
¿Sabés qué, Julieta? Estoy cansada de verte convertida en esa imagen lamentable de las últimas semanas: quejosa, dependiente, abandonada, insegura, lamentable. Todo esto más de lo normal que ya es en vos, es insufrible. Así que vengo acá para decirte lo que necesitás escuchar y que "el resto" (porque quieren verte caer o porque no les importa, según tus dos teorías), no te dice.
Sos la única que tiene la culpa de cómo estás. Amargada, rencorosa.
No es el momento de hacerse replanteos existenciales. Es el momento de trabajar. Sí, ya sé lo que me vas a decir "pero todos mis momentos parecen ser para trabajar"... probablemente sea así. Desaprovechaste momentos valiosos para pensar, tomar decisiones te lleva mucho, muchísimo tiempo, y mientras tanto no podés detener todo el resto de tu vida porque es tan poco y tan frágil lo que conseguiste que le alcanza no regarla un par de días para que se seque y se muera.
Vamos paso por paso.
Para empezar, yo no entiendo qué carajo pasa por tu cabeza para haberte dejado engordar tanto. ¿Cuándo pasó? Estás asquerosa, la ropa te aprieta. Está todo mal. Vas al gimnasio dos veces por semana al pedo total.
"Las chicas lindas comen", escuchaste por ahí. Bueno, no es verdad: vos no sos una chica linda, ni copada, ni genéticamente beneficiada que puede hablar de rabas y desayunar con chocolates y aún así entrar en un talle 36. No. Vos sos una gorda ansiosa que se va a tener que cuidar de cómo come toda la vida (sí, ya te lo dije). Acordate cómo estabas a mediados del año pasado: delgada, elegante, con cierta dignidad. Okey, pensabas en comida todo el tiempo, venías en el colectivo de la facultad con dolor de cabeza y sabías que era por hambre. Y ¿sabés qué? Valió la pena. Valió la pena tu propio sacrificio. No me vengas con eso de que "ay, para mí, es todo sacrificio", porque no. No estás haciendo nada con vos, con tu vida. Das pena.
Tampoco tenés la personalidad ni otros atributos que justifiquen que estés diez kilos arriba de lo que podrías pesar.
¿Por qué creés que la gente te dejó de decir que estabas linda o que estabas flaca, como te lo decían todo el tiempo el año pasado? ¡Porque no estás linda y porque no estás flaca!
Lo lamento. Es así. Y nadie quiere a una loca gorda y miserable. Por lo menos, por el adjetivo del medio estamos a tiempo de hacer algo.
Una comida por día, muy liviana. Agua todo el tiempo, mate todo el tiempo. Desde mañana cortamos con todo lo que sea pan, harina, todo. Coca, un vaso por día, como cuando realmente estabas enganchada con esto. Si ansiosa y loca estás igual. Si en una semana no hay mejora, pasamos a la dieta esa escrita que te encontraste en el trabajo. Y a anotar todo.
Convengamos que si flaca igual no sos muy agraciada, así menos. Y, cuando tengas hambre, acordate que la gran mayoría de esa gente no te registraba cuando pesabas diez kilos más, acordate de la verguenza de ni entrar a pedir talle. Acordate, también, del placer de que los jeans bailen en la cintura, de que te miren mal, del roce de una mano en la cintura sin tener que ponerte alerta y meter panza. ¿No es suficiente?
En esta misma línea, el asuntito de los "gustos" que te estás dando con cualquier excusa termina acá, domingo, 1.23 de la madrugada. No estás haciendo un carajo de vos, así que no te merecés ni fumar y verte una peli calentita un sábado a la noche, ni una cervecita fresca, ni salir a escuchar música al balcón, de salir con gente, ni ir a pasear.
Y es casi filosófico, si lo querés entender así de manera grandilocuente y pretenciosa como querés hacer que sos vos: tenés que mercerte eso. No funcionás de otra manera, te relajás muy rápido. No podés vivir la vida con placer y, además o por eso, funcionar. Funcionar es: cumplir con lo que tenés que hacer, planear, generar, concretar. No. Vos funcionás como un caballo: tenés que hacer el sacrificio, y después el terroncito de azúcar.
No, no es la forma más linda. Sí, alrededor tuyo por lo general no funcionan así. Y bueno, qué le vamos a hacer... probaste de la otra manera ¿y? Okey, ahí está mi punto.
Lo que nos lleva al siguiente tema: no sé quién te creíste estos últimos días que podías ser, pero no lo sos.
Es bueno que te enteres (o que te creas) que no sos como el resto de la gente que conocés. En el mejor y en el peor de los sentidos que lo puedas entender.
Es la única forma de salir adelante. Porque cuando crees que podés ser como los demás, de tan común que sos, te abandonás como pasó esta semana y ¿adiviná?: no sos nadie. No sos como querés ser, como ellos, ni como vos.
Después, tampoco sé qué mierda te pasa con la facultad. Es como si nunca hubieras empezado el cuatrimestre con el agravante de que el resto del mundo SÍ lo empezó. ¿Te acordás que no tenés otra cosa que la carrera, no? No tenés novix, tus amigas las conocés del trabajo y probablemente si no trabajaras más ahí las dejarías de ver, tenés un trabajo horrible, aburrido y desmoralizante en el que encima, te pagan poco, tenés 24 años y vivís en la casa de tus padres, sin perspectiva de hacer nada de lo que querías, sin saber ni siquiera qué es lo que querías ser a esta altura. ¿Vas a fracasar también en la facultad?
Uno. ¿El taller de periodismo te tiene muy preocupada? Jodete. No es el cuatrimestre para replantearse nada: la facultad es la relación más larga que tuviste en la vida. Esta semana vas a entregar los dos trabajos pendientes y si sos una periodista mediocre, I´m sorry: enfrentalo. Pero quedan dos meses, terminá este puto taller. Pensaste que te encantaba, saliste las primeras clases con el pecho inflado queriendo ser periodista toda la vida y después te empezaste a dar cuenta que no hay nada de romántico en eso si no tenés talento para hacerlo. Mirá al resto alrededor tuyo, escriben mierdas que te daría verguenza a vos, y aún así está bien. Pasa que no, claro, ella no puede armar un trabajo de 2500 palabras y quiere ser Tom Wolfe. Chupala. Sos malísima. Pero aprobá y en las vacaciones de invierno vemos qué hacer con tu vida y con tu orientación.
Mentí. Al final, lo venías haciendo hasta ahora y te funcionaba bastante bien. Pasá esto y después hablamos de la "vocación", el "talento" y todas esas pelotudeces con las que te venís auto justificando hace dos semanas para no hacer las dos crónicas de mierda que tenés que hacer, para no reconocer que escribís como el orto y que, es verdad, es probable que no sea lo tuyo... pero, ya estás. Salí con la mayor dignidad porque no da abandonar porque no pudiste.
Dos. En una semana más o menos tenés exámen de políticas. Tenés, ya lo sabés desde ahora, semana para estudiar como antes. Ya está todo resumido, el libro leído. Armate el cronograma y andá preparada. Eso es estudiar y repetir, no te podés permitir que te salga mal.
Ah! Con el tema del trabajo, ya lo vamos a hablar más tranquilas, pero dejate de lloriquear. Solamente te mantiene ahí tu propia estupidez, tu incapacidad de decidir.
¿Vos no ibas a mandar los CV a las editoriales y eso? ¿Dónde quedó? Por lo menos, no vas a poder decir que no empezaste nada.
Otra cosa: dejate de ser tan pelotuda. A nadie le importa tu vida. Si las otras chicas pueden pelotudear con el facebook y mirando videitos en youtube todo el día, vos no. No podés administrar tu tiempo y hacer la vida que tenés que hacer, que querés hacer y la de los demás, todas juntas. No sabés cómo, no lo supiste nunca.
Aparte, es patético mirar el FB cada dos minutos. Lamentable.
No te pelees con nadie al pedo; es una excusa para perder tiempo. No es el momento.
Y dedicate.
¿Fue mucho? ¡Claro que no! Seguro me quedaron montones de cosas para decirte. Las más graves, seguramente.
Esto es para que no puedas decir, después, que nadie te lo dijo.
Vos lo sabías.
Yo soy la parte de vos que te trata peor porque nadie lo hace. Pero yo también soy la parte de vos que no te va a dejar fallar.
Ahora, a dormir y que el lunes sí tenga carácter de inicio.
Pd. Estás pensando mucho. Debe ser verdad eso que dicen que cuando uno filosofa mucho es porque la pone poco... tampoco es excusa.