lunes 7 de septiembre de 2009

ODIO esto. No sé en qué momento de mi vida me planteé que podía ser una buena idea (querer) ser periodista, pero aún ahí cuando estaba de lo más entusiasmada, debería haberme dado cuenta que, para mí, es algo tan difícil como aprender a bailar ballet o jugar al fútbol.

Tengo que entregar una entrevista esta semana que implica, como mínimo, sentarme enfrente de una desconocida durante treinta minutos a hacerle preguntas sobre su vida.

Aterrada es una palabra que le queda chica a lo que me pasa. No quiero, estoy negada, me da vergüenza, me da miedo.

¿Cómo fue posible que jamás, en todo este tiempo, se me haya cruzado que un momento clave de la actividad periodística era esto?

Para peor, con esto se siguen achicando las opciones de la orientación de la carrera que debería haber elegido hace rato - por supuesto, no lo hice, pensé que como todo, se iba a resolver sólo de alguna forma mágica - y que tengo que empezar el año que viene.