jueves 30 de abril de 2009

El pendejito me mira y yo le sostengo la mirada desde atrás de los anteojos negros. No sé si se da cuenta. Me mira todo lo pajero que uno puede ser a los catorce, quince años. Se acaba de subir al 15 que iba para Boedo. La mochila cruzada golpeaba a la gente mientras se abría paso y en la mano llevaba un skate; demasiadas cosas para el colectivo en hora pico.

Y con la cabeza fija en mi musculosa, pegados a la ventana, desprecia a las dos pibitas que van sentadas en el asiento de al lado de la expendedora. Ellas están todo lo impresentable que se puede estar a los catorce, quince años: pelo grasoso, ropa usada, lavada y estirada, esmalte oscuro, masticado, pins en la mochila; lo ven y comentan entre ellas por lo bajo; todo lo disimuladas que uno sabe ser a esa edad y cuando no quiere pasar desapercibida.

El pibito juega con el piercing de la boca sin sacarme los ojos de encima, nunca a mis ojos, y a mí me dan ganas de decirle: "Mirame bien, pendejo: esas pibas que están allá atrás, en diez años, se van a ver como yo."
También me dan ganas de ir a zamarrearlas a ellas, de señalarles al flaco de traje de sarga gris que va colgado y quedándose dormido un par de metros más atrás y decirles: "Él, que tan copado lo ven ahora, en diez años va a ser así".

martes 28 de abril de 2009

The Paradox of Choice: Why More is Less

Es una conferencia de Barry Schwartz. Dos destacados:

* What too much choice does...
... paralysis
... decision and performance quality
... insatisfaction

* "(...) I did better and I felt worse (...). When expectations are high, even good experiences will end up feeling like we´ve failed (...)"

Puede parecer, a primera vista, un alegato al totalitarismo, pero en realidad tiene un sustento muy razonable - sobre todo aplicado al consumo (aunque deberíamos replantearnos toda la relación consumo/política). Lo dejo acá para seguir sacando ideas.

domingo 26 de abril de 2009

No sé qué hará que mi computadora esté tan lenta: si las páginas de porno, el Facebook (que en sus mejores días parece movido por un molino), la incontable cantidad de música que tiene residencia fija, el youtube permanente, las temporadas de House que estoy torrenteando completas o las de Big Love que nunca supe guardar en cd.
Y me da un poco de pudor llamar al pibe que la arregla y pagarle para decirle que los parlantes no andan taaan bien o que no me doy maña para grabar las series y sacarlas del C....

Pero conseguí -gracias por existir, Internerd (?)- esa película alemana espectacular, que había visto en cine hace muchos años y nunca más pude saber nada, Gegen Die Wand (o Head-on, o Contra la Pared).
Solamente me falta conseguir los subtítulos en castellano, pero es un gol igual.

jueves 23 de abril de 2009

En la agenda estoy con una lista de libros que quiero leer en lo inmediato. Esto de inmediato dicho con cierta licencia porque ya van más de veinte. Algunos, bastante caros o que se adivinan bastante complejos.
Todos son títulos que escucho por ahí, o que me entero que existen y que no quiero olvidarme de regalarme cuando pase por una librería y sepa que voy a tener un rato para ellos.
Están Freakonomics, El Segundo Sexo, Mitologías, Robo para la Corona o Todo Vale, entre muchos otros.

Pero desde hace un par de días, trepó a los primeros tres puestos del chart un libro nuevo, al que ya por la entrevista con el autor -para mí es crucial que me caiga bien el autor, sobre esto me voy a dedicar en otro momento- le tengo mucha fe: Bajo este sol tremendo, de Carlos Busqued. Quien ya me cae muy bien.

En la facultad de Sociales también hay plásticas. Igual, yo parece que me las encuentro en todos lados. Hoy mismo, en Apuntes -adelante mío, por supuesto- había cuatro. En un golpe de vista las reconozco: primero, raramente están solas. Nadie sabe cómo pero al segundo día ya están en grupo con otras iguales -se atraen en cualquier ecosistema- e incluso cursan varias materias juntas, o varios años seguidos. Saben siempre el material que van a pedir, los nombres de los autores. Antes de los parciales te recitan las oraciones tal cual aparecen en el apunte y te hacen sentir que no sabés nada o que no estudiaste suficiente porque -a diferencia de ellas- se quedaron en la casa de alguna tomando mate toda la noche, tal vez fumando Luckys con ansiedad mientras doblan las fotocopias a la mitad para repetir el subrayado. Son de las pocas veces que sabrás qué se dice en ese grupo. El resto de las veces es un murmullo entre ellas, y en muy pocas oportunidades se las descubrirá riendo, nunca fuerte.
Siempre está la que quiere parecer menos obvia y es sobre la que primero se nos va la vista. Tiene el pelo -rubio/ceniza/dorado, jamás amarillo, jamás claro, jamás un solo tono- enroscado, en un rodetito suelto; siempre lacio, siempre limpísimo. Esta suele ser la más linda y la que más lleva a las demás. Nunca habla: sus amigas le piden los apuntes al chico de la fotocopiadora, saben qué se olvidó, le consiguen las cosas. Tiene por lo menos una amiga pegada que es como su versión liquidación: es casi igual, a la distancia, pero si la revisás tiene alguna fallita, una nariz apenas extraña, las manos gorditas, algo. Tanto para ella como para Uno sale mucho la musculosa de algodón larga, los superpuestos, las capitas con picos, el jean holgado de Ona.
También está la plástica que se la quiere dar de excéntrica; es bastante obvio. Es la que las amigas dicen de ella que es la hippie del grupo, suele ser la más feíta pero se dibuja un aura de gustos fuera de lo común de su grupo (que pueden ser, por ejemplo, Mano Negra). Y la cuarta, casi seguro, es la más chiquita y la más putona. Puede ser morocha y tener mucho culo o, pero es una chica seria. De todas maneras, las otras chicas suelen tener algún reparo con la cuarta, porque en el fondo saben que cuando sus novios ya las AMAN a ellas, pero no les tendrían la confianza para que se queden solos con ella, como sí lo tendrían con la Número Dos.
Son las que en el kiosco piden Cepita de manzana ("pero el agua saborizada") y agua-con-gas-tenés. Las que no se quejan por como está el baño, porque como están a dos estaciones de subte se pueden aguantar hasta llegar a su casa. Las que se aparecen en las clases siempre fresquitas, con ocho horas de sueño encima y con cero maquillaje; no les hace falta. No trabajan; y si lo hacen, será alguna cosita que les involucre un par de horas por semana, y seguro sea algo cool, como RRII de algún restaurant del amigo que vivía en Madrid o en el barcito que tiene el papá de su novio. Mucha chalina de colores, ropa suelta sobre el jean gastado de 200 pesos pero que lo tiene hace mil. Bolso grandote, nunca cartera. Es que la plástica de Sociales transita por la disyuntiva de querer encajar sin por eso dejar de resaltar, como lo va a hacer no haya dudas, naturalmente. Entonces ensayan un look relajado, impostan la naturalidad en tonos tierra y neutros vintage de sábado de Plaza Serrano. Su intento cuidado de pasar por girl next door fluoresce en los pasillos gastados por los zapatos de taco bajo cuadrado, rebosante de morley y bolsos tejidos.
A medida que la cursada de las materias requiere más que el CBC, se las va viendo menos. Pero siempre llaman la atención. Entran a una clase y la mayoría de los hombres las miran, inalcanzables, porque nunca saldrán con un estudiante de la misma facu. Menos que menos, de Sociales. Ellas se pueden dar el lujo de estudiar una carrera humanística pero para salir, mejor doctor que licenciado. Los pibes del Centro de Estudiantes ni pierden tiempo intentando entrar en conversación. Ellas caen, a principio y a fin de año, en short, hawaianas y el pelo recién lavado. En cualquiera de los horarios. En invierno, llegan con apenas una carterita, las llaves y algo para escribir (obvio, viven todas cerca; a lo sumo, un Palermo-Algo).
Si queda alguna hacia el final, indefectiblemente, estará en el cuarto piso, haciendo alguna materia de la orientación en Publicidad.

domingo 19 de abril de 2009

Fuegos, de Marguerite Yourcenar

FUEGOS

Lo mismo ocurre con un perro, con una pantera o con una cigarra.

Leda decía: “Ya no soy libre para suicidarme desde que me he comprado un cisne”.

La muerte es un sacramento del que sólo son dignos los más puros: muchos hombres se deshacen, pero pocos hombres mueren.

No puede construirse una felicidad sino sobre los cimientos de una desesperación. Creo que voy a ponerme a construir.

Que no se acuse a nadie de mi vida.

No soporté bien la felicidad. Falta de costumbre. En tus brazos, lo único que yo podía hacer era morir.

Existe un plan general para el universo. Sólo salimos en los momentos sublimes.En el avión, cerca de ti, ya no le tengo miedo al peligro. Uno sólo muere cuando está solo.

Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.

jueves 16 de abril de 2009

BAFICI (II)


Derriere Moi. Fue una pérdida de tiempo, predecible desde la mitad por lo menos, y digna de ir a la tarde a Hallmark o a algún After School Special, si siguieran existiendo. Una chica nueva llega a un pueblito de vacaciones, se hace amiga de otra medio tontita y solitaria, le enseña a fumar, la "introduce en el mundo de las drogas, el sexo y la noche". "La lleva por el mal camino" y termina entregándola a un cafishio. Todo contado de una manera tan poco atractiva; para empezar por la chica inocente que no tiene ningún misterio, ni parece sorprenderle nada. A la otra, redundante de ropa ajustada y negra, delineador, se le adivinan las intenciones demasiado pronto.
Si fuera una historia "vista" o "adivinable" pero estuviera bien contada, al menos no hubiera sido una pérdida TOTAL de tiempo.


El último verano de La Boyita. Es una falla porque quiere hacerse la melancólica, la de todo tiempo pasado fue mejor.
Encima trata un tema (que por el mínimo respeto no voy a develar, pero que se adivina a los veinte segundos de empezada la película) sumamente inusual, y sobre el cual hace muy poco y con resultados mucho mejores trató otra directora argentina. O sea: el mercado termina siendo muy chico para que en tan poco tiempo hablen las dos de lo mismo. Parece un chimento enigmático dicho así.
Pero la película está falsamente estilizada, las actuaciones (sobre todo la madre del chico del campo) son irritantes, los personajes son chatísimos, improbables...
La historia parece que va a un lado (por lo de La Boyita, la infancia, la relación entre las hermanas, que se planteaba un poco más interesante), después agarra otro camino que no tiene nada que ver y parece acordarse del título, de casualidad, sobre la hora con la OBVIA imagen del trailer destruído por un árbol. No quiero ni empezar a pensarlo desde alguna veta un poco más profunda, como el juntadero de lugares comunes que hace del campo (como lugar, ya va adecir algún boludo, "idílico", o de la gente de campo, a quienes con todo el snobismo de alguien que parece más tener campo que vivir en el campo, les grita básicos, atrasados en cada aparición. La nena da muy bien en cámara, pero el protagónico le queda enorme. Y está Pfenning, lamentablemente desaprovechado, sólo porque tiene pinta de gaucho rubión de alguna colonia entrerriana.
Es como si todo el tiempo uno pudiera adivinar lo que la directora nos quiere decir, pero porque se le notan las intenciones, los hilos, pero las imágenes no transmiten nada de eso. "Ah, ahora quiere que me conmueva", "ah, esto me debería dar melancolía".
Es una película forzada y desabrida.
La sala -aclaró Solomonoff cuando la presentaba en la función en que estuve yo- estaba colmada de familiares y amigos. ¬¬
9 to 5. Days in Porn. Es un documental sobre una decena de personajes relacionados con la industria del porno de Los Angeles. La película es muy buena, evita lugares comunes y juicios obvios, sin por esto dejar de dar su punto de vista. La artística suma mucho y como documental va sumando capas de cuestiones y temas sin irse de lo que quiere contar. Podría extenderse en dos o tres películas más si quisiera, podría verse una noche en ISat o en FX, sin problema.
Dos datos:
Uno. Me sorprendieron un par de caras, presentadas como debutantes en el film (Belladona, Sasha Grey) y a quien yo ya conocía, web mediante. Glup. Sasha Grey es un mundo aparte; a esa piba no podés dejar de envidiarle la iniciativa, la creatividad y la locura que tiene a los veinte años.
Dos. Como aclaró el director, no es una película porno sino sobre el porno. Cuando filma las filmaciones (valga la redundancia), en lugar de mostrar al escena completa cierra la cámara sobre una parte y oculta lo obvio.
Dicho lo anterior, hay alguna escena así, muy de cerca y en la que se adivina más de lo que se ve, que calienta más que el hardcore. Y ya que estamos: muy buena onda Jens Hoffman, que estuvo en el MALBA para la proyección y tuvo demasiada paciencia con la incompetente de la "traductora" (que si está laburando en el BAFICI mataría que conociera, de nombre aunque sea, a Steven Sodebergh; no por una cuestión de snobismo sino para que el director no le tenga que decir "Sodebergh es un director de cine muy famoso"... ¬¬) y con las preguntas idiotas de algunos espectadores en el Q&A.

.. To be continued
(Y, sí, un día negativo como hoy era para las pelis malas)
Sí, tal cual. ES Dickie.

lunes 13 de abril de 2009

Pensé mucho en estos días en esas clases de catequesis en las que nos hablaban sobre las vocaciones (no sólo las religiosas). De repente, me asalta la idea de qué hubiera pasado si me detenía a descubrir mi vocación entonces.

¿Viste que hay más opciones que El Muro Infernal?
Una iniciativa de Andrea, ama y señora de goonliving.blogspot.com
Defina, Insulza, Posse.
Apellidos que, por definición, deberían eximirte de la carrera política.

100% de acuerdo.


Plan B. Es una comedia romántica, argentina, nuevita. Es la historia de un pibe a quien su novia lo deja por otro. Cuando no la logra reconquistar, intenta un "plan b": seducir al nuevo novio de su ex, con el objetivo de que él la deje a ella, y la chica regrese a sus brazos. Sucede que la relación que establece el protagonista con el nuevo novio empieza a generarles dudas -y sentimientos- a los dos. Ya con esto cuento suficiente.
Posiblemente sea la que más me gustó de este festival. Gana muchos puntos si uno no sabe qué esperar. Como película está muy bien armada, mantiene el interés del espectador todo el tiempo -con las clásicas idas y vueltas de las comedias románticas-, con planteos inteligentes. Hay un manejo del lenguaje cotidiano -que a mí me parece mucho más difícil de hacer, y que salta también de la pantalla como un chirrido cuando falla-, del modo de hablar que aporta en cuanto a construcción de los personajes: un che, boludo impostado te caga cualquier escena, y eso acá no pasa.
Además, como yo soy un bicho de ciudad, aprecié los planos de las terrazas y los edificios, que es en donde pasan las cosas más importantes de la historia.


Beautiful Losers. Es un documental sobre un grupo de artistas plásticos estadounidenses, con motivo de una exposición que llevaba el mismo título de la película. Allí, va siguiendo las obras y las formas de trabajar de un par de diseñadores, ilustradores, escultores, cineastas; todos artistas que comparten una visión estética y sobre los que vuela un sentido del DIY, influenciado por la cultura skater, punk, pop, los graffitis y las intervenciones urbanas.
Posiblemente, lo mejor que se le pueda sacar son puntas: datos, nombres, algo que llama la atención para correr a Google a seguir averiguando. Que haga una chispa, que toque alguna fibra sensible y uno se vea intrigado a saber más.
Como película, si bien va dirigiendo el interés por los temas que quiere destacar (el "arte", el modo de vida del artista, el amor por lo que hacen, el ingreso al mainstream, etc.) es mejor en cuando decide dejar la cámara quieta y que se calle el que está hablando solo, o hacer foco en el momento del trabajo en lugar de interrogar al protagonista, que de cualquier forma, habla más con lo que hace que con lo que dice. Es un ejemplo de cómo armar un muy buen documental -para no desentonar, tiene una artística y una música muy hermosas-, en particular sobre un tema del que no hay demasiadas referencias.

*_* En este link se puede hacer un paseo por la exhibición. (!)


Food Inc. Como ya dijeron otros, Food Inc es la película que Fast Food Nation debería haber sido.
Y no es solamente porque se abstiene de presentar "todas las campanas", como erraba la película de Linklater (sin por eso esquivar problemas), o porque expone datos, opiniones e información siempre relevante de la mejor manera, sino porque parte de una teoría que shockea desde los primeros minutos. Dice que el problema de la manera en que comemos y de lo que comemos es que se produce en cadena. Como si mezclaras fordismo, taylorismo, cría intensiva y biotecnología y los pusieras adentro de un establo donde no entra la luz. Pero así ya se hace con todo, y el planteo va desde que "cuando compramos una manzana en el supermercado estamos comprando la ilusión de la manzana" (como que está todo decidido en ella) hasta las semillas con copyright de Monsanto sin escalas.
De ahí que, por solo citar dos ejemplos, un gobierno pueda decidir a qué ramas de la agricultura subvencionar para que sea más barato comer un paquete de papas fritas que uno de zanahorias (y que, en consecuencia, los sectores más pobres o las minorías raciales sean los principales afectados por enfermedades derivadas de eso, como la diabetes) o que existan altísimas posibilidades de comer carne contaminada con heces o maíz mal digerido por la vaca.
O sea, no se circunscribe a que "comer carne está mal"; muestra que ya ese modo de producción de la comida alcanzó a casi todos los menúes posibles. Y con esto, es mucho más revolucionaria -planteando, de una, que la solución es cambiar el modelo de producción, ya no sé si de la comida solamente...
Los consejos del final, del tipo "50 cosas que pueden hacer los niños para salvar la tierra", son lo más tibio. Hay maneras muy hábiles -títulos, ilustraciones, animaciones como la del pollo hace 50 años y ahora- de organizar la información y que en este caso, hacen el otro cincuenta por ciento del éxito de esta película.



Waltz With Bashir. Esta vino con trampa entre las elecciones del festival, porque fue la única que fui a ver sabiendo más o menos qué esperar, y ampliamente recomendada (incluida la nominación al Oscar el año pasado como mejor película extranjera); pero cumple y supera.
Ari comienza a tener sueños con una jauría de perros. Cree que son los perros que tuvo que matar cuando combatía en el ejército israelí, a la entrada de un pueblo, para que sus ladridos no alertaran a la gente del lugar del ingreso de su batallón. A partir de eso empieza a rastrear a ex compañeros de batalla para que lo ayuden a recordar qué fue lo que pasó cuando llegaron a ese pueblo, y que está bloqueado en sus recuerdos. A medida que va desenterrando su historia de los relatos de los demás, la película va ganando en lucidez y en locura, al mismo tiempo; nunca mejor expresado que en el momento de locura digna de Apocalipsis Now en la autopista, y que le da el título a la película.
Desconozco cuanto haya de autobiográfico en la historia, pero es un dato que pierde importancia al momento en que las imágenes del final -imágenes de un noticiero cualquiera, sin música, sin efectos- nos recuerdan que pasa ahí, ahora mismo.
La decisión de contar esta historia desde la animación (según tengo entendido, la película se filmó y luego se le dibujó encima... o algo así, me están faltando unos saberes técnicos...) podría haber sido polémica, pero acá termina siendo un invalorable acierto estético que conmueve y golpea aún más con su hiperrealismo.

Breves sobre el BAFICI 09


Voy a ir subiendo comentarios de las películas que ví en el BAFICI este año. Un poco tarde "en idioma blogger" -que debería ser ya-ya-ya- pero tampoco es que había gente dependiendo de mi opinión para verlas o no... :P
Un par de consejos previos, sobre el festival en sí:
* Sacando las entradas antes, especialmente en algún lado que NO sea el Hoyts, economizás tiempo y reducís las posibilidades de esperar en una fila rodeada de gente insoportable que encima de que van por gusto, a un festival de cine, un martes a las dos de la tarde, refunfuñan y seguro te agarran de receptáculo de sus quejas a vos.
Y también, en cierta forma, te obligás a organizarte e ir a las funciones. Porque, de otro modo, sola difícil que salgas un sábado a la tarde con un frío fatal y te tomes tres colectivos para ir a ver una película.
* El hecho de que muchos cinéfilos que van a internarse a las salas en esos días crean que pertenecen a una bohemia creativa y que por tanto deben hacer honor a su diferencia del resto de la sociedad, habilita un dressing code, como mínimo, amplio. En criollo: podés ir vestida con cualquier porquería y con el pelo sucio, que todos van a pensar que es tu estilo.
* Los boleteros son MUY ortivas. Hay que extremar la puntualidad al máximo posible. Los organizadores no siempre tienen en cuenta, para esta loable intención, la demora de la gente saliendo de la sala, los laberintos que hacen las salas, las demoras para empezar una función porque siguen dejando ingresar gente...
* Supongo que la gran cantidad de asistentes (en la semana que estuvo fue el tope de la taquilla, lejos) se explica no sólo por la moda o el esnobismo de ir a ver cine "independiente" (e ir a ver gente que va a ver cine independiente) sino porque, en comparación al precio promedio de las entradas de cine, los tickets eran notablemente económicos. La entrada para estudiantes y jubilados costaba $6; el resto, $8. Se acercaba más a las pelis de la mantita de afuera del Abasto que a la boletería del shopping.
Se me ocurre que también fomenta la costumbre, siempre saludable, de ir al cine a ver qué onda. Con la entrada a $20.-, al momento de elegir por lo menos en mi caso, estoy terminando por ir a que confío que seguro va a estar bueno o a lo que tenga efectos, producción, etc que yo crea que ameriten verse en pantalla grande. O sea, terminás yendo a ver Wolverine -que está en 15843497 salas- y relegando El niño pez al monitor de la compu. Que tiene su encanto, pero no, no es el mismo consumo.
* Asimismo, vi gente que o bien directamente no le interesa nada, o bien se puede decir que perdieron la costumbre -el uso social- de ir al cine. Gente que se para en la mitad, grita o chifla a otros para mostrarles donde sentarse, etc. Y también personas que entran con pizza a la función; ya casos perdidos.
* Al momento de hacer tiempo entre películas, el café frío de McDonald´s es la peor opción. Incluso peor que ese postre con dos (2) galletitas de chocolate cortadas sobre la crema blanca.

lunes 6 de abril de 2009

Va a cumplirse un mes de que empezaron las clases, y estoy como trabada. Como si nunca hubiera empezado.
De hacer el trabajo de periodismo para el martes, ni hablar.

viernes 3 de abril de 2009

Consejos inesperados

Miércoles. Me preocupa un poco de dónde estoy tomando consejos. Mientras esperaba que me atendieran en la peluquería, intercalé la lectura de la facu con Gente (sí, porque leo a Perry Anderson a la par de Gente) y encontré una entrevista a Rolón, el psicólogo que está con Vernaci en la radio y que ahora sacó un libro.
La cuestión es que, cuando le preguntan sobre su infancia, el tipo relata la siguiente anécdota: dice que probó varias profesiones y oficios hasta que, a los 26 años, descubrió que su vocación era la psicología. Se lo contó a su papá, diciéndole "pero no voy a hacer la carrera porque cuando me reciba voy a tener treinta años". Y recibió la siguiente respuesta: "vas a cumplir treinta años igual, estudies o no".


Jueves. En el auto, mi vieja me relata una entrevista que le hicieron a la tarde en Intrusos (?) a Antonio Gasalla. Cuando le preguntan por qué no hacía más cosas, parece que contestó que "yo lo que hago lo tengo que hacer bien, porque es mi capital".
Me sigue preocupando -en más de un nivel, en este caso- de dónde estoy tomando consejos.



Viernes. En el práctico de Taller III me reencuentro con una compañera con la que cursé Comunicación II hace un par de años. Como la mayoría de las veces que te encontrás con alguien casualmente en la facultad, la conversación en algún momento pasa por el inevitable "qué estás cursando". Le conté lo mío: me anoté en cuatro materias, me salieron las cuatro, y ya pienso en darme de baja en una porque no me dan las horas. Sí, sigo viviendo en Lanús. Sí, sigo trabajando. Y además empiezo un curso los sábados.

"Estás loca" - concluye- "es un montón".

La charla sigue muy buena en otras cuestiones, como qué viejas nos sentimos cursando al lado de estos pendejos de veinte años (mis cuatro menos le parecen motivo suficiente para no preocuparme) el final que ella prepara de la materia que hicimos juntas sobre un tema que yo le sugerí, la carrera en general.
"Ahora yo ya prefiero hacer las cosas bien" -concluye- "total, ¿quién me apura? ¿a quién le voy a ir a chapear el título de Licenciada en Comunicación?".
Melina tiene 28, ahora vive sola en Floresta (cuando la conocí vivía con el novio, no me acuerdo donde), es una piba capaz, concentrada, inteligente, buena conversadora, trabaja mucho pero tiene la habilidad de no tomar siempre por el camino más largo. Desde esa otra cursada se me hizo un buen ejemplo al que mirar. Y ahora ella reconoce que estoy haciendo muchísimo; eso me halaga y me hace poner las cosas en perspectiva.
Ya a esta altura me parece que es una cuestión de "motivación mental" (por ponerle un nombre); como eso de que a uno cuando tiene hambre le parece ver kioscos por todos lados, pero igual me sirve.


Domingo, madrugada. Me dí de baja en el Seminario de Informática. Quedará para otro cuatrimestre, así me demore más.






En mi casa, siempre fueron reacios a dar consejos: en todos los temas importantes - y en los menores también- se escudaron desde que tengo uso de memoria en un tibio "lo que vos decidas, va a estar bien", que es una forma muy elegantemente pro de borrarse cuando tu hija te pregunta si lo que eligió estudiar está bien, o si te parece bien que se corte el pelo a cero, o que deje terapia, o si este trabajo está bueno, o si le conviene dejar una materia o no. De no hacerse cargo. Y yo considero que cuando alguien se abre a vos, te confía lo que le preocupa (de hecho, ahora con mis padres no lo hago más; suelo buscar consejo en gente que -en el área que corresponda- me parezca admirable, o que haya logrado más que yo, o que esté encaminada hacia eso... aunque me cuesta mucho encontrarlos y ése es el motivo por el cual pido pocos consejos).
Entonces, para la gente un poco más lanzada, será prueba y error. Para mí, que no dudo en haber heredado algo de esta cobardía, la mayor parte de las veces, se convierte en agachar la cabeza, parir cada decisión -con la esperanza de que algo pase en el medio y otro decida por mí- y demorarme muchas veces más de lo esperable en el resultado.

Me hubiera encantado ser criada en un ambiente en el que me dijera qué tenía que hacer. Primero, porque imagino que resulta mucho más fácil rebelarse. Después, porque -cuando uno tiene ese deseo de agradar a los padres, por ejemplo- terminás probando y esforzándote por demás porque nunca sabés qué es lo que esperan de vos. Y, finalmente, cuando te das cuenta de que, o bien hagas lo que hagas nunca los vas a conformar, o que eso ya no te importa, pasaste tanto tiempo entrenándote en este ejercicio de buscar caer bien que te olvidaste quién sos o qué cosas te gustan a vos.

De todas formas, sigo prefiriendo estos que vienen así, como sin darse cuenta. No sé si es porque, si me hago la distraída -y no tengo en cuenta que son frases que en otro contexto hubieran pasado desapercibidas, pero que hoy elijo hacer copy paste con respecto a un tema que me preocupa-, me genera la sensación de que tomé una decisión yo solita. O que, al revés, todo el universo destinaba hacia eso. O porque no estoy demasiado familiarizada con sentarme a hablar con alguien, pedirle su opinión sobre algo que me preocupa y recibir un juicio empático y sincero del otro lado.

Ahora ya tengo una cosa menos que decidir. Quedan unas novecientas mil. Vamos ganando.