miércoles 29 de octubre de 2008

Ya, ayer con el "qué zapatos, mami", había empezado bien. Hoy, 10 AM:

Compañero de trabajo: - ¿Querés bizcochitos? - Y saca una bolsa de esos bizcochos Jorgito chorreantes de grasa. Se me hace agua la boca. Sonrío y bajo la cabeza.
Yo: - No, gracias.
Pasa un rato.

CdT: - No entiendo ese complejo de gorda que tenés...
Y (que doy vuelta la cara y me quedo viéndolo; es que escucho gorda y temo): - ¿Por qué?
CdT: - Si tuvieras motivos, o sea, si tuvieras algo de más -dice, vigilando seguramente mi cara de terror- pero nada que ver... estás muy bien, estás perfecta... no entiendo *
Y (descolocada, incómoda): - Bueno ... gracias... lo tomo como un halago...
CdT (virando hacia el chamuyo): - No, no lo tomes como un halago: es la verdad. Si te quisiera decir algo lindo, o alguna cosa grosera así, bueno, pero esto es la realidad.
Y a mí, que se me tendrían que ocurrir respuestas chispeantes y ocurrentes para coronar un momento así, para que el otro no sepa que el halago me llegó y me dejé movilizar por él, no se me ocurre nada.
Lo dije y lo sostengo: ¡qué mejor halago que el que uno no espera!



* Los porcentajes de verdad y de chamuyo que contiene esta frase no serán motivo de discusión del presente post. Porque, carajo, nadie nunca me dice cosas lindas así. Quiero saber cómo es una vez estar de este lado del mostrador.


¿Quién marca la diferencia y dice que yo estba para psiquiatra y ellos, para la Bond Street? (o al revés)

martes 28 de octubre de 2008

Cole* II

Al colectivero del 158 W, que fue hoy en dirección Estación Lanús - Pompeya a eso de las tres de la tarde. Sí, sí, a vos, al del piercing en la ceja: ¡no podés estar tan bien! ¡no me lo esperaba! Sí, me quedé mirandote porque eras un bombón.


* Desde que escuché a mi compañero de la facultad llamando "coles" a los colectivos, se me pegó. Me parece adorable. :)
Como soy una usuaria dependiente de ellos, opté por acostumbrarme a sus formas y a ser tolerante y naturalizar esos "detalles" que el que tiene otras opciones para moverse puede darse el lujo de criticar.




Si hay cincuenta personas en la cola del 158 en Pompeya, al lado de la disquería (sí, todavía hay disquería, tiene casetes y está en Av Saenz) que pone el chamamé a todo lo que da, me la banco. Si con una fila de gente esperando para subir, pongo $ 1.40 (porque las llevo contadas, obvio) y me dice que faltan diez, si los tengo, no me hago la hinchapelotas. No me quejé cuando aumentó el semi rápido y preferí salir media hora antes para ir con el común (el cual, de todos modos, resultó una agradable sorpresa: hay menos gente, menos pinta de "jóvenes profesionales" berreta, menos concentración de boludas por metro cuadrado). Si subo a primera hora y está hecho una mugre (mugre, mal es: papeles de alfajor en el piso), o las ventanas no cierran, hago la vista gorda, me calzo el mp3 y listo. Soy paciente, no resoplo por cualquier cosa, saludo cuando me acuerdo al chofer. Una dama que no pone sus energías en eso.

Sé que no es la opción más reVelde, pero es eso o caminar de Remedios de Escalada al Obelisco.



Pero odio que los colectivos se hagan los creativos con el recorrido y ni avisen. Hoy me pasó a la mañana y a la noche. Si pago noventa centavos para hacer diez cuadras -y viniendo del gimnasio- es porque, quizás, en un destello de conciencia, le tengo un poco de precaución al lobo feroz que vive en mi esquina del conurbano. Y, aparte, soy vaga. Pero no es para que me dejes a tres cuadras, sobre la avenida.
Y si me levanto media hora antes de lo normal, y me voy a la terminal para viajar sentada, avisame que vas a agarrar la 9 de Julio en hora pico en las últimas veinte cuadras y que -igual- voy a llegar tarde.

Los odié.


Y como no tiene que ver con nada, el lugar para sus vacaciones: Bondi Beach.

viernes 24 de octubre de 2008

¿Tengo alma de mucama?


Si estuviera en mi casa toda la tarde, estoy segura que me la pasaría viendo todas las novelas de Canal 9.

¿Las tontas no van al cielo?


En el día de hoy le doy la culminación oficial a un asunto (el cual prometo desarrollar en un momento que no sea a las dos y media de la mañana de un día hábil) que me tenía más desconfiada de lo habitual, desmejorada, minimizada, tensa, menospreciada, agotada y, sobre todo, desprestigiada ante mí misma (ada-ada-ada). Todo conmigo.


Me decido a capitalizar todos estos días incómodos de la siguiente manera: ¿quién carajo dice que le tengo que agradar a todo el mundo? ¿quién carajo dice que le tengo que intentar agradar a todo el mundo? ¿por qué tengo que seguir intentando una relación cordial, amable con alguien con quien obviamente no tengo química? ¿a quién engaño? ¿para qué tanta molestia?
Siempre admiré y destaco a aquellas personas a quienes le importa tres carajos cómo le caen a los demás. Yo quiero ser así; me propongo ser así.
Entre parecer una tontita a la que cualquiera puede pasarle por encima y una hija de puta, prefiero esta última. ¿Cuándo se me generó esta duda, justo a mí, que siempre pensé que es mejor ser respetado primero que querido, después?

No voy a ir por ahí a la defensiva, ni provocando a nadie, ni buscando llevarme mal ni arruinarle la vida; y, como hice siempre, a cualquiera que recién conozca le voy a dar un trecho de beneficio de la duda. Pero tampoco me voy a esforzar en mantener apariencias que a mí me agotan y no me reditúan nada.
Y no me tengo que olvidar, de ahora en más, de darle valor a mi instinto.

Me doy cuenta que tengo que presentarme ante los demás como quiero que me vean. Y así, no: así no quiero ser.
No me gusta estar dándole vuelta a cuestiones tan pelotudas, tan superficiales. No quiero ser eso.
No quiero estar todo el día quejándome sobre alguien (quejándome en general, sí, no neguemos mi esencia), agotando a los demás.
Y, principalmente, no quiero dedicarle más tiempo y energía a personas que no se lo merecen. Es muy cansador estar haciéndose mala sangre ( ni siquiera peléandose ) de un solo lado; y del otro, ni se enteran.

He dicho.


¡Compre, compre! Hoy cotizo en alza pero todavía baratito. Oportunidad.
(Me resulta curioso cómo me sale referirme a mí misma con términos tan económicos).

Hacé de cuenta que no lo dice quien lo dice: ¿no es bastante acertada la observación?

“En la revista Para Tí había 60 minas, era un puterío. Sacamos 10 minas y pusimos 10 tipos y se acabó el problema. El porcentaje ideal es mitad y mitad para que quede equilibrado el sistema, haya empatía y se quieran seducir. Eso genera más capacidad productiva. Todo es sexo, dinero y poder… todo lo demás es verso”.

martes 21 de octubre de 2008

Día de la Madre


Por fin me enteré de dónde viene la celebración. Sigo sin entender por qué en este fin del mundo se hace en ése domingo en particular.

*****
Escuché algo muy sabio de la boca de Fernando Peña, en referencia a su madre. Le aclaró a Chiche Gelblung que, con respecto a su madre, él era primero "Fernando, su hijo" que "su hijo, Fernando".
Pocas veces oí cosas tan complicadas expresadas en una forma tan clara.
*****


"(...) La filialidad es aún más misteriosa: es una relación con el otro en la que el otro es radicalmente otro, y donde sin emabrgo es, de alguna manera, yo; el yo del padre tiene que ver con una alteridad que es suya, sin posesión ni propiedad (...)"
"(...) La paternidad es una relación con un extraño que, aun siendo otro, es yo. La relación del yo con un yo-mismo que es, sin embargo, extraño a mí. En efecto, el hijo no es simplemente mi obra, como un poema o un objeto fabricado, ni es tampoco de mi propiedad. Ni las categorías de poder ni las de tener pueden indicar una relación con el hijo. Ni la noción de causa ni la noción de causalidad permiten captar el hecho de la fecundidad. Yo no tengo a mi hijo, yo soy, de alguna manera, mi hijo. (...) Por otra parte, el hijo no es un acontecimiento que me puede pasar a mí, como por ejemplo mi tristeza, mi ponerme a prueba o mi sufrimiento. Es un yo, una persona. (...) "
Extraído de "Ética e Infinito", de Emmanuel Levinas. Todavía lo sigo pensando.

*****
Hay sólo un niño bello en el mundo, y cada madre lo tiene.
José Marti
*****

Ser madre y ama de casa es el trabajo más grande del mundo, pero si no te interesa, no lo hagas.
Yo habría sido una madre terrible.
Katherine Hepburn
*****
Mi madre fue muy imaginativa y con una cierta visión del mundo. No era una gente culta pero era incurablemente romántica y me inició en las novelas de viajes. (...) Mi madre leía mala literatura, no era culta pero su imaginación me abría otras puertas. Teníamos un juego: "Mirar el cielo y buscar la forma de las nubes e inventar grandes historias." Esto ocurría en Banfield. Mis amigos no tenían esa suerte.
No tenían madres que mirasen las nubes.
Julio Cortázar


*****



Cosas que sé sobre mi mamá


Podría decir muchas cosas de mi propia mamá; estas son solamente algunas.
Primero, que es una mujer. Que después fue mi mamá. Yo la conocí sólo de esta última manera, pero la hubiera querido tener en mi vida de cualquier otra forma, si no nos hubiera tocado ser madre e hija: como amiga, como hermana.

Mi mamá dice que se siente realizada desde que nos tuvo a mi hermana y a mí, que cree que su misión en el mundo era esa. ¿Cómo se responde a algo así?

No estoy segura si siempre la consideré madre - con el peso de esa palabra- , pero hace un tiempo sucedió algo que me hizo dar cuenta de que todo eso que siempre habían dicho (y había dicho ella misma) sobre la presencia incansable junto a una hija, el apoyo, el amor verdaderamente incondicional, la lealtad, estalló en las palabras y se convirtió en algo real, permanente, que está sobre y entre nosotras desde entonces. Creo que ni ella sabía que podía ser así. Se merecía descubrirlo, quizás no de una manera tan dura.
Después de aquel momento tan íntimo, ni mi mamá necesitó jactarse de nada de lo anterior ni yo necesité volver a preguntárselo. Tampoco volví a preguntarle si me quería o cuanto, porque era desmerecerla el hecho de obligarla a ponerlo en palabras.
Sé que hay cosas que le hice a Mari que nunca me voy a poder perdonar.

Yo agradezco que sea mi mamá como es ahora -porque no siempre fue así. Ahora es ella, es Marisa y, además, es mi mamá. Está aprendiendo a perdonar, a estar al lado y no encima, a no guardarse rencores, a hacerse valer, a no tomarse demasiado en serio, a querer y hacer querer sus propias excentricidades. Y, con eso, cada día se gana más mi respeto.

Muchas veces veo en ella gestos mínimos, frases, formas de poner la boca, detalles imperceptibles, calcados de su propia madre, a la vez, mi madrina. No puedo evitar pensar en qué cosas yo soy o voy a ser reflejo de ella, de la misma manera.

Y, afortunadamente, puedo coincidir con Cortázar en la última frase: que me envidien los demás, porque mi mamá también es de la que mira las nubes.

¿Vos tenés alma de gato?

¿Por qué me lo decís? ¿Porque encuentro esta página web con trajes de pin up girl para Halloween y quisiera tener cualquier excusa para usarlos? (Y podría. Todos. Ja!)
Las de schoolgirl se zarpan de prostitutas.
Alguna vez leí por ahí que, en las fiestas de disfraces, las opciones para las mujeres son dos: las chicas que no les importa nada -porque realmente no les importa nada cómo se vean o porque aunque se vistan de seda...- y van vestidas de cualquier cosa (de Barney, de momia con papel higiénico, de cajita feliz). Y, por otro lado, las chicas que van a levantar, y para ellas hay de cualquier cosa +trola (ejemplo: enfermera trola, secretaria trola, policía trola, y así). Ambas se divierten, claro, pero de distinta forma. Así que mucha atención a qué trajes llevan a tu alrededor y verás a qué van ( a veces, ni disfraces hacen falta ), porque puede que haya algo de verdad.

Lunes de Covers


Para empezar la semana, una lista absolutamente arbitraria de grandes covers, algunos de los cuales superaron a sus originales (aclaro que son los primeros que se me vienen a la mente; y sólo el puesto uno es el podio, el resto pueden ser intercambiables).


1) Redemption Song (versión Jonnhy Cash + Joe Strummer). La combinación de la voz guarra y desgarrada del guitarrista de The Clash con el tono profundo y conmovedor de JC transforman y limpian el suelo con el original de este clásico ... ¡cómo lo tendría a este hombre hablándome todo el día!)








5) The House of the Rising Sun (versión Bob Dylan) Aunque cuenta la leyenda -¿?- que es una canción folk y que ya la versión de The Animals que uno conoce como original sería una versión, y está muy buena, me gusta aún más la voz gangosa de Bob Dylan diciendo "taaaailor".



Quedaron en boxes: High & Dry (por Jorge Drexler), Never Tear us Apart (por Joe Cocker), Your Song (en Molin Rouge, por Ewan MacGregor y Alessandro Saffina) y The House of the Rising Sun (pero en una versión de Pink Floyd que acabo de conocer).


PD.:
* Youtube no me termina de sorprender.
* No, no tuve que buscar la segunda voz de Ewan MacGregor: ví Moulin Rouge suficientes veces para acordarme del nombre del tipo a quien no ubico ni de cara.
* ¡Qué ganas de volver a ver a Mimi Maura en vivo!
* ¡Y después me decís que no le pongo onda a la semana! ¡Por favor!

lunes 20 de octubre de 2008


Ni Flor, que cuando está de buen humor es una Reina Total, se da cuenta lo bien que me hizo que me calmara ayer, y sobre todo, que haya sido la única que me felicitó por haber aprobado el parcial de Historia y me hizo hermosos regalitos ad-hoc. Me morí de amor.
¡Gracias Popi! ¡Que te dure la racha! :P

viernes 17 de octubre de 2008

... tu forma de ser

En los últimos doce meses, más o menos, cambié por afuera*. Me hice un tratamiento intensivo y muy caro que me borró un acné gravísimo y que - si durmiera más y mejor- me permitiría salir a la calle sin una gota de maquillaje y tener mejor piel que muchas modelos. Me dejé el pelo largo. Estoy intentando con las lentes de contacto. Con gimnasio y hambre bajé unos 17 kilos o un poquito más (y no quedé como las gordas adelgazadas tristes de Cuestión de Peso, sino bastante decente: no me da para usar top en el gimnasio pero me comparo con los talles de pantalones y los kilos de las chicas que conozco y, por primera vez en mi vida, estamos cerca). Me acostumbré a ponerme crema humectante siempre después de bañarme y estoy tratando de ir a la peluquería y a comprar ropa no sólo cuando es estrictamente necesario. Me estoy comprando -y arreglando, porque nada de lo que tengo me va- ropa "a la moda", sobria pero moderna. Me hago las uñas -y me dijo una amiga que hace esos trabajos y que no me veía hace un rato que se nota. Todas las noches elijo qué me voy a poner al día siguiente.
Y es muy probable que esté un poco más sociable, consecuencia de esto o no: saludo cuando llego, tomo café con otros seres humanos sin terror, no pienso (al menos todo el tiempo) que se estén queriendo reír de mí (excepto cuando sí sucede, ampliaremos), estoy tratando -y me es muy difícil- de no compararme con tod el mundo, elaboro conversaciones intrascendentes y me comprometo en las que sí me importan, hago chistes, me río de chistes; soy afuera de casa como adentro.
No digo que estoy "linda" ni "más linda" ni nada por el estilo, pero es bastante claro que el cambio se nota y que me parezco más a lo "adaptado". La verdad que no me puedo comparar más que por alguna foto perdida que anda por ahí y que duele de ver. Pero en la mirada de los otros se refleja el cambio. Y creo que en mí un poco también.
Y este cambio demuestra lo que siempre temí: que si nadie me quiere no es por mi lado de afuera.
* (para mejor)
Desde el mes de junio está lista para pasar a buscar mi Libreta Universitaria Definitiva, después de un año de trámites. Todavía no la retiré porque hay que llevar, para eso y "sin excepción", una foto 4 x 4.

La vengo evitando desde entonces (sí, cuatro meses), por todo lo que me deprime verme en ese cuadradito y saber que me ésa va a ser la imagen de mis veintes ( y más ) para siempre.


La semana pasada, en un día de los buenos, me acerqué al negocio de fotos de la esquina de Río de Janeiro y Díaz Vélez, y me saqué las benditas fotos. Tres días despúes, me acerqué a dejar mis $10.
La vendedora saca una cajita y empezó a revolver entre los paquetitos ésos donde te entregan las fotos, dos veces, pasando de largo mi espantosa carita dos veces. La agarro yo con la mano y me propongo a hacer el intercambio por el dinero, hundirlas en mi bolso y correr con la verguenza a cuestas, cuando la señora - y el nardo que estaba tomando mate al lado tuyo- me dice "pero no sos vos" (el día que las fui a buscar estaba sólo peinada distinto, de peor humor que el día de la foto pero más arreglada), "estás muy distinta".

Claro que me arruinó el día.
Y, obvio que confirma que no se refleja cuando uno se siente bien en la cara.


Las ví, ví cómo me veía yo y no llegué a cruzar la calle que ya las había roto y tirado a la basura.
¿Sabés lo mal que tuve que haberme visto para tirar diez mangos así?





Lástima que no hay Nino que las rescate, ¿no?

Desde hace varios días me lo imagino.
Vuelvo de la facultad, bajo en Pompeya, combino con el 158, que agarra por las mismas zonas tenebrosas de siempre. Suben a robar, como dicen que pasa en la tele. Me resisto a entregar, no sé, el celular, las zapatillas.
Lo último que veo son los ojos de un pibito temblando de droga. Y lo último que él me escucha decir antes de que se me cierren los ojos es "No sabés el favor que me estás haciendo".

Will She Regret Her Decision?

¿Te acordás de la película "El Efecto Mariposa", en la que el protagonista cambiaba un detalle, una decisión mínima y se le aparecía la vida que hubiera tenido? ¿O la de Gwyneth Paltrow en la que (creo que era así) ella veía sus dos vidas si hubiera y si no hubiera tomado "ese" tren?

Bueno, yo ni por una milésima de segundo me arrepiento. Sí, a veces por un segundo pienso cómo sería mi vida hoy si hubiera decidido diferente. Creo que es más curiosidad y disconformidad con mi vida actual que arrepentimiento, ¿me hubiera hecho feliz, mejor?

Salís -temprano- de una clase de una materia caratulada de difícil en la que te dieron un parcial en la que te fue super bien. Te para el segundo colectivo, en lugar del quinto. Mañana tenés planeada una salida con compañeras de trabajo, a almorzar, en la que sorpresivamente estás invitada como "amiga", cosa bastante inusual. Con aquel que no gusta de vos, ya aprendiste a portarte como una dama. Te quedaste hablando "socialmente" con otras chicas antes de irte del trabajo y, durante la mañana, fuiste cordial, amable, simpática. Normal. Intercambiaste sms con una compañera de facultad. Creés que un chico te miró en el subte. Deberías estar orgullosa de que desde la mañana hubo actimel, una rodaja de pan lactal y un yogur (hasta ese horario, al menos). Te animaste al peinado nuevo y te vino bien el gimnasio ayer y anteayer; estás conforme con lo que tenés puesto, de hecho, te miraste al mediodía en una vidriera, de perfil, y te viste bien. Compraste los apuntes. Arreglaste para la semana que viene hacer todo lo que tenés que hacer.

Cumpliste con todo.


Y aún así, cuando volvés en el colectivo, sentís que te invade, que te ahoga, una necesidad de llorar. No venís pensando en nada en particular, ni escuchando ninguna canción, nada. Solamente que empezás a sentir que sube el nudo por la garganta cuando las lágrimas son imposibles de parar. La gente hace que no pero te ve. Tratás de racionalizarlo, de pensar qué te pasó y la red de posibilidades se abre tan amplia encima tuyo que parece que te pesa como una corona de plomo; ninguna inmediata ni definitiva. Simplemente tenés muchas ganas de llorar, demasiadas ganas de llorar.


Cuando el 158 te deja en la parada, tenés que agarrarte la cara con las dos manos y tomar aire, mucho aire, mucho respirar y tratar de tranquilizarte un poco antes de tocar el timbre, para que en casa no te pregunten qué pasa y no saber qué contestar.
No es que no quiera hablar de vos, por el contrario: tengo miedo de que, si te pongo en palabras, te esfumes.

Todavía no.


Update: De vos, que sos otra persona y que ni merecerías compartir post con él, y Con vos tengo que hablar. Quizás si lo digo en voz alta, se vaya todo el miedo. O se ponga todo mucho peor.

Les debo la historia.

miércoles 15 de octubre de 2008

Por más vergonzoso que resulte confesarlo, tengo la teoría de que engordé desde que dejé de ver a Tinelli.
No digo que me comparaba, pero ver tantos patinandos-bailandos-peteandos me hacía sentir en falta.

(¡Y yo que me preocupé cuando pensé -seriamente- que si adelgazaba para cuando se hacía el siguiente GH, me anotaba!)


* El dibujo pertenece a la excelente serie Bunny Suicides.

lunes 13 de octubre de 2008


Rendido el exámen en cuestión, el sábado hice otra de las cosas que venía postergando: fui a la peluquería.
Por primera vez en mi vida, hace cosa de un mes (al punto de la desesperación porque ahora también parezco vieja por fuera, no sólo por mi forma de ser) me hice una iluminación para empezar a disimular los cabellos blancos que están molestándome el orgullo.
No estoy mucho en el tema, vale aclarar. Hasta hoy fui a la peluquería solamente para cortarme el pelo. Incluso lo llevo recién lavado, porque me parece un gasto innecesario lavármelo ahí. Esta semana fui a completar el trabajo con una iluminación un poco más iluminada (tipo Mónica Cruz) y a sacarme cantidad, lo que siempre me hace falta.
Mi peluquera trabaja bárbaro, entiende lo que le decís y es re buena onda. Pero cuando una es fea, es fea. Mi pelo es un nido de caranchos, que no crece: se infla. Mi nuevo flequillo duró dignamente hasta que me lo lavé, hoy, y ya no supe qué hacer con él. Para qué engañarme: ¡ni siquiera se secarme el pelo con el secador! ¿A quién quise engañar pensando que iba a poder sacarle rédito a un corte fashion? ¿Qué voy a hacer cuando haya viento?
Para colmo (1) me costó lo que considero una fortuna para un gasto en mí misma, superficial, etc. Para colmo (2) al lado mío le cortaron el flequillo a una nenita de unos tres años, que parecía una muñequita. Para colmo (3) en el mismo momento, le hicieron también un flequillo a mi hermana, con éxito total, y que ahora es una mezcla entre Susana Romero, Emily y una rolinga sexy.
Yo, en cambio, me siento mal, horrible, con cara de boluda. Más vieja. Mal.

Y ahora tengo triple de trabajo, porque tengo que averiguar, aprender y practicar a peinarme, cosa que ODIO.
Al final, soy como los caniches, que se deprimen cuando les cortan el pelo.

("Problema grosso", dirás. Y... ¿qué querés? ¿que esté pensando en la revolución socialista todo el tiempo?)

El jueves pasado rendí el primer parcial de la infame Historia de los Medios.
La llamada época de parciales es, para mí, el momento de internación. Se suspende todo lo demás, se retrasa todo lo postergable y me aboco con seriedad a lo que estoy preparando.
El resto del cuatrimestre me permito faltar a alguna clase, demorar alguna tarea hasta el último momento o hacer alguna de las lecturas en forma superficial. Pero jamás, hasta ahora, me permití presentarme en un exámen "a ver qué onda".
Entre las cosas que pospuse esta última semana y pico en vistas de este parcial fue la fecha del Pepsi Music en la que se presentaba mi artista nacional insuperable, Andrés Calamaro, a quien tuve el placer de ver en vivo por última vez, si no me equivoco ¿en 2006?
Sabiendo que los días de semana son bastantes limitados para estudiar, me pareció que lo más correcto era que el fin de semana previo a la prueba me quedara en casa a estudiar (obviamente, por $90 de entrada iba a ir a pasar la tarde allá y no sólo caer última hora para ver el show del Salmón desde atrás de todo).

Y no fui.

Me parece un poco arrogante hablar así, sobre todo porque aún no conozco el resultado de lo que rendí, pero lo más frustrante del asunto no fue leer la infinidad de notas sobre lo increíble que estuvo la presentación, sobre lo bien que se lo vió a Andrés -mejor que nunca, les encanta decir a los cronistas de rock hace un tiempo sobre AC-, sobre los bises de Paloma. Pero lo más molesto del asunto es que sobre los cinco centímetros de altura que tenían las fotocopias en hoja A4* que tuve que leer, resumir, estudiar y a los que hay que sumarle los desgrabados de teóricos y las clases de prácticos, el exámen constara solamente de dos preguntas. Así. Una pregunta sobre un tema de teóricos y otra de prácticos. Ni para comparar, ni para relacionar, nada. Dos preguntas, generales, sobre textos. Siendo una materia necesaria para seguir el año que viene ("clasificatoria", diría yo), se agradece la buena voluntad de la docente de no ponerse exquisita con cuestiones innecesarias, pero cuando lo ví en papel, lo primero que pensé fue con cuánto menos esfuerzo hubiera hecho lo mismo.

Y encima, me perdí de ver a Calamaro.


¡No hay derecho!



* Las imágenes pertenecen a mi pilita de material de Historia.

* Sí, nena, porque éso es un parcial de la facultad... no tu chiste que podés resumir en media carilla y acordartelo de memoria. Sabelo. Ningún problema con ese post secundario que estás haciendo, pero no me vengas a decir que entendés como es ir a "la facu" como yo. No.

domingo 12 de octubre de 2008


Cuando empezó este Taller de Expresión Audiovisual (anual, obligatorio, filtro y sobre la utilidad del cual me merezco explayar en otro momento), en uno de los primeros textos que nos dieron para leer, el autor enseñaba "cómo escribir un guión" y advertía que, cuando nos sentáramos a hacerlo, íbamos a sentir una necesidad imperiosa de sacar la basura, sacarle punta a los lápices, ponernos a limpiar; en fin, de boludear con cualquier cosa menos con lo que teníamos que hacer. Que eso se llamaba resistencia, y que había que vencerla para ponerse a escribir.

Si este tipo estaba en lo cierto, estoy experimentando la resistencia de ponerme a escribir el guión de cinco minutos para el Taller desde hace, por lo menos, tres semanas. Hoy, acrecentado por la cercanía de su -inevitable- entrega. Desde que me senté en la compu, hice de todo menos eso: ordené alfabéticamente mis canciones, bajé música, miré fotos, charlé con mi hermana, me hice mate (dos veces), miré youtube, salí al balcón a cantar temas de Alejandro Sanz, me hice la planchita, la Claringrilla y me pinté las uñas.

No puedo ni empezar a pensar en todas las cuestiones que me desmotivan sobre el Taller en general y sobre esta tarea en particular; el asunto es que mañana -feriado- hay que entregar por mail este bendito guión y no tengo ni una hoja. Tengo una idea, horrible, muy mediocre, muy lejana a mi forma de ver la vida (creo, ni ganas de analizar esto tengo, total no me conocen, que crean lo que quieran) y lo suficientemente difícil de realizar como para que mi grupo (porque una vez corregido este engendro tengo que ponerlo en común con los integrantes de mi grupo y decidir cuál vamos a filmar y entregar antes de diciembre) ni piense en plasmarlo en imágenes.

Ojo, que así como hay montones de materias buenísimas, parece que este cuatrimestre terminé con un racimo de las peorcitas. Y eso que ya cursé Metodología.

Es un bajón que esté pensando en esto un domingo a la tarde, y es mucho peor que lo esté pensando "el" domingo a la tarde antes del lunes en que hay que entregarlo y que, de todas las cosas que quisiera poner acá y que no tuve tiempo en la semana (porque, como diría Podeti, estuve es-tu-dian-do, entendés?), hable de esto.

Ni modo, como dirían en la vecindad.
Autoconvencerme de laburar y a sacarme esto de encima; que no importa cuán conforme quede con lo que haga, en tres días regresa con cualquier tipo de corrección absurda a mi casilla de mail.

martes 7 de octubre de 2008

Nobody (Johnny Cash)

"Nobody" - Johnny Cash

When life seems full / Of clouds and rain / And I'm full / Of nothin' but pain /
Who soothes my thumpin', bumpin' brain? / Nobody /
When Wintertime comes / With its snow and sleet / And me with hunger / And cold feet /
Who says "Here's two bits, go and eat"? / Nobody /

Well, I ain't never done nothin' to nobody / I ain't never got nothin' from nobody, no time /
And until I get something from somebody, sometime / I don't intend to do nothin' for nobody, no time /
When Summertime comes / All warm and clear / And my friends see me / Drawin' near /
Who says "come on in and have a beer"? / Nobody /
Well one time when things was / Lookin' bright / I started to whittlin' on a stick one night /
Who said "Hey! That's dynamite!"? / Nobody /
Mmmm, I ain't never done nothin' to nobody / I ain't never got nothin' from nobody, no time /
And until I get something from somebody, sometime / I don't intend to do nothin' for nobody, no time /
I ain't never done nothin' to nobody / I ain't never got nothin' from nobody, no time /
And until I get something from somebody, sometime / I don't intend to do nothin' for nobody, no time

Si es verdad eso de que los uruguayos andan por la calle y en los transportes públicos con el termo y el mate, como los configura su leyenda, entonces no nos queda más que afirmar que estamos ante un pueblo más evolucionado que el nuestro.

¡Qué lindo sería pasar la hora y pico de viaje en el 45 tomándome unos matecitos!


(Prefiero desoir a mi lado b, que resalta que si los ciudadanos tiran al suelo un papel de alfajor, vaya uno a saber cómo se portarían con la yerba.)

lunes 6 de octubre de 2008


( I )

Entre saber y no saber: siempre, saber.

Es abrazada a ese convencimiento ciego de que siempre es peor aquello que se ignora que deslizo las rueditas de la silla hacia el box de al lado cuando ella se levanta, justificándome ante nadie en voz alta con que el sistema en mi máquina no funciona. La tentación es demasiada: no me permito no saber. Su casilla de mail está ahí nomás. Por fecha, no. Por título, complicado. Por destinatario, no hay tiempo. Late el botón de buscar arriba a la derecha y cuando puse las tres letras de la dirección de mail de él, y la lista se empieza a desplegar, ya es demasiado tarde.


Y es ahí que soy única testigo de lo que -pienso- por un momento, hubiera preferido que quedara en mi larga lista de miedos irracionales y de paranoias permanentes, pero que sin embargo no me animo a no saber.


Ojeo algunas frases sueltas - primer golpe: sí, habían estado cruzando mails-, no me atrevo a mirar demasiado, mitad por cobardía, mitad por temor a ser descubierta ( y no poder terminar ). Así que hago lo que me parece más lógico: reenvío a mi casilla, con posterior borrado de evidencias en máquinas propias y ajenas.

En unos minutos tendré oportunidad de leer y reconstruir esas palabras que fueron y vinieron en días anteriores. Texto desprolijo, con faltas de ortografía y exceso de signos de admiración que circuló conmigo sentada en el medio, creyéndome que finalmente había sucedido: que le podía gustar a alguien, que tenía oportunidad.


Todo para darme cuenta de que no, de que el worst case scenario que nos dicen que imaginemos cuando queremos tomar valor para enfrentarnos a lo que nos aterra, está ahí, enfrente mío, burlándose en arial negrita número 10.

Saber, también, que es sólo un desencadenante.


( II )

Primero, es como un cosquilleo que va trepando por los dos costados de la espalda, como una enredadera de calor que sube hasta atrás de las orejas. Para cuando llegue a la punta de los dedos, ya habrá comenzado. Ahí ya pensás que tenés la cara púrpura y que todos a tu alrededor se dieron cuenta.

La alfombra azul oficina parece crecer como pasto. Al lado de la ventana es insuficiente el aire cuando el ahogo viene desde adentro. La boca se empieza a sentir pastosa y el saber lo que se avecina -el recordar esas veces anteriores, donde parecía que las puertas del zoológico se te venían encima y que las luces de los autos por Sarmiento no eran luces, sino olas amarillas de las que no podías escapar porque tenías los pies amurados al suelo, por ejemplo-; eso lo hace aún peor, ya se adivina irremediable.


El siguiente paso es la necesidad física de salir de donde estás. A donde sea. Con lo puesto. "Me siento mal, bajo un minuto", tirás aunque nadie te oiga y quien sí lo haga se sorprenda sin entender demasiado. Ya sentís las manos coloradas y frías a esta altura; en el pecho alguien te puso una gigantesca bolsa de consorcio que se llena y se vacía en milésimas de segundo. Hay que abrir la boca, una O, para llegar a expulsar el aire. Respirás con fuerza, hinchando los cachetes como un angelito renacentista a punto de salir volando.


"Afuera" no ayuda. Hay autos, colectivos, taxis, gente y más gente y ningún lugar donde resguardarse de todo lo de adentro que se te está escapando por los poros.

Te das cuenta que estás poniéndote muy nerviosa en la puerta del lugar donde te van a ver todos los días y decidís salir corriendo y, aunque sea, doblar la esquina. Secándote un sudor inexistente de la frente y apretando las uñas contra las palmas de las manos, te encontrás, no sabés cuánto tiempo más tarde, hecha un ovillo en el ventanal de una casa de electrónica. Y aunque hayan pasado unos minutos, te sentís en la obligación de volver antes de que la vergüenza se duplicase si preguntaran por tu paradero.


Ese ímpetu te lleva, de a pasos cerrados y con los puños tensos, sólo hasta el baño del primer piso. "Cambiar la temperatura del cuerpo", recordás de algún lado, de alguno de esos instructivos para morigerar el momento que consumiste de golpe cuando esto era un fantasma de todos los días. Por la mente pasa de todo y nada al mismo tiempo; incluso, que esto vuelva a ser un fantasma de todos los días. La canilla con el agua helada te golpea las muñecas, chorreando alrededor, pero vos sabés que lo peor aún no pasó.

Volcás el cuerpo sobre la bacha empapada, bajás la cabeza y la respiración se hace tan fuerte que es ahogo contenido, suspiro, viento, huracán. Imposible que no se oiga. Así que ahora estás secándote las manos con el papel ese amarronado que ponen en los baños, mientras le explicás a quien que te acaba de encontrar en ese estado, con los ojos vidriados, que tenés que esperar que se te pase, que te estás tratando de calmar. Esa persona llamará a otra y tendrá lugar una seguidilla de buenas intenciones, de conocidos y desconocidos que te preguntan cómo te sentís, si ya estás mejor, que te ofrecen pañuelitos, tés, vasos de agua, lugares privilegiados bajo el aire acondicionado, que no te dejan sola. Te sorprendés encontrando el acompañamiento desinteresado de quien no lo esperabas, que te hace quedarte al lado suyo hasta la hora de la salida y que, tras la puerta cerrada, te confesará que guarda medio alplax en su cartera por las mismas situaciones.

Y vos no podés apreciar que se están preocupando por vos , en parte porque es una característica tuya, en parte porque estás tratando de -lo imposible- pasar desapercibida en cuanto están comenzando a menguar los nubarrones. Dirás que es una crisis de ansiedad, por ponerle un nombre que no espante a la gente ni que suene a moda. Por no llamarlo pánico.

El próximo rato repetirás eso a quien te lo pregunte: hay que esperar que se pase, como un ataque de asma. Pero vos sabés que el pánico no es asma, y que la culpa de haber sido el centro de atención de la oficina las últimas dos horas hay que buscarla en lugares de acceso un poco más difícil que los pulmones.


( III )

Intentar contener el llanto cuando ya se escapa de lo racional, es frustrante. Parece que cuanto más tratás de no llorar, más se hincha el nudo de la garganta, más se humedece la mirada, más se pierde el pudor.

Si llorar en público produce vergüenza, volver en un viaje en colectivo de una hora, cubriéndote el rostro empapado con un carilina arrugado y los auriculares puestos, es terrible. No sentís que todos te miran porque realmente es así. Nadie, no obstante, se atreve a cruzar la frontera de la civilidad y preguntarte qué te pasa, así que las miradas que te recorren de arriba hacia abajo se te clavan en la nuca.


Decí que de este lado de la puerta te esperan mamá, como siempre lo hizo -papá llegará un poco más tarde, como antes-, medio rivotril de 2 mg, como hace bastante que no sucedía y esa hermanita, cuyo cariño y ganas de ayudarte casi opacan el miedo que le produce verte de nuevo así.

jueves 2 de octubre de 2008


miércoles 1 de octubre de 2008


Paradoja

Paradoja
- f. Idea extraña o irracional que se opone al sentido común y a la opinión general.
- Contradicción,al menos aparente,entre dos cosas o ideas:paradoja entre el bien y el mal.
- Aserción inverosímil o absurda que se presenta con apariencias de verdadera.
- ret. Figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que expresan contradicción.



Ejemplo:

Desde que tomo las pastillas, tuve relaciones -como mucho- dos veces. Acabo de empezar la tercera caja*.
Lo más grave del asunto es que tampoco tengo ganas.
Pero, de todas maneras, me resulta una paradoja el timing entre ambas situaciones.


* Al momento de desembolsar los cincuenta y pico de mangos (porque, no, no me las cubre la obra social y sí, ya que estoy, pedí las que no te hacen engordar, no te afectan la piel, etc), me autoconvenzo de que es una inversión, de que cuanto antes se me acostumbre el cuerpo, mejor porque igual las voy a tener que tomar toda la vida, que con esto sí decido yo y todo eso, pero no puedo evitar pensar de a ratos que es como una medicina preventiva de por vida. De que la que no quiere ser madre tiene el nivel de dependencia que un diabético. Parece que ser mujer es una condición.
Raymond Dufayel aka Glass Man: The time has come for her to take some real risks.
Amélie: Well yes, she's thinking about it. She's thinking of a stratagem.
Raymond Dufayel aka Glass Man: Yes, she likes stratagems, doesn't she?
Amélie: Yes.
Raymond Dufayel aka Glass Man: She's a bit of a coward. That's why I have trouble with her eyes.

Entonces, las opciones son las siguientes: o te encerrás adentro de un caparazón y no permitís que nadie te rompa las pelotas ("ay, vos porque no te abrís a la gente", responderán a tus lamentos de por qué no encontrás a nadie que te quiera) o, por el contrario, te abrís (que en mi idioma es sinónimo de "te exponés"), para que inevitablemente te caguen, pases verguenza, te sientas una pelotuda, duermas con un ojo abierto permanentemente, la pases mal con vos misma, sufras, te reproches y, cíclicamente, vuelvas a tu estado habitual, que es el primero.

No hay puntos medios: no se puede confiar "un poco" como uno no puede estar "un poco embarazada" (por eso de la confianza mata al hombre y embaraza a la mujer, que no tiene nada que ver con nada).


¿Querés saber la verdad? Me duele el orgullo, por supuesto, pero hasta el último momento me desilusioné porque realmente quisiera que hubiéramos pasado la tarde juntos.

¿Qué hago mal? ¿Soy poco demostrativa, tendría que haberle dicho algo (a la hora del desayuno, sentada en el break ni aparecieron las palabras que había ensayado)? ¿Entendí mal? ¿O, al revés, se me re nota y me está boludeando?

Y, sí, me da mucha verguenza ir mañana.

No sé, no entiendo nada. Pero lo que sí sé es que, definitivamente, me falta práctica y que confiar es mucho, muchísimo más difícil que no hacerlo.

Nos vamos a un corte con un clip de una de las letras más hermosas de la historia de la música misma, Media Verónica, en un video con animés.

A HORAS nomás de la entrega del trabajo práctico de Psicología*, estoy con Bendita Tv de fondo (¿?) y así se ve mi compu. Nótese que una de las páginas abiertas remite ligeramente al trabajo que tengo que preparar, pero la verdad es que todavía no la leí.
Sucede que el tipo que dicta la materia -que, desde el día uno advirtió que nunca empezaríamos antes de y cuarenta y expresó el espíritu de la cátedra aclarando que "quien fuera por la nota, que se quede tranquilo porque el siete lo tiene" (WTF?)- no motiva demasiado a trabajar. Volvimos a verlo (por tercera vez en el cuatrimestre, tras algunas jornadas de par y otras de ausencia injustificada y ni avisada) la semana pasada, cuando se encargó de mandar un laburito no menos embolante que complicado.
Aparte, si me hubieran dicho que en la materia Psicología y Comunicación íbamos a estar desde agosto con "Marx y el Marxismo"... puff, qué fiasco.
Excusas, más o menos válidas. Me pongo a laburar.

* (sí, sí, HORAS: porque algo se supone que tengo que dormir y clase tengo mañana a las tres de la tarde, pero salgo del trabajo a las dos y tengo que viajar así que, ponele que sí, que estoy a horas nomás)