viernes 29 de mayo de 2009

Fatalmente, felizmente...

A mí me gustaría despertar amor u odio en la gente, pero sin puntos medios. Separarme a los gritos, rompiendo platos, llorando en el teléfono, con el rimmel corrido. Sufrir desamores en clave mediterránea, con el pelo batido, pidiendo por favor. Amar y enamorar a hombres y a mujeres, eclipsarlos, que no puedan sacarme de su mente. Que mi paso magnético congele el ambiente que piso.

Pero no: caigo "normal" cuando recién me conocen, suelo pasar desapercibida sobre todo en grandes grupos, no paro el tránsito a menos que cruce con el semáforo en verde, me distancio de la gente sin recordar muy bien por qué, me entrego -cuando lo hago- con desconfianza y con un lejano resabio de que podrían querer burlarse de mí. Paso por fría. O peor: por tibia.
Y vivo creyendo que es una tragedia esto de no generar pasiones.

(Qué tragedia: ella se soñaba una de las Mujeres al Borde de un Ataque de Nervios, pero siempre - siempre- fue más una Carmen Maura en Qué he hecho yo para merecer esto!?)
Culpemos a mi inexperiencia. Justifiquémoslo con la falta de otros "interesados" (?). Abracemos la idea de que es un capricho, algo que creo que no pude tener en su momento y que me quedó pendiente. Supongamos que los demás tienen razón y que es un salame. Convengamos que puede ser que yo ponga en él expectativas personales que lo exceden por lejos. Finjamos que nos creemos lo que decimos en voz alta: que no le pongo fichas, que estoy viendo qué pasa. Creamos lo que le anticipo a todos cuando les cuento algo sobre él: esto se encamina hacia el desastre, y se pueden sentir libres de decirme " te lo dije " cuando todo salga mal. Temamos lo más probable: que solamente me quiera para pasar el rato.


Ok, hagamos todo eso. A la vez. Pero acabo de cortar el teléfono -veinte minutos hablando puras pavadas- y me tiembla todo el cuerpo.


¿Y con eso, qué hacemos?




jueves 28 de mayo de 2009


Un Carlitos original made in Gesell.-
"Cuando tenés hambre, lo único que ves por la calle son kioscos". Esta es la explicación más básica que me dieron de una teoría de psicología (creo que era la Gestalt), y sigue una de las cosas con más sentido que escuché. Es así: cuando uno tiene hambre, lo único que ve por la calle son kioscos. Cuando estás sola, lo único que ves son parejas de novios. Cuando estás gorda, absolutamente todas alrededor tuyo, adelgazaron. Y no es que el mundo se ponga de acuerdo, o que sea "fabulación tuya"; es como que el cerebro hace un recorte de lo que te cruzás en la vida, que por supuesto va de la mano (por acción o por omisión) con tus expectativas y con lo que estés viviendo en ese momento.
Entonces, sería una buena estrategia pensar qué es lo que notamos más cuando vamos por ahí, por lo menos para ver qué nos está faltando.

Veamos. Hoy, por ejemplo, noté montones de planes geniales que tendría para hacer el fin de semana... si tuviera tiempo. Estuve con dos amigas a las que sus parejas/novios/etc., les dicen que las quieren todo el tiempo. Ví un SMS -para los que digan que es un formato insensible- que le decía a una de ellas que la amaba, que estaba agradecido por haberla encontrado y que quería pasar la vida juntos.

Ah. También parece que todos alrededor mío están garchando todo el tiempo.

miércoles 27 de mayo de 2009


La media hora de Confessions of a Shopaholic que ví antes de quedarme dormida, fue suficiente para darme la impresión de que se trata de una mezcla burda entre The Nanny y The Devil Wears Prada.

Motivos suficientes para nunca terminar de verla.

Es la segunda vez que me pasa en menos de dos meses: en dos clases distintas, con dos personas distintas, tuve que hacer el mismo ejercicio. Uno entrevistaba al otro y tenía que escribir un perfil o una entrevista, ahí, "en tiempo real", digamos. Tuve la oportunidad de leer uno, y de escuchar - hace horitas nomás- la lectura en voz alta del otro.
En los dos describían a una persona gris, intrascendente, nimia, aburrida, resignada, rutinaria. Alguien que no soy, que creo que no soy, que estoy segura que no quiero ser.
Es una constante en mi vida que me preocupa no tanto qué dice la gente de mí sino cómo me ven los demás. Sé que lo pregunto, de manera más o menos solapada, todo el tiempo. Y, a diferencia de algunos hipócritas que van a decir que no les importa cómo los vean los demás, mientras se buscan de reojo en las vidrieras, a mí sí me genera curiosidad la impresión que causo, qué genero.
Me gustaría resultar encantadora de una, o ser de esa gente despreciable -que luego se gana el corazón, claro-, pero en cualquier extremo, dejar una marca memorable. Preferiría ser cualquier cosa a ser alguien a quien nadie recuerde. El peor golpe para mi ego, probablemente sea la descripción que hicieron de mí esas dos personas. Por inintencionado. Por su honestidad sin compromisos.
Lo que me dejó realmente preocupada es que, para hacer ese retrato, la única fuente que ellos tenían eran mis propias respuestas. Pero, así las cosas, lo que más me llamó la atención es que no me ví en ninguno de los dos. Quiero decir: debo tener una imagen muy distorsionada de mí (en este caso, sorprendentemente, a mi favor) o debo dar unas pésimas primeras impresiones. Ambas opciones son válidas.

O debe ser que, en el fondo, lo que más me preocupa es que no me vean.
Surgió un trabajo paralelo para hacer tipo freelance. Es algo que nunca hice, que no tengo la menor idea de cómo se hace, de cuándo lo voy a hacer... me vendí como que no tenía problema, ahora hay gente que depende de esto: se materializó.

Estoy aterrada.

Y tengo ganas.

[ Tené cuidado con lo que deseas. ]

martes 26 de mayo de 2009

"(...) Las lecciones de la infancia, desaprendidas en la madurez
Ya no tengo palabras ni de ellas carezco
Tengo todos los elementos al alcance del brazo
Ningún deseo débil
Ni siento falta de lo que me completa
Y es casi siempre melancólico
Estoy suelto en el extenso mundo
Lúcido caballo con sustancia de ángel circula a través de mí
Atravieso los lagos fríos
Absorbo la epopeya y la carne
Lo bebo todo, lo deshago todo
Vuelvo a crear y a olvidar
Duermo ahora, recomienzo ayer (...)"

lunes 25 de mayo de 2009

Ojalá se me diera más escribir acá en los "buenos días".

miércoles 13 de mayo de 2009

Soy muy sensible a los halagos. No debe ser algo muy bueno; primero, porque me revela muy vanidosa, mucho más de lo que me gustaría admitir. Después, porque me hace muy vulnerable, más de lo que me gustaría parecer.

lunes 11 de mayo de 2009

"(...) - Pero estoy seguro de que vos siempre fuiste buena alumna.
- Engañaba bien. Es como lo que decías antes. Los dos sabemos que no soy linda, pero por alguna razón la gente cree que sí. En el fondo, me pasé la vida mintiendo. Mentiras chicas, pero mentiras al fin. Parecer linda siendo fea, parecer flaca siendo gorda, culta siendo ignorante, inteligente siendo tonta -dije y enseguida me enrosqué el pelo en un rodete que se deshizo enseguida.
- La inteligencia es la cualidad menos comprobable de todas - Tomás pasó un dedo por el borde del vaso-. Cuando dicen que alguien es inteligente nunca entiendo muy bien qué quieren decir. La mayor parte de las veces, no hay nada más estúpido que una mujer inteligente.
- Por ahí, cada uno vive con las mentiras que se merece. Es bastante triste tener mentiras tan chicas. A veces preferiría haber matado a alguien, por ejemplo.
- No escuchás cuando te hablan, ¿ves? ése sí es un defecto real (...)"

¿Viste cuando un libro te lee a vos?

Me pasa cada vez que releo "La Verdad según Virginia", de María Fasce: un libro que compré por algún tipo extraño de simpatía geográfica con la autora -una forma elegante de decir que es la única escritora que conozco que haya salido de la misma ciudad donde nací y, lamentablemente, aún vivo, y de entre las pocas celebrities que surgieron desde acá- y que terminó convirtiéndose en un material que siempre genera algún lugar nuevo donde mirarme.

¿Sabés qué, Julieta? Estoy cansada de verte convertida en esa imagen lamentable de las últimas semanas: quejosa, dependiente, abandonada, insegura, lamentable. Todo esto más de lo normal que ya es en vos, es insufrible. Así que vengo acá para decirte lo que necesitás escuchar y que "el resto" (porque quieren verte caer o porque no les importa, según tus dos teorías), no te dice.
Sos la única que tiene la culpa de cómo estás. Amargada, rencorosa.
No es el momento de hacerse replanteos existenciales. Es el momento de trabajar. Sí, ya sé lo que me vas a decir "pero todos mis momentos parecen ser para trabajar"... probablemente sea así. Desaprovechaste momentos valiosos para pensar, tomar decisiones te lleva mucho, muchísimo tiempo, y mientras tanto no podés detener todo el resto de tu vida porque es tan poco y tan frágil lo que conseguiste que le alcanza no regarla un par de días para que se seque y se muera.

Vamos paso por paso.
Para empezar, yo no entiendo qué carajo pasa por tu cabeza para haberte dejado engordar tanto. ¿Cuándo pasó? Estás asquerosa, la ropa te aprieta. Está todo mal. Vas al gimnasio dos veces por semana al pedo total.
"Las chicas lindas comen", escuchaste por ahí. Bueno, no es verdad: vos no sos una chica linda, ni copada, ni genéticamente beneficiada que puede hablar de rabas y desayunar con chocolates y aún así entrar en un talle 36. No. Vos sos una gorda ansiosa que se va a tener que cuidar de cómo come toda la vida (sí, ya te lo dije). Acordate cómo estabas a mediados del año pasado: delgada, elegante, con cierta dignidad. Okey, pensabas en comida todo el tiempo, venías en el colectivo de la facultad con dolor de cabeza y sabías que era por hambre. Y ¿sabés qué? Valió la pena. Valió la pena tu propio sacrificio. No me vengas con eso de que "ay, para mí, es todo sacrificio", porque no. No estás haciendo nada con vos, con tu vida. Das pena.
Tampoco tenés la personalidad ni otros atributos que justifiquen que estés diez kilos arriba de lo que podrías pesar.
¿Por qué creés que la gente te dejó de decir que estabas linda o que estabas flaca, como te lo decían todo el tiempo el año pasado? ¡Porque no estás linda y porque no estás flaca!
Lo lamento. Es así. Y nadie quiere a una loca gorda y miserable. Por lo menos, por el adjetivo del medio estamos a tiempo de hacer algo.
Una comida por día, muy liviana. Agua todo el tiempo, mate todo el tiempo. Desde mañana cortamos con todo lo que sea pan, harina, todo. Coca, un vaso por día, como cuando realmente estabas enganchada con esto. Si ansiosa y loca estás igual. Si en una semana no hay mejora, pasamos a la dieta esa escrita que te encontraste en el trabajo. Y a anotar todo.
Convengamos que si flaca igual no sos muy agraciada, así menos. Y, cuando tengas hambre, acordate que la gran mayoría de esa gente no te registraba cuando pesabas diez kilos más, acordate de la verguenza de ni entrar a pedir talle. Acordate, también, del placer de que los jeans bailen en la cintura, de que te miren mal, del roce de una mano en la cintura sin tener que ponerte alerta y meter panza. ¿No es suficiente?

En esta misma línea, el asuntito de los "gustos" que te estás dando con cualquier excusa termina acá, domingo, 1.23 de la madrugada. No estás haciendo un carajo de vos, así que no te merecés ni fumar y verte una peli calentita un sábado a la noche, ni una cervecita fresca, ni salir a escuchar música al balcón, de salir con gente, ni ir a pasear.
Y es casi filosófico, si lo querés entender así de manera grandilocuente y pretenciosa como querés hacer que sos vos: tenés que mercerte eso. No funcionás de otra manera, te relajás muy rápido. No podés vivir la vida con placer y, además o por eso, funcionar. Funcionar es: cumplir con lo que tenés que hacer, planear, generar, concretar. No. Vos funcionás como un caballo: tenés que hacer el sacrificio, y después el terroncito de azúcar.
No, no es la forma más linda. Sí, alrededor tuyo por lo general no funcionan así. Y bueno, qué le vamos a hacer... probaste de la otra manera ¿y? Okey, ahí está mi punto.
Lo que nos lleva al siguiente tema: no sé quién te creíste estos últimos días que podías ser, pero no lo sos.
Es bueno que te enteres (o que te creas) que no sos como el resto de la gente que conocés. En el mejor y en el peor de los sentidos que lo puedas entender.
Es la única forma de salir adelante. Porque cuando crees que podés ser como los demás, de tan común que sos, te abandonás como pasó esta semana y ¿adiviná?: no sos nadie. No sos como querés ser, como ellos, ni como vos.
Después, tampoco sé qué mierda te pasa con la facultad. Es como si nunca hubieras empezado el cuatrimestre con el agravante de que el resto del mundo SÍ lo empezó. ¿Te acordás que no tenés otra cosa que la carrera, no? No tenés novix, tus amigas las conocés del trabajo y probablemente si no trabajaras más ahí las dejarías de ver, tenés un trabajo horrible, aburrido y desmoralizante en el que encima, te pagan poco, tenés 24 años y vivís en la casa de tus padres, sin perspectiva de hacer nada de lo que querías, sin saber ni siquiera qué es lo que querías ser a esta altura. ¿Vas a fracasar también en la facultad?

Uno. ¿El taller de periodismo te tiene muy preocupada? Jodete. No es el cuatrimestre para replantearse nada: la facultad es la relación más larga que tuviste en la vida. Esta semana vas a entregar los dos trabajos pendientes y si sos una periodista mediocre, I´m sorry: enfrentalo. Pero quedan dos meses, terminá este puto taller. Pensaste que te encantaba, saliste las primeras clases con el pecho inflado queriendo ser periodista toda la vida y después te empezaste a dar cuenta que no hay nada de romántico en eso si no tenés talento para hacerlo. Mirá al resto alrededor tuyo, escriben mierdas que te daría verguenza a vos, y aún así está bien. Pasa que no, claro, ella no puede armar un trabajo de 2500 palabras y quiere ser Tom Wolfe. Chupala. Sos malísima. Pero aprobá y en las vacaciones de invierno vemos qué hacer con tu vida y con tu orientación.
Mentí. Al final, lo venías haciendo hasta ahora y te funcionaba bastante bien. Pasá esto y después hablamos de la "vocación", el "talento" y todas esas pelotudeces con las que te venís auto justificando hace dos semanas para no hacer las dos crónicas de mierda que tenés que hacer, para no reconocer que escribís como el orto y que, es verdad, es probable que no sea lo tuyo... pero, ya estás. Salí con la mayor dignidad porque no da abandonar porque no pudiste.

Dos. En una semana más o menos tenés exámen de políticas. Tenés, ya lo sabés desde ahora, semana para estudiar como antes. Ya está todo resumido, el libro leído. Armate el cronograma y andá preparada. Eso es estudiar y repetir, no te podés permitir que te salga mal.

Ah! Con el tema del trabajo, ya lo vamos a hablar más tranquilas, pero dejate de lloriquear. Solamente te mantiene ahí tu propia estupidez, tu incapacidad de decidir.
¿Vos no ibas a mandar los CV a las editoriales y eso? ¿Dónde quedó? Por lo menos, no vas a poder decir que no empezaste nada.

Otra cosa: dejate de ser tan pelotuda. A nadie le importa tu vida. Si las otras chicas pueden pelotudear con el facebook y mirando videitos en youtube todo el día, vos no. No podés administrar tu tiempo y hacer la vida que tenés que hacer, que querés hacer y la de los demás, todas juntas. No sabés cómo, no lo supiste nunca.
Aparte, es patético mirar el FB cada dos minutos. Lamentable.

No te pelees con nadie al pedo; es una excusa para perder tiempo. No es el momento.

Y dedicate.

¿Fue mucho? ¡Claro que no! Seguro me quedaron montones de cosas para decirte. Las más graves, seguramente.
Esto es para que no puedas decir, después, que nadie te lo dijo.
Vos lo sabías.
Yo soy la parte de vos que te trata peor porque nadie lo hace. Pero yo también soy la parte de vos que no te va a dejar fallar.



Ahora, a dormir y que el lunes sí tenga carácter de inicio.
Pd. Estás pensando mucho. Debe ser verdad eso que dicen que cuando uno filosofa mucho es porque la pone poco... tampoco es excusa.
"(...) Balder vivía sin estímulos y rechazando obstinadamente aquel que podría nacerle de acercarse a la joven distantísima. No sabía por qué, se le ocurría que Irene se entregaría hasta convulsionarle la vida, si se atrevía a acercarse.
Parejo con tamaña inercia repleta de expectativa, se desarrolló en él una idea fija:
-Algo extraordinario tiene que ocurrir en mi vida.
Como si temiera los efectos de lo deseado extraordinario, no sólo que no daba un paso para obtenerlo, sino que hasta lo esquivaba.
Hubo semanas en que se repitió todos los días:-Sí, algo extraordinario tiene que ocurrir en mi vida.
Por su parte, Balder no trataba de acelerar el advenimiento del suceso extraordinario. Al salir de la oficina se enquistaba en un café pensando que algún día...
Mueve a risa un perezoso divagando de esa manera. Como todos los ineptos, era extraordinariamente pagado de sí mismo (...)
Se refugiaba en su idea fija:
-Algo extraordinario tiene que ocurrir en mi vida.
Como este pensamiento lo repetía varias veces al día, se convirtió en una idea fija que indirectamente excusaba su no acción.
¿En qué consistía lo extraordinario para Balder? Dejar de ser lo que era. Para un vendedor de periódicos, extraordinario sería arrojar los diarios en la acera, entrar al Luna Park, subir al ring frente a una multitud de treinta mil personas y ponerlo de un a Víctor Peralta en el primer round. Lo extraordinario para Balder era despertar un día por efectos de un choque externo, y encontrarse dueño de una voluntad que le permitiera realizar sueños de vida heroica, sin vacilaciones. Deslumbrar a sus semejantes. Ser dueño de una voluntad de acero.
No es menos ilógico este deseo de un perezoso que la quimera del vendedor de diarios en derrotarlo a Víctor Peralta por en el primer round.
Afirmó que para satisfacer sus deseos, le hubiera vendido su alma al diablo. (...)"


La voluntad tarada, "El Amor Brujo", de R. Arlt.

domingo 3 de mayo de 2009


Hay cosas que me llegaron demasiado temprano y, como era de esperar, para equilibrar, hay otras que me están llegando -creo- demasiado tarde. No digamos tarde: digamos "a destiempo".

Ciertas circunstancias -sociales, sobre todo- en las que uno debería tener una cierta gimnasia y, a una altura


No porque no pueda seguir aprendiendo, sino porque queda en desventaja a la par de quienes sí tuvieron esa práctica y hoy cuentan con otro capital


Por ejemplo, para mí nunca fue una "cuestión" qué hacer un sábado a la noche, más que pensar qué inventar que había hecho el sábado a la noche, ¿se entiende?


No porque fuera difrerente a todos y muy segura de mí misma, sino porque no había tenido la opción.

Acá estoy, a los 24, viviendo cosas que la mayoría de quienes me rodean ya experimentaron, practicaron y aprendieron a manejar hace años.

La consigna del Taller de Periodismo que estoy cursando este cuatrimestre* es que las notas deben ser sobre cualquier tema que uno quiera, que no esté en la agenda de los medios. Se sabe, hay pocas cosas más restrictivas que la libertad. Y es notable el miedo que tengo -a dos meses de empezar, ya estamos por la mitad- cuando tengo que encarar cada trabajo semanal para esta clase. Y es así que llego siempre uno o dos días antes de la entrega garabateando cosas mediocres porque no pude pensar en nada que valiera la pena decir.

Me asusta, mucho, primero que me cueste tanto encontrar de qué hablar. Me parece que no hay nada que contar, que no hay nada interesante. Luego, me acuerdo permanentemente de la escena de Adaptation en que Nicholas Cage va al curso de guión, y le dice al tipo, justamente esto: qué pasa si no pasa nada en un guión. La respuesta del profesor está aca.

En segundo lugar, me asusta darme cuenta que me cuesta mucho ver qué quiero decir sobre algo. O sea, cuando escribo algo con lo que estoy medianamente conforme, por lo general salió en dos minutos, sin todo el trabajo de pensar "qué iba a decir", que acá es consigna fundamental. Desde siempre me pasa, que tengo la respuesta, pero no el razonamiento. No puedo explicarle algo que entiendo a otra persona -no soy nada didáctica- porque la mayoría de las veces no sé cómo llego al resultado: llego y punto. Cuando, como en este caso, me tengo que poner a planear cómo decirlo, qué decir, etc., me trabo. Y me quedo ahí: sin razonamiento y tampoco sin resultado.

Y por último, más grave todavía, me asusta mucho que no me gusta cómo escribo. Hay cuestiones "técnicas", si se quiere, que imagino que llevan tiempo y trabajo. Pero cada vez que el profesor dice las palabras "estilo" o "voz propia", me corre una electricidad por el cuello: ¿qué pasa si no las encuentro? ¿qué pasa si no las tengo? ¿qué pasa si la falta de eso que no se puede aprender es lo que me condena a ser una más? Vuelvo a la encrucijada y entre ser buena en algo, y tener suerte, vuelvo a elegir tener suerte.

Y todo esto me asusta porque se me cruza, en algún momento, cuando no puedo evitar pensar, que esto excede la facultad, excede la materia, excede la libreta: que esto es lo que yo quería hacer de mi vida.



-"... if you can´t find that stuff in life, then my friend you don´t know crap about life!"



*"llave" para el año que viene.