¿y no conseguirá unas entraditas? (risas)





True story.


(En un punto, me dió un poco de cosita, qué se yo, muy en el fondo. Vivís para vos, creyéndote la última mujer sobre la tierra y en la calle te identifican como la rubia, petisa, gordita y veterana. Igual, nada es tan gracioso como este sitio donde le adjudican ¡24 años! ¡Update! ¡Update!).

Nube negra



¿Querés saber cómo me siento? La reina de las boludas me siento.

No solamente porque, a un mes de no hacer nada de nada (bueno, trabajo... pero aún así, debería haber podido hacer ambas cosas) aún ni empecé a releer el material y a plantearme seriamente darla en febrero. No sólo porque me muero de miedo de eso y me parece lamentable que ya, a esta altura, tenga miedo de un exámen. Porque es una ver-güen-za mi falta de voluntad. Porque vengo de una semana de bajón (mal), en la que no puedo decidir nada y en esta mala onda general -yo no suelo tener puntos medios- me siento la gorda más gorda del mundo, la peor vestida del mundo, la más sola del mundo, la peor escritora del mundo, la menos preparada... todo, en todo lo que se te ocurra que me puedo comparar, salgo perdiendo. Soy así: mi cambiante estado de ánimo es sólo parte de mi encanto.

No me engaño: yo ya venía bastante para atrás. Pero resulta que cuando uno está peor (en mi caso, cuando estoy muy bien también me pasa) más se deja llevar por la supersitición. Y todo parece "una señal". Por lo que esta razón es una más de las que, en este corto tiempo que tiene el 2008 con nosotros, ya se postula como un año de mierda: problemático, retorcido. Mal parido, este año parece que viene mal parido.

¿Qué te pasa, piba? ¿Y esto a qué viene? Mi semana iba más o menos por la
borda. Y hoy me entero que
la Cátedra Martini (Comunicación II) es, a partir del
2008, promocionable. Yo, por supuesto, estoy entre las últimas boludas que
(con un siete y un nueve en la cursada) tienen pendiente el
final obligatorio.




(Nobleza obliga: la info la obtuve, de casualidad, de
este blog, que tiene una propuesta que me gustó mucho.)
(No me tengo que olvidar de explicar en algún momento el título del blog.)