lunes 23 de febrero de 2009


Después entro en detalles.
Hablando con Flor, nos dimos cuenta de por qué nos gustan películas diferentes. Es una cuestión casi filosófica, digamos. Formas de ver la vida.
A mí me gustan las películas que van "en bajada": alguien que empieza, llega al punto más alto y cae, irremediablemente y madura de la manera más difícil. A ella, en cambio, le gustan las películas cuyos personajes van "hacia arriba": empiezan en lo más bajo, crecen y terminan en su mejor momento. Goodfellas, El Padrino II, Boogie Nights, (un ejemplo más reciente) El Luchador, por un lado; Jamás Besada, Cuando Harry conoció a Sally, Notting Hill, por el otro.
No hay criterios de validez, de arte con mayúsculas o minúsculas. No hay discusión posible.

Al final, parece que las cosas que a uno le gustan terminan hablando más de nosotros que nosotros mismos.

viernes 20 de febrero de 2009

Es todo psicológico


Me enteré que la *sensación térmica* fue de 40º por la tele.

Para mí, el día estuvo igual que ayer. De hecho, estuve más cansada que *acalorada*. Se ve, también, que hoy hubo menos noticias que ayer :)

jueves 19 de febrero de 2009


Después de las últimas entradas que publiqué - más o menos, de una semana para acá- pasó lo que tenía que pasar: me levanté un día, sin entrar demasiado en contacto conmigo misma y más contra la piel lo superficial, lo cotidiano, como si de fondo escuchara una señal de ajuste permanente en los oídos que, sin embargo, no fuera una traba para hacer las cosas de todos los días. Odio eso: pensar menos, sentir menos, acostumbrarse. "Nivelar para abajo".
Pero a veces se hace muy doloroso ser sincero y cuestionar todo -sobre todo a uno mismo- todo el tiempo.

Y estuve tratando de hacer eso: de ajustarme dentro de lo posible. Volvió Flor, enferma de las vacaciones y aunque lamento que se sienta mal (en tantos aspectos), me permite cuidarla esta vez ella a mí. Me anoté en la facultad, en cuatro materias (una de ella, medio incómoda en horarios pero para estar con los mismos compañeros del año pasado, algo que hubiera considerado impensable), pero no quiero decir nada de esto ni del curso que tengo en vista para sumarle hasta que no salgan las asignaciones. Estoy yendo al gimnasio; mañana empiezo a hacer una dieta algo más estricta. Me estoy tomando lo más a la ligera que puedo. Estoy escuchando interesada lo que me cuentan los demás. Trato de ser buena compañía. Fui a la primera función de un ciclo de cine y mañana planeo ir a otra. Y hay, una muy improbable y alejada, salida para la semana que viene. La del viernes pasado se disolvió con el correr de los días y me puso feliz que así fuera, así no me obligaba a pensar en ninguna excusa. Hablé con gente que no había previsto. Me quisieron saludar algunos (alguien sobre todo) que no me esperaba. Me siento cercana a gente que me habái caído mal la primera vez que los conocí. Estoy gastando un poco más de lo previsto -y comiendo, también, un poco más de lo previsto- pero con gusto y en cosas que me gustan. Hoy me compré la revista El Amante y me senté en el colectivo, ajena a los 35º de temperatura potenciados por la chapa caliente, fascinada y celosa de la forma de escribir y de ver cine de esas personas. Tengo un montón de hojas en el cajón del escritorio con cosas que pensé y que me gustaría desarrollar. Me animé a decirle en la cara a mi papá que me gustaría que él fuera dentro de casa como es afuera (no creo que me haya prestado atención, pero es problema suyo ya).
Voy a ir a hacer horas adicionales al trabajo el domingo. Tengo tres latas de pintura y una de enduido en mi dormitorio y yo solita lo voy a transformar en verde, casi con seguridad este fin de semana.


Doing my best & Trying to make the best out of it.

Así que aquí estoy: apretando el botón cada 108 minutos para evitar que vuele todo por el aire, pero no puedo pensar más para adelante.

Pasitos.

miércoles 11 de febrero de 2009

Hoy me gustaría creer en el título que le puse al blog, pero me cuesta mucho.
Recién van dos días desde que empezó la semana, y parece que no termina nunca.

Del lunes prefiero ni hablar: el dolor, la angustia, el cansancio que me provocó llorar de esa forma sólo fueron superados por el dolor, la angustia y el cansancio que me provocó el esfuerzo de cortar el llanto. Sentimientos que vuelven con la potencia de lo que nunca se fue, o peor, de lo que se rearmó para volver.
A la noche sentía como si me hubiera atropellado una manada de animales; no sentía alivio por ningún lado y cuando quise buscar alguna otra sensación, también me costó encontrarla.

Tuve una charla que puede entrar en la categoría "de las grandes" con mi madre, quien a veces supongo llega a un punto de escucharme que deseará nunca haber preguntado. La entiendo.

Hoy hice mi mejor intento, que consistió más que nada en no tomar decisiones apuradas o prejuzgar, en la duda de si se trataba de malas intenciones o de malas interpretaciones de parte de una mente alterada como estuvo la mía.
Así y todo, no terminé de entender si los comentarios que hicieron sobre mí mis compañeros de trabajo eran una charla simpática como la podría haber habido cualquier otro día sobre un tema que me incomodaba (y del que otro día podría haber salido con gracia, en el amplio sentido de la palabra) o un golpe bajo sobre un tema que -deben saber- me descoloca y me incomoda.

Pero la frase de Meryl Streep en Adaptation tiene mucho sentido para mí: me es difícil adaptarme, al revés de las plantas, porque sí tengo memoria.
La estrategia fue tratar de pasar rápido y desapercibida a través del día, y ya es de madrugada cuando me acuerdo todas las otras veces que usé esa estrategia y no sirvió. Diez años después, sigo siendo la boludita sentada a un costado, sigo teniendo los mismos "problemas", las mismas preguntas. Solamente que ahora estoy más vieja, ya todos aprendieron las respuestas - o, por lo menos, qué contestar, aunque no sea lo mismo- y no hay espacio para preguntar.

Traté de no hacer mucho, sin pararme a sentir nada o a pensar en nada o a decidir nada por las dudas, cuando me senté ("un minuto") enfrente de la compu. Esta vez, esto fue el mini-detonante. Creo. Primero, no puedo grabar un par de cds. Noto que me frustra más de lo habitual cuando no puteo ni pateo cosas, sino que los hago a un lado y listo.
Después, abrí el facebook -sin hacer cambios, fingiendo, que es lo que mejor me sale, que no lo abrí porque no me interesó o no tuve tiempo o lo que sea- como hago desde que hace un par de días encontré publicadas unas fotos de una salida común y un paseo con unas compañeras de trabajo en las que todas aparecían hermosas, excepto yo, que ni simpática salía. Y que ni habían tenido el buen gusto de obviar o de no etiquetar.
Lo más doloroso del tema es que hace unas semanas yo había visto unas fotos mías de unos años atrás y había pensado "qué suerte que mejoré y que ya no me veo así", pero la chica que se dejó llevar por la situación y la naturalidad del momento no se veía espontánea como sus amigas: me sorprendió encontrarme en estas fotos de imprevisto con que, objetivamente, lo que devela la cámara sin mas es una gorda ridícula, esforzada, una cara grotesca, una sonrisa que solo la deforma, un desentono total con el resto de las chicas, con las chicas por las que desconocidos preguntan en los comentarios como se les acercarían en un boliche.
La piedad se hace silencio sobre mis imágenes: nadie, ni siquiera, se anima a hacer una broma. Y hacen bien, no sé si la aguantaría hoy.
Al momento de verlas, debí haber tenido una salida entre ácida y graciosa, que revirtiera la incomodidad a las demás; una firma del tipo de "chicas, a veces me aburre ser la amiga fea de todas ustedes", o algo así, pero eventualmente se me acaban las ganas de hacer bromas sobre mí misma.

Dije exactamente lo que sentía hoy cuando me preguntaron en el trabajo si no me iba a sacar fotos con las chicas (ayer me negué amablemente y me fui antes de ponerme a llorar pensando en las publicadas): contesté que ellas, con razón querían sacarse fotos porque salían todas perfectas, impecables y que yo era un desastre. Que entendía que ellas se quisieran sacar fotos, y ponerlas en internet, que su belleza -objetiva- estuviera apoyada en una confianza en sí mismas a la vez potenciada por que alguien las veía así, y que todo les pareciera re divertido, pero que yo no soportaba verme y que, cuando decían cosas del tipo de que "me iban a conseguir novio" (era un poco más humillante que eso, no lo quiero transformar en letras), muchas veces me hacía la boluda para no ofenderme.
Quien me había preguntado esquivó rápidamente el tema.

No me cuesta ni me parece rebuscado pensar que hay algo - más o menos consciente- de eso de que uno es más lindo parado junto a alguien feo. Que si al de al lado le va peor en algo, al menos en apariencia, a uno parece irle mejor. Sobre esas pequeñas miserias se edifica todo el mundo, lamentablemente, no me parece que no sea el caso. Y tendrían sus motivos.

Sí, para colmo, me avergüenza lo superficiales que terminan siendo mis problemas (o al menos, su cáscara).

No quiero nada. No quiero mejorar "de humor" ni de estado de ánimo. Ni sentirme mejor. Ni tener más energía (este estado, piloto, sin dudas no me evitó hacer nada de la vida cotidiana:ir a trabajar, almorzar, ir al gimnasio, tomar mate, planchar; el ¿espíritu? sigue en hold, pero evidentemente a nadie le hace falta, ¿y si de verdad no hace falta, y tanto pensar que tenemos que llenar algún hueco que se proyecte más allá de pasado mañana es una complicación innecesaria?).

Ahora muevo los dedos, pero no me puedo mover. Debo estar frente a la pantalla con la misma cara catatónica que tenía Edward Norton al comienzo de El Club de la Pelea, una variante apenas del insomnio que se niega a dejarme antes de las tres y media pero que no plantea oposición al despertador de las siete menos cuarto. Así, cada noche y cada mañana, cuando me vuelvo a levantar y tengo la suerte de no razonar en la primera hora, porque si tuviera el trato conmigo misma que tengo, por ejemplo, a las tres de la tarde, sencillamente no podría salir de la cama.

Te juro que hago el esfuerzo, pero en cuanto me sorprende con la guardia baja por un segundo aunque sea, nada vale la pena.



Update: Por supuesto, para completar un día así, me estuve perdiendo "Vida y Muerte de Peter Sellers", que daban por TNT.
Y los parlantes no andan.

lunes 9 de febrero de 2009

Me fui a dormir a las cuatro de la madrugada del sábado y no me levanté hasta las once de la noche del mismo día. Miraba el borde de la cama y me convencía -con motivos válidos- que nada me esperaba de ese lado, que nada se perdía -nada se pierde- si no me levantaba. Ese día, como lo siento cualquier otro, pero sin la necesidad de fingir.

No soporto mirarme al espejo. No tengo idea quien es esa chica demasiado vieja que me mira del otro lado sin entender nada, con cara de desesperación, con la misma mirada que tenía a los catorce años cuando volvía de la escuela y se juraba no regresar, que se prometía que cuando fuera grande, iba a ser distinto. Ella iba a ser distinta. Y no fue así. Y, del otro lado del espejo, alguien se muere de ganas de decirle que se acordó demasiado tarde de que no era nada especial, de que no le tocaba nada adicional. Que las arrugas que ganó demasiado temprano, no son más que eso. Que a veces los que envejecen, solamente se vuelven viejos. Me miro así y no lo aguanto.
Pero hasta la forma en la que hablo me causa repugnancia, no es sólo verme. En cualquier cosa que me compare con cualquier persona alrededor mío, salgo perdiendo.

No sé qué me pasa. O mejor dicho: supongo qué es lo que me pasa y tengo demasiado miedo, demasiado cansancio, pero sobre todo eso, mucho mucho miedo para ahondar en cómo me siento. En cuántas veces ya me sentí así. Trato de clausurarme las ideas antes de que se vuelvan una masa líquida y caliente que va llenando hasta el último espacio disponible entre los pensamientos, que ablanda y derrite la conciencia.
Ya pasó eso; costó mucho drenar ese líquido, hasta quedar seca por dentro. Se fue, como decía Churchill, en sudor y lágrimas, pero sobre todo en sangre. Y en muchas lágrimas, mías y ajenas.

No soporto que me pregunten qué nombre le pongo a eso que me pasa, porque no lo sé. Porque lo que digo son excusas, o son verdades a medias. O ambas.

Ni siquiera el ardor de la mirada fija en la pantalla me hace llorar.

Y sé que todo suena sin bordes, como de plástico, a alguna canción ridículamente cursi. Gente más dotada que yo para expresarse habría encontrado palabras mejores para esto que las mías, pero hoy tengo terror de buscar las palabras correctas, porque me pueden doler más.
Mi hermana está de vacaciones hace una semana y siento que nadie habla mi mismo idioma. Siento que soy menos yo cuando no estoy cerca suyo.
Así la quiero. No me había dado cuenta.

domingo 8 de febrero de 2009


"(...)
Teoricamente es la manera en como representar racionalmente o matemáticamente conceptos irracionales como el amor, la creación, dios. Lo que nosotros conocemos como + y -, es lo que en muchos libros trata cuando habla de dualidad, es una dualidad ilusoria, amor positivo y amor negativo, uno visible y el otro ocultado. Precisamente sobre este tema tratan muchos libros y canalizaciones de la Nueva Energia, sobre que vivimos en un mundo dual, y desde otro punto de vista no existe esa dualidad sino complementariedad de fuerzas, lo que se estudio antiguamente como yin y yang.
De alguna forma, cuando alguien dice que el universo es mental, de algún modo esta haciendo referencia a este concepto de infinito, no tiene límites todo lo que pueda imaginarse y crearse, incluso lo que conocemos como tiempo tampoco lo tiene. (...)"

"(...) [
Filosofía] Infinito. El concepto de infinito, entendido como aquello que no tiene límite, medida ni conclusión. (...) Lo que no tiene límite, medida ni conclusión: el hombre puede pensar con coherencia lo finito, pero lo infinito está más allá de los límites de la razón. (...)"

"(...) Uno de los logros más grandes de la matemática como lenguaje ha sido su propio coraje imaginativo para enfentar el concepto más inaccesible y paradójico que haya podido pretender la fragilidad temporal del intelecto humano: el concepto de infinito (...) La noción de infinito potencial se centra en la operación reiterativa e ilimitada, es decir, en la recursividad interminable, por muy grande que sea un número natural, siempre podemos concebir uno mayor, y uno mayor que este y así sucesivamente donde esta última expresión "así sucesivamente'' encierra la misma idea de reiteración ilimitada, al infinito. (
Ortiz,1994) (...)"

"(...) Lo infinito es la verdadera esencia de lo finito –lo finito verdadero–. La especulación verdadera o filosofía no es sino la empiría verdadera y universal (...) cuando lo empírico muestra cada día que la realidad es capaz de derrotar cualquier idealidad. (...)"

"(...) Meditad en el signo sagrado del infinito, perfecta representación del nexo viviente que enlaza sabiamente los dos mundos -divino y material-, que manan respectivamente, de las aguas de arriba y de las de abajo, del espacio producido en la segunda fase de la creación, y que por último se unen en el foco central interno de la conciencia individual, como vehículo, canal y medio de expresión del uno en el otro. (...)"

viernes 6 de febrero de 2009


"Los buenos duermen bien, pero los malos parece que se lo pasan mejor cuando están despiertos".

- Woody Allen

Tropic Thunder


Mis cinco buenas razones para ver Tropic Thunder (trailer acá)


* Porque está Robert Downey Jr. haciendo comedia, (hace de un actor "de raza" que se toma muy a pecho todas sus interpretaciones, y que acá tiene que hacer de un militar negro, para lo que se cambia el color de la piel) increíble como siempre. Ese tipo es brillante. Y no va a ganar el Oscar a mejor actor porque a los AA les gusta premiar actuaciones dramáticas/patrióticas/heroicas/ preferentemente, que mueran y dejen una enseñanza, pero debería.

* Una que entendamos todos. Porque Ben Stiller encuentra -como en Zoolander- y pone todos los recursos para el punto perfecto de la sátira: sin copiar y parodiar escenas de otras películas (como es el estilo de los Wayans en Scary Movie, por ejemplo), genera situaciones y personajes a partir de lugares culturalmente internalizados que entendemos bien quienes nacimos y vivimos en el cine y en E!

* Porque hay muchos actores secundarios buenísimos que da gusto ver (Nick Nolte, hecho pelota, Steve Coogan -el de 24 Hour Party People-, Bill Hader -de SNL-, obvio, Jack Black) Y porque el que hace de rapero, está buenísimo.

* Porque, como la película es sobre un grupo de actores en la filmación de una película de guerra, arranca ya creándote el clima satírico con unos avances de películas que protagonizan esos actores. Imperdible la del "ganador del premio mtv al mejor beso, Tobey Maguire".

* Y, por último, porque aparece casi irreconocible Tom Cruise, casi convenciéndonos de que tiene sentido del humor. Irreconocible por lo físico pero también por la onda.



A no quejarse del título que llevó acá ("Una guerra de película"); en España se llama "Tropic Thunder: una guerra muy perra".

This Film is Not Yet Rated


Pude ver un documental acerca del sistema de clasificación de las películas norteamericanas que se llama This Film is Not Yet Rated (trailer acá). Un director de cine investigó cómo y bajo qué criterios una película está para las sórdidas salas del ABC o para el glamour popularizante del Hoyts.
Todavía no averigué cómo es el tema en Argentina (sé que también está el "cartelito" de mayores de 13, 18 etc.).
Una de las cuestiones más sorprendentes que devela- el documental va creciendo en preguntas y en interés, y vale la pena verlo- es que existe una junta, las identidades de cuyos integrantes son totalmente confidenciales, que se encarga de ver las películas antes de que se estrenen y decidir par qué tipo de público van a ser aptas.
Es un buen ejemplo de consolidación e imposición de hegemonía cultural: mientras que no se puede mostrar más que dos o tres posiciones sexuales en una película de contenido adulto (o sea, que los chicos no van a ir a ver ¡porque no les interesa las perturbaciones de un matrimonio de intelectuales neoyorquinos, porque a Tom Cruise lo quieren ver en La Guerra de los Mundos, caramba!), parece no haber ningún problema en que el poster de Saw sea un miembro amputado, una uña arrancada, una cabeza.
Para colmo, SAW (aclaro que sólo soporté una), que es terriblemente aburrida. No da miedo. Miedo da "La Profecía". Eso es un folleto de técnicas de tortura, sobre todo, muy muy aburrido.
O que en Europa es justo al revés: son muy estrictos frente a la clasificación de los contenidos violentos, no así los sexuales.
Y, de paso, económica, porque las películas que no pertenecen a los tres o cuatro estudios grandes parecen ser evaluadas con mayor severidad, lo mismo que las que retratan o están realizadas por personajes que podrían resultar polémicos (minorías sexuales, documentales sobre la invasión a Irak, etc.).

Justo lo recordé porque en uno de esos micros que pasan en TNT incluyeron una entrevista breve a Kevin Smith* por su última película, "Zack and Miri make a porno": una comedia cuyo título no podía tener esa palabra para estar "aprobada".

Ambos coincidían -es a grandes rasgos mi explicación- en que las reglas (si las había) a las que respondía este sistema de clasificación dependían de lo que un grupo de gente consideraba "la moral apropiada" para el resto. Es decir, que trataba a todo el público como si fueran niños.

Que las escenas de amor o sexo homosexual iban como por un tubo al +18. Que hay reglas muy estrictas y detalladas, por ejemplo, acerca de cuánto culo o cuánta cantidad de vello púbico se podía mostrar, o qué posiciones podía mostrar una pareja teniendo relaciones para que la película no se considerara pornográfica (con la consecuencia de que no se estrenaba más que en cines porno y no se podía publicitar por tele; o sea, que reducía la posibilidad de explotarla comercialmente (una pata indispensable del cine, su carácter de industria) o de conseguir financiamiento para próximos proyectos.

Es lo que llaman "Parental Guidance" y se excusan diciendo que no quieren tener que explicarle a sus niños (la justificación de la Sra Alegría parece funcionar de maravillas, como siempre) qué están haciendo esas dos personas en la cama. A lo que Elizabeth Banks -protagonista de "Zack and Miri..." - despedaza con la siguiente respuesta: “los padres no quieren explicarle a los hijos qué es la pornografía pero no tienen problemas en explicarles qué es una máquina de tortura”.




* (director menospreciado acá: nunca estrena en cine, la gente de los dvd copiados no lo conoce; además por él conocí a Jason Lee, y es el realizador de los diálogos maravillosamente desestructurantes de Chasing Amy, así que lo tengo ahí arriba)
(Muy) así estoy yo. No hay pronóstico de mejorar.


Y nadie me dice "qué bien te queda el pesimismo".

Crónica de la salida que no fue o Ley de Murphy aplicada

Mala suerte no es que hayas tenido que reorganizar todo tu día con el objetivo de aprovechar la oportunidad única de ver en cine una de tus películas preferidas.

Mala suerte no es que esa película* tenga unos treinta años y, por eso, se complique bastante que tengas otra chance de verla en pantalla grande.

Mala suerte no es que el ciclo donde la pasan se haga en el MALBA que para vos no es solamente en la otra punta del mundo, sino que te requiere una precisión suiza para encastrar colectivos, subtes, caminatas y horarios. Y, por lo menos dos transportes, pero no te importa (porque sos joven, rebelde, como diría Irma Jusid).

Mala suerte no es, ni siquiera, que esa película –por estar en un ciclo- se exhiba un solo día y en un solo horario.

Mala suerte no es que, ese día que armaste todo, se largue a llover con todo una hora antes de salir para el cine –recordándote que, en lugar de las hawaianas, deberías haber puesto algo como una capita o el paraguas en el bolso-.

Ni que te hayas dado cuenta cuando salías de tu casa siete y media de la mañana de algunas nubes grises y no hayas vuelto a buscar el paraguas porque - ¡ilusa! – decidiste mirar el bright side of life y pensar “seguro que al mediodía ya hay sol”.

Porque sí miraste el pronóstico ayer a la noche, y dijeron 31º. Que, en cualquier lado del mundo, es calor.

Ni que estés en musculosa, pollerita y sandalias. Y que la lluvia haya hecho que la temperatura bajara a 21º + viento.

Mala suerte no es que, para ese mismo horario, hayan parado sorpresivamente todas las líneas de subte.

Así que te volvés a tu casa, donde no tenés nada que hacer porque habías reservado la tarde para eso, y decidís tirarte a dormir un rato, amargada y para no contagiarle tu mala onda a nadie más.

Mala suerte es que, tipo cinco y media cuando estás tirada en la cama, se haya recompuesto el subte y el sol raje la tierra.




* Acompáñenme en el sentimiento, la película era :