
lunes 29 de diciembre de 2008
Admitiendo que estoy bastante asexuada últimamente, me estoy dando cuenta que me conmueve mucho más una escena así (casi casta, digamos) como la del beso final de My blueberry nights, después de tanta espera; o el abrazo* que corona la historia de Los Paranoicos; o me vuelvo a emocionar con la relación de Perdidos en Tokio -que todo el mundo me juraba que era "amor" y yo les discutía llamándole "amistad", a falta de una mejor definición de ambos lados.
Es como que me doy cuenta que Hallmark es más difícil de conseguir que The Film zone.
¿Qué? ¿Al final era una romántica y no me había dado cuenta? ¿O todavía no había sabido de nadie que viera el romanticismo de la misma manera que yo?

*(¡abrazo! cuando ví que no estaba ahí el beso de amor al que nos tienen acostumbrados, me dí cuenta que estaba frente a una película que -a pesar de sus pretensiones populares- tiene un espíritu indie mucho más cercano al mío)
Es como que me doy cuenta que Hallmark es más difícil de conseguir que The Film zone.
¿Qué? ¿Al final era una romántica y no me había dado cuenta? ¿O todavía no había sabido de nadie que viera el romanticismo de la misma manera que yo?

*(¡abrazo! cuando ví que no estaba ahí el beso de amor al que nos tienen acostumbrados, me dí cuenta que estaba frente a una película que -a pesar de sus pretensiones populares- tiene un espíritu indie mucho más cercano al mío)
El domingo pasado, mientras preparaba las cosas para planchar, busqué algo en la tele para acompañarme. En Encuentro me atrapó una entrevista -imagino que convertida en documental o algo así-, con un inconfundible estilo de los años 70 -desde la vestimenta del entrevistador, hasta los tiempos de la charla, el zoom hacia las tapas de los libros, etc., todo muy típico- a una señora que no conocía. La señora en cuestión resultó ser una traductora y escritora francesa que se llama (se llamaba, mejor dicho) Marguerite Yourcenar y de quien yo - advierto: tengo muchas falencias en cuanto a literatura y a historia antigua- nunca había oido ni una referencia.
No obstante, bastaron un par de palabras, para encontrarme atrapada por su manera de pensar y por su aplomo para responder lo que quería sobre lo que le preguntaban a pesar, incluso, de las gigantescas distancias que tenía que hacer para salvar su erudición de mi casi absoluto desconocimiento de su persona, de su obra y de los temas que trataba; así como del idioma, porque como no hablo francés, terminé optando por mirar la tele y suspender la actividad manual.
Llegué a garabatear algunas frases que dijo o citó de sus libros y encontré más en este link, todas increíbles; copio algunas.
No obstante, bastaron un par de palabras, para encontrarme atrapada por su manera de pensar y por su aplomo para responder lo que quería sobre lo que le preguntaban a pesar, incluso, de las gigantescas distancias que tenía que hacer para salvar su erudición de mi casi absoluto desconocimiento de su persona, de su obra y de los temas que trataba; así como del idioma, porque como no hablo francés, terminé optando por mirar la tele y suspender la actividad manual.
Llegué a garabatear algunas frases que dijo o citó de sus libros y encontré más en este link, todas increíbles; copio algunas.
"El castigo del hombre es no poder estar solo" (citando a B. Pascal)
"Es difícil no creerse superior cuando se sufre más" (en Alexis)
" Soy una, pero en mí hay multitudes" (en Zenon)
"Es difícil no creerse superior cuando se sufre más" (en Alexis)
" Soy una, pero en mí hay multitudes" (en Zenon)
"Tener razón demasiado pronto es lo mismo que equivocarse" (en Memorias de Adriano)
Además, no se reivindicaba en la bandera de ningún grupo y se manifestaba en contra de las posturas aparentemente en contra de las instituciones (como el feminismo) diciendo, simplemente, que "que la mujer hable de sexo libremente no es ninguna liberación", ni una conquista.

Detrás de esa mujer de hablar pausado, me pareció haber encontrado una verdadera rebeldía, una rebeldía fundada, mantenida, defendida, segura. Cuando, a veces, uno tiene la imagen de que el que está en contra de lo establecido (en el ámbito que sea) se parece más a un personaje chato y preparado para tal fin, una persona así te obliga a pensar "outside the box", como dirían los yanquis.
Su biografía (aquí made in wikipedia), también es bastante impresionante.
Un mérito extra, en cuanto al programa que ví, era el entrevistador: un tipo que se había leído todo lo que su invitada había escrito, que contrastaba sus teorías con las de ella, que llevaba los libros marcados para preguntarle cosas de ahí (!), que no quería sobresalir ni pasarse de vivo. Que estaba para que se lucieran las respuestas de la protagonista, sin ninguna condescendencia. Sus intervenciones hacían que todo fuera más interesante y, claro, muy anacrónico.
Algunos días después, paseando por Corrientes me encontré con uno de sus libros (¿"Fuegos"?) pero no me atreví a comprarlo porque, sinceramente, pensé que podría ser muy difícil para mí. Desde siempre leí la mayor parte de lo que se me cruzó por la vista pero me estoy volviendo vieja y me aburro más rápido con los libros: no tengo paciencia para leer un libro sobre una adolescente que se enamora de un chico y él es un vampiro, pero tampoco te leo Otello original, en forma de obra de teatro.
Así que floto entre los anaqueles en la búsqueda por instinto - y por suerte- de los que adolecerán toda la vida de una guía que les diga qué no pueden morirse sin haber leído.
Además, los precios de los libros, sí, pero más que eso mis baches en este campo me vuelven más conservadora a la hora de elegir: tengo "El túnel" y "La balsa de piedra" hace años en mi biblioteca y los retomé varias veces cada uno, sin poder pasar de un par de decenas de hojas.
De todas maneras, me parece que tendría que conseguirme un libro que hable sobre ella, más que un libro que haya escrito. Fue su figura, al fin, lo que me sedujo a través del tiempo, del espacio y de las paredes de la academia.
UPDATE: Me muero, la biografía que hicieron sobre ella se llama "Qué aburrido hubiera sido ser feliz". La TENGO QUE leer.

Detrás de esa mujer de hablar pausado, me pareció haber encontrado una verdadera rebeldía, una rebeldía fundada, mantenida, defendida, segura. Cuando, a veces, uno tiene la imagen de que el que está en contra de lo establecido (en el ámbito que sea) se parece más a un personaje chato y preparado para tal fin, una persona así te obliga a pensar "outside the box", como dirían los yanquis.
Su biografía (aquí made in wikipedia), también es bastante impresionante.
Un mérito extra, en cuanto al programa que ví, era el entrevistador: un tipo que se había leído todo lo que su invitada había escrito, que contrastaba sus teorías con las de ella, que llevaba los libros marcados para preguntarle cosas de ahí (!), que no quería sobresalir ni pasarse de vivo. Que estaba para que se lucieran las respuestas de la protagonista, sin ninguna condescendencia. Sus intervenciones hacían que todo fuera más interesante y, claro, muy anacrónico.
Algunos días después, paseando por Corrientes me encontré con uno de sus libros (¿"Fuegos"?) pero no me atreví a comprarlo porque, sinceramente, pensé que podría ser muy difícil para mí. Desde siempre leí la mayor parte de lo que se me cruzó por la vista pero me estoy volviendo vieja y me aburro más rápido con los libros: no tengo paciencia para leer un libro sobre una adolescente que se enamora de un chico y él es un vampiro, pero tampoco te leo Otello original, en forma de obra de teatro.
Así que floto entre los anaqueles en la búsqueda por instinto - y por suerte- de los que adolecerán toda la vida de una guía que les diga qué no pueden morirse sin haber leído.
Además, los precios de los libros, sí, pero más que eso mis baches en este campo me vuelven más conservadora a la hora de elegir: tengo "El túnel" y "La balsa de piedra" hace años en mi biblioteca y los retomé varias veces cada uno, sin poder pasar de un par de decenas de hojas.
De todas maneras, me parece que tendría que conseguirme un libro que hable sobre ella, más que un libro que haya escrito. Fue su figura, al fin, lo que me sedujo a través del tiempo, del espacio y de las paredes de la academia.
UPDATE: Me muero, la biografía que hicieron sobre ella se llama "Qué aburrido hubiera sido ser feliz". La TENGO QUE leer.
Últimamente, todo lo que me gusta es porque se parece a mí.
[ ... ]
Reformulo: últimamente, todo que lo que me gusta, me gusta porque pienso que se parece a mí.
[ ... ]
IDENTIFICACIÓN En psicoanálisis, es un mecanismo de defensa. Gracias a este mecanismo de defensa el yo obtiene satisfacción al identificarse con un objeto, persona, grupo o institución que reúna características valoradas positivamente por el sujeto.

De chica, me encantaban los X Men (¿cómo no me iba a gustar, pienso ahora -que me siguen gustando, mucho- la historia de un grupo de mutantes condenados al aislamiento por ser diferentes, pero a los que después los que los despreciaron deben recurrir para sobrevivir, y que son super poderosos, y vuelan y hacen cosas increíbles y todo eso?). Cuando hace algunos años, regresaron en su versión pulida, remozada y "hecha con personas" en las películas, me acordé cuánto me gustaban.
Rogue tiene la capacidad de, al poner su piel en contacto sostenido con la de otra persona, era como que le chupaba la energía (si no recuerdo mal, antes se le aparecían las vivencias de esa persona o algo así, quizás fue idea mía; ahora lo desgasta al otro hasta matarlo...bueno, creo que no mató a nadie, pero los lastima y podría matarlos, si quisiera). Y, en ese intercambio violento -que no puede evitar, porque también le sucede con la gente que quiere, con los besos, etc.-, a ella también le hace mal. Entonces, ¿cómo no me iba a gustar Rogue?
Más aún, en la piel de Anna Paquin, me acordé de quién era mi X Men favorito.
Rogue tiene la capacidad de, al poner su piel en contacto sostenido con la de otra persona, era como que le chupaba la energía (si no recuerdo mal, antes se le aparecían las vivencias de esa persona o algo así, quizás fue idea mía; ahora lo desgasta al otro hasta matarlo...bueno, creo que no mató a nadie, pero los lastima y podría matarlos, si quisiera). Y, en ese intercambio violento -que no puede evitar, porque también le sucede con la gente que quiere, con los besos, etc.-, a ella también le hace mal. Entonces, ¿cómo no me iba a gustar Rogue? Y encima vuelve en situación de amistad y fraternidad con el irresistible Wolverine (no involucrados románticamente, como se sugería en los dibujos)... ¡¿cómo no me va a seguir gustando!?
jueves 25 de diciembre de 2008
miércoles 24 de diciembre de 2008
Me armé una cuenta en Facebook, principalmente para saber de qué hablan *todos* (sí, ya lo sé, es una pésima razón para hacer cualquier cosa...).
* Es lento. Muy lento.
* Salgo pésimo, en todas y cada una de las fotos que tengo. Sin exagerar, no hay una foto mía en la que esté conforme con lo que veo.
* Me agregaron dos personas que no pensé que se acordaban de mí. Y me hizo bien bien bien.
* Es lento. Muy lento.
* Salgo pésimo, en todas y cada una de las fotos que tengo. Sin exagerar, no hay una foto mía en la que esté conforme con lo que veo.
* Me agregaron dos personas que no pensé que se acordaban de mí. Y me hizo bien bien bien.
martes 23 de diciembre de 2008
Estas semanas están condenadas a un limbo caluroso y detenidas en la fila de lo postergable.
Los que nos vanagloriamos de no considerarnos gente, estamos menos tolerantes; y la gente, está sin lugar a dudas, más pelotuda. Algunos parecen encontrar sosiego en las interminables colas frente a las cajas registradoras, transpirando sobre turrones reblandecidos, suspendiendo todo lo que debían hacer, optando -para no decir eligiendo-. Deambulan como zombies arrastrando los pies, murmurando. Ven C5N y les preocupan "el calor" y "la crisis".
Para los adultos, las fiestas de fin de año son una excusa más para no ir a trabajar y comprar cosas- y no mucho más.
Son semanas que transcurren sin expectativas, sabiendo -en lo hondo- que cuando todo empiece de nuevo, no habrá nada nuevo empezando más que otra lista larga de cosas por hacer.
Los que nos vanagloriamos de no considerarnos gente, estamos menos tolerantes; y la gente, está sin lugar a dudas, más pelotuda. Algunos parecen encontrar sosiego en las interminables colas frente a las cajas registradoras, transpirando sobre turrones reblandecidos, suspendiendo todo lo que debían hacer, optando -para no decir eligiendo-. Deambulan como zombies arrastrando los pies, murmurando. Ven C5N y les preocupan "el calor" y "la crisis".
Para los adultos, las fiestas de fin de año son una excusa más para no ir a trabajar y comprar cosas- y no mucho más.
Son semanas que transcurren sin expectativas, sabiendo -en lo hondo- que cuando todo empiece de nuevo, no habrá nada nuevo empezando más que otra lista larga de cosas por hacer.
Es martes, pero parece viernes. Y un viernes falso sellado por imágenes inesperadas.
En la puerta de la librería, se destacaban sobre una manta en el suelo varias líneas de chanchitos de yeso, pintados de colores y envueltos en papel celofán. Un conjunto cuya posición tuvo reminiscencias bélicas para el empleado de la librería que me estaba atendiendo: "Un ejército de chanchos, mirá", señaló.
En el baño de Burger King, una mujer petisa, morocha, con el pelo sucio lava un short en la pileta. Quiero decir: saca jabón líquido, enjabona, enjuaga. No le está quitando una mancha: lava. Su mirada de total naturalidad desde el otro lado del espejo, nos hizo olvidar el disimulo con el que habíamos entrado, únicamente, a usar el baño.
La gente de Caritas arma una suerte de islotes entre el movimiento incesante de la peatonal Florida, pone a ¿sus? ¿unos? niños vestidos con unas remeras largas con su marca, que les quedan largas como camisones, a cantar villancicos acompañados del sonido de una pandereta de plástico.
El espectáculo relega aún más de la mirada de los transeúntes a los otros mendigos, los históricos, los de siempre, que masticando su resentimiento, a falta de una mejor opción, guardan los acordeones y los cartones garabateados en fibrón hasta que pase la temporada de cristianos.
Pero la imagen más inesperada, la más bizarra, la que estaba en relieve sobre el resto del día era, sin duda, tu brazo izquierdo entre mis manos, tus dedos recorriendome la muñeca, haciendome mimos, consolándome justo cuando lo necesitaba sin pedirlo.
En la puerta de la librería, se destacaban sobre una manta en el suelo varias líneas de chanchitos de yeso, pintados de colores y envueltos en papel celofán. Un conjunto cuya posición tuvo reminiscencias bélicas para el empleado de la librería que me estaba atendiendo: "Un ejército de chanchos, mirá", señaló.
En el baño de Burger King, una mujer petisa, morocha, con el pelo sucio lava un short en la pileta. Quiero decir: saca jabón líquido, enjabona, enjuaga. No le está quitando una mancha: lava. Su mirada de total naturalidad desde el otro lado del espejo, nos hizo olvidar el disimulo con el que habíamos entrado, únicamente, a usar el baño.
La gente de Caritas arma una suerte de islotes entre el movimiento incesante de la peatonal Florida, pone a ¿sus? ¿unos? niños vestidos con unas remeras largas con su marca, que les quedan largas como camisones, a cantar villancicos acompañados del sonido de una pandereta de plástico.
El espectáculo relega aún más de la mirada de los transeúntes a los otros mendigos, los históricos, los de siempre, que masticando su resentimiento, a falta de una mejor opción, guardan los acordeones y los cartones garabateados en fibrón hasta que pase la temporada de cristianos.
Pero la imagen más inesperada, la más bizarra, la que estaba en relieve sobre el resto del día era, sin duda, tu brazo izquierdo entre mis manos, tus dedos recorriendome la muñeca, haciendome mimos, consolándome justo cuando lo necesitaba sin pedirlo.
lunes 22 de diciembre de 2008
De a poco, me vengo a poner al día con el blog. No sé si tengo tanto para decir, si me hace tanta falta o si, de verdad, no sé combinar tantas cosas como me gustaría, pero recién hoy me empiezo a recuperar del final del cuatrimestre. Muy brevemente, las buenas comenzaron hace unas tres semanas con la celebración de fin de filmación de Taller (merecerá un párrafo aparte), pero estos últimos días, está saliendo casi todo muy bien.
El lunes pasado a la noche vi Mean Girls hasta las dos de la mañana.
El martes falté al trabajo para rendir -exitosamente- el final de Historia de los Medios. Después volví a casa y me tiré a dormir toda la tarde.
No tengo la mas mínima idea de qué fue mi miércoles. Solo sé que no fui al gimnasio y -probablemente- tampoco hice nada útil.
El jueves volví del trabajo, fui al gimnasio a las corridas un ratito (ya llegaba al umbral de la culpa), me bañé, me cambié y convencí a mi papá para que me alcanzara al centro. Fui a elegir mis nuevos lentes y, a las 19.30 estaba puntualmente en la puerta del Cine Tita Merello donde presentaban la muestra de cortos de fin de año de Taller de Expresión. El segundo era el de mi grupo. Los vi a ellos, la pasamos lindo, comentamos, me divertí pero en el intervalo volví a casa.
El viernes tuve una maratón que comenzó a las 6.30 con tres horas de sueño (no por la facultad, sino por mi insomnio ya habitual). A la salida del trabajo, fui con cuatro de mis compañeras a festejar el cumple de una de ellas comiendo en el Burger King de Rivadavia y Perú donde volví a desilusionarme de su menú. Alrededor de las cuatro y media dimos por terminada la reunión y fui a comprar los regalos de Navidad. Cinco menos cuarto ya estaba desocupada (porque, al contrario de la gente que sale en diciembre, primero pienso qué comprar y después voy; no deambulo cual zombie por todas las góndolas), me encontré con Flor y vinimos a casa juntas. Tardamos un montón en plena hora pico; llegué a casa justo para bañarme sin lavarme el pelo y, para colmo, papá me dejó pagando con su nuevo acercamiento al centro, así que me subí puteando al bondi y sabiendo que llegaba tarde me encaminé a la segunda parte de la proyección de los cortos de la facu.
Cuando llegué, mis compañeros me estaban esperando en la puerta (!), vimos cine hasta las once y pico. La salida posterior estuvo buenísima, con caminata, picada, mucha cerveza, policía, ocurrencias muy divertidas, más un árbol en la plaza Las Heras que -sospecho- es un baño público muy popular, y bajo el que los cuatro terminamos sentados riéndonos mucho.
Me divertí muchísimo, y cuando miré el celular eran las cinco y pico. Me tomé el colectivo a casa, me bañé, me puse decente, dormí de 7.30 a 9 hs, desayuné y me tomé (sí, otro) colectivo para ir a hacer las horas extra que había prometido el sábado.
Me divertí muchísimo, y cuando miré el celular eran las cinco y pico. Me tomé el colectivo a casa, me bañé, me puse decente, dormí de 7.30 a 9 hs, desayuné y me tomé (sí, otro) colectivo para ir a hacer las horas extra que había prometido el sábado.
Nunca había ido a trabajar un sábado y no sabía qué onda. Contrario a cualquier pronóstico, éramos seis en todo el piso, comimos helado, tomamos mate y agua (ni me enteré de los 36º del mundo exterior), me leí todos los diarios...
El día no laborable en el microcentro tiene algo de mundo post apocalíptico y los que se ven por ahí, te miran como te entiendo porque están en la misma. No noté la soberbia quejosa del oficinista apurado y me hizo bien.
Sí, laburé, un montón, pero en un ambiente tan relajado y con tanta buena onda que entendí por qué lo hace alguna gente. Es tan terrible como ir y volver en hora pico, ningún cuco como lo pinta mi viejo o para mi abuela, para quienes tiene una pátina de desgracia o de terrible ir al trabajo fuera del lunes a viernes...
Sí, laburé, un montón, pero en un ambiente tan relajado y con tanta buena onda que entendí por qué lo hace alguna gente. Es tan terrible como ir y volver en hora pico, ningún cuco como lo pinta mi viejo o para mi abuela, para quienes tiene una pátina de desgracia o de terrible ir al trabajo fuera del lunes a viernes...
Siete horas después, seguía en piloto automático y me fui de ahí a encontrarme con mamá y mi hermanita en el Alto Avellaneda. Más que compras -estaba insoportable de gente y, además, en los shopppings siempre me miran mal- fuimos a charlar y a comer, árabe yo, pizza ellas, y helado las tres. Estuvo bárbaro y me animo a decir que nos lo debíamos las tres. Llegamos casi de medianoche, me bañé, leí un poco y a las tres de la mañana, ya me fui a dormir.
Hoy fue un domingo con periódicos normal, desde las cuatro de la tarde. Así que no engaño a nadie, que no me voy a dormir por ahora...
Y esta semana empieza bien, a pesar de la fecha: hay que ir a trabajar, pero mañana mi tarde promete muchas actividades, la más destacada de las cuales es ir a Once con mi hermana cool (je) que nunca acepta ir conmigo a ninguna parte.
Con todo esto, es como que vengo teniendo una seguidilla de días de darme los gustos a los que no estoy acostumbrada; son pavadas, pero nunca las hago. Y son todas cosas lindas, que quizás por su mismo carácter excepcional o por lo inusual de que cayeran todos juntos, me hicieron sentir querida, ubicada.
Por un lado, quiero dormirme y despertarme en marzo; por otro lado, quiero hacer esto por siempre.
Pero, ahora, no me puedo quejar. (¿No me puedo quejar? Jajajajaja ¡Como si no me conociera, por favor!)
Un hermoso video de El Padrino, porque no encontré en youtube el de Apollonia explicando la semana en inglés...
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lunes 8 de diciembre de 2008
Quémese Después de Leerse
“Lo más triste en la vida es el talento desperdiciado”, le advertían al protagonista de Una luz en el infierno. Cuando uno ve el cast que forma Burn Alter Reading (directores / escritores incluidos) desearía que alguien le hubiera hecho extensivo ese consejo a ellos.Están Tilda Swinton, Frances MacDormand (que ahora me vengo a enterar que está casada con Joel Coen, mirávos), John Malkovich, George Clooney, Brad Pitt (cuyas aptitudes actorales–especialmente, en comedia- defiendo a pesar del engendro que interpreta acá), John Malkovich y este señor, que se llama J. K. Simmons (y cuyo nombre todavía no asociamos a su cara, pero me cae bien aunque no me acuerde dónde lo ví).
Quémese después de leerse es un desperdicio de actores, de escritores, de producción, de todo. No tiene nada de malo que se hayan juntado los Coen y amigos a festejar un fin de semana que ganaron el Oscar con la laptop abierta a cualquier idea, pero de ahí a filmarla…
Además, la diferencia con su antecesora inmediata es tan grande –y la desilusión se redobla también-, que uno piensa si, sencillamente, nadie se animó a decirles a los Coen que estaban haciendo cualquiera. El impulso del Oscar debe ser un shock, sobre todo para los que vienen del indie, a quienes les da el plus de ser los chicos cool que –finalmente- los demás reconocieron.
Lamentablemente – en parte debido a mi falta de memoria, vale aclarar- no puedo acordarme más que de Fargo, de El Gran Lebowski y de No country for Old Men para tratar de ver un poco más atrás en la filmografía de E y J Coen. De la primera, que a juzgar por el estatus que le han colocado en el cine norteamericano (puesto 84 entre las 100 mejores películas de la AFI, a sólo dos años de su estreno) debería volver a ver, sólo me acuerdo de Francis Mac Dormand como policía y de grandes paisajes nevados. Definitivamente, tengo que volver a verla. El Gran Lebowski era un flash de principio a fin; la imagen del protagonista y el ritmo era tan particular que funcionaba, en su propio mundo, sin intentar agradar a nadie. De la última, celebré la presencia de mi amado Bardem –a pesar de la ridiculez que tenía en la cabeza, y que casi distraía-, pero más que nada me dio a reflexionar y a sacar conclusiones por fuera de la pantalla que merecen exceder este párrafo y, sin importar los galardones, se la recomendé a todo el mundo, constituyendo un buen antecedente.
El primer punto en contra de Quémese después de leerse, entonces, es llegar a la pantalla con tantas expectativas creadas. Como todo, cuando uno llega con el perfil bajo siempre tiene algo por ganar, cuando está muy inflado y hay –aunque sea- un mínimo que no cumple, se viene todo abajo.
Parece una película que se dejó llevar por lo cool y que ahí, perdió. Sin que sea siempre necesario encasillarnos en el sistema de géneros, es una película de autor (¿) y parece encontrar en ese nicho su único justificativo de ser.
Es que, no es mala, pero no es buena, tampoco. Su segundo problema resulta del mecanismo de construcción de la misma: tiene que ser una película de intrigas, son una serie de sucesos encadenados que deberían sorprender en su conexión porque no tendrían razón de relacionarse entre sí.
Tiene que ser sorprendente, ingenioso, de resoluciones inesperadas pero se nos hace esquemática, grotesca, burda.
Finalmente, lo que resalta en toda la película es la figura imbatible de un John Malkovich enfurecido –no quisiera pelearme con ese tipo jamás, gran puteador de la calaña de artecheylaputaqueteparió pero en inglés – cuyas oleadas de furia deberían haberse destinado al momento en que aceptó ese guión.
viernes 5 de diciembre de 2008
Me dí cuenta que me descoloca cuando alguien me saluda con un abrazo (en situaciones sin ningún valor romántico agregado, por decirlo de alguna forma) pero más aún cuando tengo que saludarla yo así.
En particular con una amiga, una compañera de facultad o de trabajo: no sé cuándo corresponde, si la otra persona se lo espera, cuánto debe durar. Me quedo tensa, rara.
Me da la impresión de que no sé muy bien cómo se abraza. Esta es otra de las cosas que no me dí cuenta que me estaba perdiendo de aprender.
Y ya que estamos, una de las cosas que más me gusta que me hagan a mí es, justamente, que me abracen. Mejor eso que un vestido, que un halago, que un beso, que sexo.
Nada más lindo que acurrucarme en la confianza de alguien que me cuida a mí.
Cada vez me parece que me hace más falta.
a) Sueno rara. (?)
b) Todo sería más simple con un protocolo para las relaciones sociales. (Sí, quiero vivir en una corte de Luis XV donde sepa qué esperar de cada gesto, ¿y?)
En particular con una amiga, una compañera de facultad o de trabajo: no sé cuándo corresponde, si la otra persona se lo espera, cuánto debe durar. Me quedo tensa, rara.
Me da la impresión de que no sé muy bien cómo se abraza. Esta es otra de las cosas que no me dí cuenta que me estaba perdiendo de aprender.
Edward tampoco podía. Él tenía mejores excusas.
Y ya que estamos, una de las cosas que más me gusta que me hagan a mí es, justamente, que me abracen. Mejor eso que un vestido, que un halago, que un beso, que sexo.
Nada más lindo que acurrucarme en la confianza de alguien que me cuida a mí.
Cada vez me parece que me hace más falta.
a) Sueno rara. (?)
b) Todo sería más simple con un protocolo para las relaciones sociales. (Sí, quiero vivir en una corte de Luis XV donde sepa qué esperar de cada gesto, ¿y?)
miércoles 3 de diciembre de 2008
*

Yo no me puedo acostumbrar a que se hable de la sequedad de los intestinos de la gente o de las señoras que pierden unas gotitas de pis con la naturalidad que me quieren vender.
¿Cuándo se extendió tanto el límite del buen gusto?
Tengo la sospecha de que las publicidades de Corega y de Manzan algo tuvieron que ver, pero me sigue impresionando cómo la gente lo amolda con tanta desvergüenza a su discurso cotidiano.
*Banco, desde siempre, a la Condesa de Chikoff.
martes 2 de diciembre de 2008
Hoy era uno de esos días de furia, solamente que no lo sabía. No le hice caso a las señales que se me fueron apareciendo: despertarme cagada de frío, haberme quedado dormida después del primer toque de despertador, con el celular adentro de la cama a instantes de aplastarlo con mi cuerpo; obvio que no llegué a desayunar y el remise (1) que llegó tarde y con una persona en el asiento de adelante (?) alegando que había faltado uno de los choferes y que esa señora (2) iba para el mismo lado que yo, que no me podía poner en exquisita porque ya era Tarde.
Aún así, llegué al trabajo normal, fui escuchando a Petinatto, sin mal humor... en piloto, por decirlo de alguna forma. Recordando, todavía no me doy cuenta cuál fue el desencadenante de que mi día fuera una mierda - o si hubo uno-. Solamente sé que tuve la necesidad casi física de levantarme del asiento a menos de una hora de haber llegado, que en un acto de desesperación casi le pido ayuda a mi viejo (afortunadamente, los desencuentros de la tecnología me evitaron varios días de reproches), para irme sola al break a tomarme un café repugnante con el sólo propósito no de alejarme de todos, sino en particular de las dos pelotudas (3) que me rodean hace meses y las cuales, a veces tengo más tolerancia para soportar sus estupideces y otros días, no. Otros días soy más yo.
Volví y, menos de una hora después, ya asqueada de su parloteo permanente sobre cuentas corrientes y bombachas, mi compañerita de trabajo Mara* me invitó a bajar a acompañarla a fumar un cigarrillo. Cuando regresé encontré a una de estas putas sentada en mi lugar. Encima, tuvo el atrevimiento de sugerir, medio risueña, que no estaba haciendo nada... ¿cómo?
Empecé cortándole la onda con un "yo cuando me voy de acá, queda todo terminado, ¿ustedes qué estaban haciendo? (*boluditas*)" y "me parece que hoy ascendieron a varias" (4), fue mi último comentario, que alguno entendió como la ubicada que era y las otras dos percibieron que no había calce para nada más.
Por supuesto, once y media me fui a desayunar, recagándome en sus miraditas.
El resto del día mastiqué una bronca que no sabía muy bien a qué respondía. No era por eso- aunque ayudó claro, a mi malhumor general- pero debería haber estado bastante orgullosa de cómo lo manejé. Le advertí a mi compañerito de banco que estaba de muy mal humor y no sabía por qué. Me hubiera gustado animarme a pedirle un abrazo.
Llegué a casa -porque no quería venir pero tampoco andar dando vueltas por ahí- de muy mala onda, y para colmo, hoy me parecía que la casa se caía más a pedazos que de costumbre, revoleé un par de cosas y huí a mi dormitorio, a ver una película.
Un par de horas después, fui a descargar un poco de odio en el gimnasio antes de que cerrara. Me crucé con dos cucarachas gigantes saliendo de una pizzería, lo que terminó de redundar en mi desagrado por todo.
Y ahora, termino mi día viendo La Liga y sabiendo que la pelotudez adolescente se hace exponencial con cada generación. (5)

(1) Sí, porque tengo una vida de mierda y un re-mi-se (conurbano, centro neurálgico del remise) con las puertas hechas mierdas y que encima te mira mal cuando la cerrás un poco fuerte- me tiene que llevar hasta la terminal del puto colectivo en el que ensancho el culo una hora y media y que, encima, te crea la falsa expectativa de que llegás bien hasta que cruza Constitución y, entonces sí, hace la plancha durante las siguientes veinte cuadras.
(2) Que, por supuesto, era una vieja hinchapelotas que me hizo desayunar sus reflexiones de señora al pedo que escucha AM sobre "la situación del país"...
(3) Hace rato que tengo ganas de hablar de estas forras, y este parece un comienzo apropiado. No necesito estar hablando de las vanguardias rusas cinco horas por mañana, pero tener que convivir obligada con gente vacía y pretenciosa que no puede hablar de nada que no sea de dinero, a veces se me hace MUY cuesta arriba. Para colmo, estamos hablando de dos pendejas que trabajan como telemarketers pero no dejan de hablar de "los círculos en los que se mueven", la ropa de Akiabara (por nombrar una marca que me suena porque, la verdad, el resto no-las-co-noz-co... Y NO ME IMPORTA), los maquillajes de ésto, cosas para comprar, de "todas las vacaciones que voy a tener", de cuándo cobramos, de esto que venden en mercadolibre, de la plata que me deposita mi viejo acá, de las tres lucas de esto, del auto que me voy a comprar... Juro que hay momentos en los que me siento en la época más increíblemente forra de la primera secundaria. Pero, para ponerlo en contexto, distan mucho de ser las típicas chetitas de secundaria: por un lado, una que a viva voz cuenta que vive en Recoleta y que su familia conoce a los Perez Companc (WTF?) pero cuyo estilo de vestir es descripto por sus pares como "una huérfana de Chiquititas". La otra, sin palabras: habló desde que entró a trabajar del departamento que le iba a comprar el padre y de su estudio en la UADE, pero cuando la apurás un poco confiesa que esa remera de marca la compró en la Av Avellaneda.
Pobres minas. Pero, igual, me cagan muchos días.
(4) = "Te pusiste la gorra"
(5) I´m sorry, @lternativ@ yo tenía mucha más onda.
Aún así, llegué al trabajo normal, fui escuchando a Petinatto, sin mal humor... en piloto, por decirlo de alguna forma. Recordando, todavía no me doy cuenta cuál fue el desencadenante de que mi día fuera una mierda - o si hubo uno-. Solamente sé que tuve la necesidad casi física de levantarme del asiento a menos de una hora de haber llegado, que en un acto de desesperación casi le pido ayuda a mi viejo (afortunadamente, los desencuentros de la tecnología me evitaron varios días de reproches), para irme sola al break a tomarme un café repugnante con el sólo propósito no de alejarme de todos, sino en particular de las dos pelotudas (3) que me rodean hace meses y las cuales, a veces tengo más tolerancia para soportar sus estupideces y otros días, no. Otros días soy más yo.
Volví y, menos de una hora después, ya asqueada de su parloteo permanente sobre cuentas corrientes y bombachas, mi compañerita de trabajo Mara* me invitó a bajar a acompañarla a fumar un cigarrillo. Cuando regresé encontré a una de estas putas sentada en mi lugar. Encima, tuvo el atrevimiento de sugerir, medio risueña, que no estaba haciendo nada... ¿cómo?
Empecé cortándole la onda con un "yo cuando me voy de acá, queda todo terminado, ¿ustedes qué estaban haciendo? (*boluditas*)" y "me parece que hoy ascendieron a varias" (4), fue mi último comentario, que alguno entendió como la ubicada que era y las otras dos percibieron que no había calce para nada más.
Por supuesto, once y media me fui a desayunar, recagándome en sus miraditas.
El resto del día mastiqué una bronca que no sabía muy bien a qué respondía. No era por eso- aunque ayudó claro, a mi malhumor general- pero debería haber estado bastante orgullosa de cómo lo manejé. Le advertí a mi compañerito de banco que estaba de muy mal humor y no sabía por qué. Me hubiera gustado animarme a pedirle un abrazo.
Llegué a casa -porque no quería venir pero tampoco andar dando vueltas por ahí- de muy mala onda, y para colmo, hoy me parecía que la casa se caía más a pedazos que de costumbre, revoleé un par de cosas y huí a mi dormitorio, a ver una película.
Un par de horas después, fui a descargar un poco de odio en el gimnasio antes de que cerrara. Me crucé con dos cucarachas gigantes saliendo de una pizzería, lo que terminó de redundar en mi desagrado por todo.
Y ahora, termino mi día viendo La Liga y sabiendo que la pelotudez adolescente se hace exponencial con cada generación. (5)

(1) Sí, porque tengo una vida de mierda y un re-mi-se (conurbano, centro neurálgico del remise) con las puertas hechas mierdas y que encima te mira mal cuando la cerrás un poco fuerte- me tiene que llevar hasta la terminal del puto colectivo en el que ensancho el culo una hora y media y que, encima, te crea la falsa expectativa de que llegás bien hasta que cruza Constitución y, entonces sí, hace la plancha durante las siguientes veinte cuadras.
(2) Que, por supuesto, era una vieja hinchapelotas que me hizo desayunar sus reflexiones de señora al pedo que escucha AM sobre "la situación del país"...
(3) Hace rato que tengo ganas de hablar de estas forras, y este parece un comienzo apropiado. No necesito estar hablando de las vanguardias rusas cinco horas por mañana, pero tener que convivir obligada con gente vacía y pretenciosa que no puede hablar de nada que no sea de dinero, a veces se me hace MUY cuesta arriba. Para colmo, estamos hablando de dos pendejas que trabajan como telemarketers pero no dejan de hablar de "los círculos en los que se mueven", la ropa de Akiabara (por nombrar una marca que me suena porque, la verdad, el resto no-las-co-noz-co... Y NO ME IMPORTA), los maquillajes de ésto, cosas para comprar, de "todas las vacaciones que voy a tener", de cuándo cobramos, de esto que venden en mercadolibre, de la plata que me deposita mi viejo acá, de las tres lucas de esto, del auto que me voy a comprar... Juro que hay momentos en los que me siento en la época más increíblemente forra de la primera secundaria. Pero, para ponerlo en contexto, distan mucho de ser las típicas chetitas de secundaria: por un lado, una que a viva voz cuenta que vive en Recoleta y que su familia conoce a los Perez Companc (WTF?) pero cuyo estilo de vestir es descripto por sus pares como "una huérfana de Chiquititas". La otra, sin palabras: habló desde que entró a trabajar del departamento que le iba a comprar el padre y de su estudio en la UADE, pero cuando la apurás un poco confiesa que esa remera de marca la compró en la Av Avellaneda.
Pobres minas. Pero, igual, me cagan muchos días.
(4) = "Te pusiste la gorra"
(5) I´m sorry, @lternativ@ yo tenía mucha más onda.
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