sábado 27 de junio de 2009

Tina Fey, robate este post (?)


La semana pasada, que ya estaba todo más o menos como el orto, pero con más expectativas, fui a comprar películas. Y me obligué a elegir, entre las que llevara una que no conociera pero que me pareciera una película de esas que no veo casi nunca: una comedia romántica, predecible, rosa, amor, noches, caballos, etc. Así que ví una con Joaquin Phoenix, de la que no había escuchado hablar. Le pusieron Entre Dos Amores: un joven debe debatirse entre la chica con la que sus padres quieren que se case y su vulnerable vecina. Bla Bla. Levanté una ceja: cumplía los requisitos. Ademas, él me gusta. Estaban también Gwyneth Paltrow y la de Million Dollar Baby* en la tapa del DVD, también me caen bien. Me llevo esta.

Así que hoy pasé por el balcón, me comí un pedazo gigante de torta, tomé unos mates y me dispuse a verla. Pasaron cinco minutos de película y empezó con el pibe intentando suicidarse tirándose de un puente, y los padres hablando de su transtorno bipolar.

Y tuve la necesidad de parar la película y venir a ponerlo acá porque siento que, a veces la vida tiene un raro sentido del humor, y otras directamente se me caga de risa en la cara.



* Update: No, no es ni ahí Hillary Swank. Cualquiera.

** Update 2: En algo tenía razón: la película era bastante chota. Pero se puede usar para pensar una teoría bastante interesante sobre como siempre las relaciones están armadas de a tres y como somos la sobra de otro (?). Muy alentador.
Lo que más me duele, al contrario de lo que me hubiera imaginado, no es que él probablemente esté con la cabeza en otra persona. No me jode no poder contarle a mis amigas con orgullo que alguien así -alguien que a mí me gustaba de esa forma, y después de tanto, por fin- me presta atención. Ni contemplo la opción de que fuera un capricho porque no lo podía tener. No puedo ni echarle la culpa a él.

Lo que más me duele es que me parece que estoy enamoradísima, ciega por primera vez a todo lo racional y él no está enamorado de mí. Así de simple. Algo que no depende de mí (ni tampoco de él), que no se puede analizar, no se puede cambiar.
(Eso, y que si me llamara en cinco minutos, como dice la canción, me baño y voy directo a su casa...)

- Las cosas que no son del mundo de lo concreto estallan contra el piso cuando bajan- pensó, como si fuera una genialidad.


Lamento que esto también vaya a pasar...


( Se que todo viene demasiado críptico, pero por ahora es la única forma que me sale de tratarlo. )

jueves 25 de junio de 2009

Es tan largo, tan complejo, tan rico en detalles, tuvo tal influencia en quien soy ahora, que no puedo ni empezar a hablar de él.

Además, no quiero rearmar todo en mi cabeza para darme cuenta cuál fue el momento preciso en que, en criollo, la cagué.

viernes 19 de junio de 2009



Definición de Paranoia: Pensar que la psicóloga me pone fichas con el chico que me gusta porque quiere que todo fracase, y que yo necesite más sesiones.

miércoles 17 de junio de 2009

Cambio de eje

Un compañero de clase dijo hoy, con mucha razón: "lo que no tienen en cuenta estas materias es que nosotros no somos estudiantes que trabajan, somos trabajadores que estudian".
Hoy tuve un momento digno del blog de Fumado cuando, entre clases, salí a dar una vuelta por Parque Centenario y me encontré con estos dos negocios: "¡¡¡!Qué ravioles!!!" en una esquina y "ViZios", en diagonal, enfrente.

Debo la foto, aunque arriesgo que me va a costar acordarme dónde era...

lunes 15 de junio de 2009

No da que una psicóloga se llame Norma o Lidia.
No da.



Bill: As you know, l'm quite keen on comic books. Especially the ones about superheroes. I find the whole mythology surrounding superheroes fascinating. Take my favorite superhero, Superman. Not a great comic book. Not particularly well-drawn. But the mythology... The mythology is not only great, it's unique.

The Bride: [who still has a needle in her leg] How long does this shit take to go into effect?

Bill
: About two minutes, just long enough for me to finish my point. Now, a staple of the superhero mythology is, there's the superhero and there's the alter ego. Batman is actually Bruce Wayne, Spider-Man is actually Peter Parker. When that character wakes up in the morning, he's Peter Parker. He has to put on a costume to become Spider-Man. And it is in that characteristic Superman stands alone. Superman didn't become Superman. Superman was born Superman. When Superman wakes up in the morning, he's Superman. His alter ego is Clark Kent. His outfit with the big red "S", that's the blanket he was wrapped in as a baby when the Kents found him. Those are his clothes. What Kent wears - the glasses, the business suit - that's the costume. That's the costume Superman wears to blend in with us. Clark Kent is how Superman views us. And what are the characteristics of Clark Kent. He's weak... he's unsure of himself... he's a coward. Clark Kent is Superman's critique on the whole human race. Sorta like Beatrix Kiddo and Mrs. Tommy Plimpton.

The Bride
: Aso. The point emerges.

Bill
: You would've worn the costume of Arlene Plimpton. But you were born Beatrix Kiddo. And every morning when you woke up, you'd still be Beatrix Kiddo. Oh, you can take the needle out.

The Bride
: [does so] Are you calling me a superhero?

Bill
: I'm calling you a killer. A natural born killer. You always have been, and you always will be. Moving to El Paso, working in a used record store, goin' to the movies with Tommy, clipping coupons. That's you, trying to disguise yourself as a worker bee That's you tryin' to blend in with the hive. But you're not a worker bee. You're a renegade killer bee. And no matter how much beer you drank or barbecue you ate or how fat your ass got, nothing in the world would ever change that.

domingo 14 de junio de 2009

Se dice de mí...

Dice bastante de mí que éstas sean, a mi gusto y sin ningún orden, algunas de las mejores historias de amor del cine...

# Mejor... imposible
# La secretaria
# Contra la Pared
# Annie Hall

# Átame!

# Kill Bill

# Perdidos en Tokio
# Buenos muchachos
# Chasing Amy

# Los paranoicos

# Toda la verdad acerca de perros y gatos
# El espejo tiene dos caras


(Contra-ejemplo: # Amelie)


¿Con este molde, cómo conformarse con un amor tradicional?

Creo en...



_ las tres palabras que coronan este blog, a repetir como un mantra: "también esto pasará".

_ que siempre la "ida" parece más larga que la "vuelta" (esto tiene, en realidad, una explicación lógica que queda para otro día).

_ que en la mayoría de los momentos de la vida se puede aplicar algún momento de Los Simpsons.

_ que todo está mal distribuido, pero todo tiende a equilibrarse (también tiene lógica que vayan las dos juntas).

_ que todo tiene que ver con Lost. O que Lost tiene que ver con todo.

_ que se la pasa mejor adentro de la pantalla del cine que afuera.

_ que no hay segundas oportunidades. Hay nuevas oportunidades, como mucho. Eso de que el río nunca es el mismo río dos veces.

_ que con la gente es mejor arrancar con desconfianza y que vayan avanzando posiciones.

_ que no vale la pena intentar que algunas personas cambien. Hay un dicho, creo que ruso, que advierte que no le tratemos de enseñar a cantar a un chancho: no vas a consguir que lo haga, y encima, vas a cansar al chancho.

_ que los que te dicen que si vivieran de nuevo su vida, harían exactamente lo mismo, no son gente de confiar.

_ que una moral flexible es más restrictiva que una moral rígida (pero mucho, mucho más estimulante).

_ que dejamos en manos de la suerte más de lo que queremos aceptar y menos de lo que deberíamos.

_ que el que entra primero por el cerebro, después puede hacerlo por cualquier otro lado.

_ que todos los finales son relativos. Y en la frase de Marx, que dice que en la naturaleza como en la Historia, de toda podredumbre nace vida.

"Malgasté al tiempo, y ahora el tiempo me malgasta así", decía Shakespeare, seguramente en un lenguaje un poco más agraciado. Es una gran verdad de la vida. Esa y que todo está mal distribuido; porque todo está mal distribuido, especialmente, el tiempo. Pensemos en lo que hemos internalizado como tiempo de ocio/tiempo de trabajo. Pésima distinción. ¿Cómo se explica que a cuarenta semanas de trabajo hayamos aceptado que le corresponden quince días de "descanso" (en los que, por supuesto, estamos obligados a descansar... o a exprimir los días para que no nos quede sin hacer nada de lo que no vamos a poder hacer el resto del año).
Los momentos de entrada en la supuesta vida "de adulto" de uno en que no le alcanzan las 24 horas para comerdormirestudiartrabajarsalirbañarseleerunlibroetcétera, contrastan con los tiempos muertos que teníamos después del colegio, tardes eternas que no tenemos muy claro cómo llenábamos, y que encima juegan con la ventaja de haber quedado cristalizadas mucho atrás como momentos ideales (no importa si, en verdad, nos aburríamos de mirar por la ventana o de vestir y desvestir a las barbies).
El tiempo, por ser arbitrario por definición y pensado para ser demandante, debe estar mal distribuido. Lo que para mí es muy poco, para vos es una vida. Es el clásico ejemplo de los minutos que se amasan como horas eternas en una sala de espera; de la contraparte de los momentos que de tan esperados desaparecen de lo rápido que pasan, cuando finalmente pasan.

Y yo "pierdo" mucho tiempo. Algo de ese tiempo, sin mucha opción: trato de no hacer la cuenta de la cantidad de horas que paso en el colectivo ida y vuelta, porque me costaría mucho juntar fuerzas para levantarme si lo pensara dos veces. Otros, los que me traen problemas, son los momentos en los que durante o después me asalta la culpa como un baldazo de agua fría: esas horas enteras -cada vez son más- en que no quiero hacer nada. No quiero pensar en nada. No quiero producir. No quiero que se puedan medir por lo que sale de ellas. Quiero que todo se pare- I would like to fix this world, but I´m so lazy, me canta Kevin Johansen.
Sucede que las disfruto pero cuando vuelvo al mundo del resto de la gente, el tiempo no se detuvo para mí ni para nadie, y lo único que tengo son las mismas obligaciones de siempre, con menos plazo para hacerlas, y acicateada por sentimientos horribles, como la frustración, la culpa o la envidia de los que ya tienen todo hecho.

A tres semanas de haber empezado este cuatrimestre, dejé el seminario de informática y sociedad. Son unas clases sobre filosofía, que requieren una inversión de tiempo para leer y pensar que me resultaba descomunal en abril. Eso, y que jamás podía salir del trabajo y llegar al teórico sin que hubiera empezado y me esperara una hora y media tomando apuntes en el suelo.
La cuestión es que ahí le dedican toda una unidad al tema del tiempo. Hablaban, por ejemplo, de En busca del tiempo perdido (que tiene las dimensiones de un par de Biblias apiladas y que dudo que en un mediano plazo pueda leer -sí, sí, sí, adivinaron- por falta de tiempo), de cómo en esa novela diferentes sentidos retrotraen al protagonista a los distintos momentos importantes de su vida; y de cómo eso era una ruptura de la organización lineal del tiempo porque iba y volvía en función, ponele, de que el tipo se comía una madalena mojada en el té y eso le hacía acordar a cierto momento de su vida.
(Sí, todo tiene que ver con Lost; esa va camino a ser una nueva máxima.)

El recuerdo debe ser el último espacio de resistencia, pienso, mientras una canción, una frase, un sabor, cualquier cosa, todas las cosas me estallan en links interminables cuando no los tengo que pensar, y sobre los que no puedo resistir la tentación de salir a pasear.
En la programación "lógica", capitalista, programática del tiempo, a esto se le llama perder el tiempo. Pero hay un momento en que esas redes se me aparecen casi físicamente, cuando con los ojos cerrados soy capaz de tener una visión global, amplia, relacional de lo que pienso. Y, claro, es muy difícil rearmarla e incluso expresarla en la continuidad de un renglón, que obliga a poner una palabra antes de la siguiente. (Estoy al tanto de que suena a reflexión de fumada.)

Últimamente, estoy teniendo problemas con algo que para mí nunca fue un problema: la organización del tiempo. "La organización vence al tiempo", decía el General (y mirame como te pongo a Chekspier y a Perón con diferencia de párrafos, nomás). Ojalá tuviera razón Pocho, pienso ahora que estoy sentada adelante de la pantalla hace tres horas, con todo armadito lo que tengo que hacer con urgencia -eso que nadie más puede hacer por mí y sobre lo que no se puede pedir prórroga- aunque, en cambio, ya me maquillé, programé el rss para los blogs, puse a lavar la ropa, ordené todos mis archivos de música, me pinté las uñas. Nada, ni remotamente cerca de lo que tengo que hacer. Es así, en dos días tengo un parcial lapidario y una investigación que entregar, también definitiva de cursada, de la que tengo conocimiento hace un mes y que todavía no pasó los dos párrafos. Y aquí me tienen, wasting my time just thinking of you. Y en todo lo demás también.
Me empiezo a dar cuenta de que, o es un tema de que soy irresponsable y demasiado confiada en que va a terminar saliendo más o menos todo como yo quiero, o es que no estoy viviendo el tiempo de manera lineal, programada, útil como se supone que debería para no estar a las corridas permanentemente.

Porque el tiempo es el debo: el tengo que. La prioridad, la obligación, el llegar tarde, el se agota.
Y es que -siguiendo con esta autoterapia de colchón- estoy en un momento en que me siento demasiado atada, que siento que siempre me sentí demasiado atada y que no quiero obedecer de manera tan estricta a un debo que me inventé yo sola. Tarde para darme cuenta: ahora no sé cómo se hace para no estar regido . ¿La máquina me habrá calado tanto? ¿Seré la máquina?- pienso con temor, mientras me doy cuenta que me estoy yendo por las ramas otra vez.

Se me ocurre, muy lejos de lo que debería estar pensando, que lo primero para la libertad debería ser apropiarse del tiempo.

martes 9 de junio de 2009


En momentos como este, es cuando más me odio. Estoy pensando todo el día en él, en qué lindo esos días que hablábamos todo el tiempo, en por qué no se muere por hablar conmigo, en qué ganas tengo de verlo, en lo bien que la pasé (¿pasamos?)... estoy todo el día con ese murmullo de fondo. También pienso, es cierto, qué hice mal en el trayecto hasta acá.
Y cuando, finalmente, se conecta, me habla él... no tengo nada que decir. Me trabo. No se me ocurre nada, soy un embole. No digo nada divertido, ni pasatista. No entretengo. No digo tampoco lo otro: que tengo ganas de tenerlo cerca, que no me animo a invitarlo a salir...
Soy una idiota, sigo portándome como una nenita de trece años.

Me termino dando la razón cuando digo que no soy suficiente para un tipo así.

( Sigue siendo como en Ripley: aparece Dickie, te presta atención y sale el sol. Después, se entretiene con otra cosa y hace frío, mucho frío... justo lo que precisaban mis constantes atisbos de bipolaridad... )

Me quiero matar, ¿a qué edad era que terminaba la adolescencia?

lunes 8 de junio de 2009

Yo no quiero un Mr. Big.

Yo quiero un Mr. Grey.

domingo 7 de junio de 2009

"¿Es que acaso eso te concierne?"

Volví a leer algunos párrafos de Memorias de una joven formal, libro que descubrí hace unos meses y que ya está entre mis preferidos. Abrí en la parte que Simone cuenta que decide escribirle una carta a Jacques -ese chico que siempre le había gustado-, contándole como se siente. Y que, al momento de hacerlo, no se puede sacar de la mente esa frase ("Te quiero. ¿Es que acaso eso te concierne?"), que no le dice a él, pero se justifica, al pie de la página, por el miedo al ridículo que paralizó su infancia. "Quizás me encuentres ridícula, pero me despreciaría si no me atreviera a serlo alguna vez".

La respuesta de Jacques es doblemente fascinante: no le escribe, ella se vuelve loca de incertidumbre mirando el buzón diez veces por día y, cuando la ve meses más tarde, le entrega en mano su respuesta. "Porque quería que quedara entre nosotros", le confesará sonrojado antes de que ella pueda leer un papel que encabeza con "¿Es que acaso eso te concierne?"

Después, se sabe, no terminan juntos. Él no está enamorado de ella, aunque consideran que tienen una amistad excepcional. Ella madura y conoce a Sartre, que le da la bienvenida al final del libro, y al comienzo de todo lo demás, con esa frase aún más inmejorable: "A partir de ahora la tomo entre mis manos".

Llegó el viernes a la noche y seguía sin noticias de él. Me excusé de dos posibles salidas grupales que nunca se hicieron, la clase terminó media hora antes y yo solamente quería estar en mi casa. Cenada, bañada, dispuesta y con mucho para hacer, pasaron dos o tres horas más hasta que acepté que, esa noche, no iba a poder estudiar, pensar ni programar nada.
Busqué la bolsita que me dió la última vez que nos vimos: quería sentirlo cerca. Con paciencia, con la mente en blanco, piqué un poco y armé un cigarrillo finito, prolijo, perfecto: una obra de arte de esas que, adelante de la gente, nunca me salen. Qué costumbre asquerosa la de fumar; cuando inventen la marihuana en pastillas, voy a ser la primera que corra a seguir manteniendo a los laboratorios. Me animé al piso frío del balcón y lo encendí con la primer pitada. Quería sentir el humo espeso circulándome en la boca: quería sentirlo así. Me acordé de nuestra primera salida: en una esquina me abrazó, yo cerré los ojos, él dio una pitada a su cigarrillo y me ordenó abrir la boca. Me dijo como se llamaba ese beso, dato que por supuesto me olvidé, porque siempre olvido las cosas importantes, con el atenuante de que en esa oportunidad, estaba muy nerviosa, más de lo habitual. Con las dos bocas entreabiertas, en esa esquina cualquiera de Palermo, me pasó el humo blanco sin soltarme. Yo no quería estar en ningún otro lado. Después, hice lo mismo que hago con las cosas importantes que me pasan: vuelvo sobre la escena, la armo y la desarmo tantas veces en mi cabeza, como si la estuviera rumiando. Le agrego cosas, la repito, modifico lo que creo que debería haber dicho. La reescribo hasta no tener claro donde está el límite entre el recuerdo y la fantasía.
Volví al cuarto y, entre el cansancio de toda la semana sin dormir, los recuerdos manoseados y el cigarrillo, ni siquiera hice a tiempo de poner un CD. Revisé otra vez la casilla de mails vacía, apagué la compu y me tiré en la cama. Tenía el cuerpo pesado y liviano a la vez, y sentía que no necesitaba pensar más ni -por lo menos, por esa noche- inventarme una escena para olvidarme que me iba a dormir sola, y no sólo físicamente.
Cuando me desperté, veinte horas después, tampoco había novedades.

jueves 4 de junio de 2009

Zapping Zone


_ No sé en qué anda Los Exitosos Pells, de la que nunca ví un capítulo entero. Pero Diego Ramos es grosso, muy grosso. Hace todo bien. Me da gusto verlos a Reinhold y a Mex actuando, sobre todo al último que hace medio de garca (también está bueno el programa que tiene a la medianoche en Canal 7, Laboratorios Dormevú). Claudia Fontán se la banca, me cae bien desde Infómanas.
Por ellos -quizás también por Chichita Uriarte-, la vería pero LolaPadilla ya me resulta insufrible.

* Spinoff: escuché via youtube Ambulancia, la banda de Mike Amigorena y me gustó. Mucho. Y él está lo suficientemente pirucho para caerme bien.

_ Ví el episodio piloto de Mitos, la ¿miniserie se le dice? ¿unitario? de la productora de Gastón Pauls. En un primer capítulo, solamente se puede prejuzgar, así que aquí vamos. Protagonizan Germán Palacios -en plan mix Historias de Sexo de Gente Común y Tumberos- y Florencia Raggi - que trabaja mejor de lo que hubiera pensado, pero aún así se nota que mucho no le cuesta hacer de una señora que está al pedo en un barrio cerrado y vive del marido mientras se preocupa por hacermuchodeporte y nocomerconsal-. Tres cosas:

* Vil Metal. Está bien segmentado y elegido el público, lo que lo hace muy vendible como producto. Treintaypico ABC1, adolescentes de los ochenta. Por reflejo o por aspiracional, aplica para un grupo de consumo de nivel bien alto, que encima por la edad van a poder gastarla. Empieza auspiciando BMW y Dietrich; de ahí, para abajo. Bien pensado.

* La frase "la plata no hace la felicidad": enunciarla implica tener, o haber tenido por lo menos, plata (al nivel que sea). O sea, para ver si hace la felicidad o no, primero hay que tenerla. Un lugar común muy común, pero en su origen es una declaración de principios.

* La música es chotísima. Burda, sin guía, obvia. (zzzz) Y, a mí, eso me importa un montón.

_ Ese somnífero para chicos de country que Cris Morena llamó Champs12 (?) parece haberse mudado a las 23 horas. ¿Tan mal iba que la van a empezar a poner? Pregunto, ¿la ponen a esa hora?, porque no hay manera que eso me mantenga en la pantalla más de los tres segundos reglamentarios del zapping. Nunca vi tantos supuestamente jóvenes y bellos que no calientan ni una taza de té. Además, ella -"Barbie"- tiene una nariz muy rara.

_ Hablando de narices raras, no sé qué le pasó a Cecilia Roth. Si se la tocó una vez, se la puede tocar dos veces (copyright de la frase en trámite).
Tratame bien es un producto bien característico de Canal 13, en el mejor de los sentidos: bien hecho, bien actuado, interesante, bien dirigido, con actores de primera, levemente conservador, con algo de mensaje. Julio Chavez está más allá de todo; tanto subieron al podio a Alcón como el gran actor argentino, pero el custodio le pasa el trapo al santo de la espada.
¿A cuánto estamos de una de esas notas pelotudas de Viva sobre la que hace de hija de ellos, hablando de "un personaje fuerte", "una lolita" o alguna tamaña gansada?
Fito Paez me resulta insoportable.
Y muero de ganas de sacarme una foto en la calle, con el cartel del programa de fondo.

_ En el programa de Petti está el Petti que más me gusta.

_ Me encantan las cosas que pasan por Encuentro, pero la mayoría de las veces siento que debería tener la videograbadora en punta porque sé que son cosas que me interesan, pero siempre me agarran en el momento equivocado. Después de dieciocho horas despierta y tres y media de sueño, se me pierde un poco la línea de razonamiento de Sartre. Pero no quiere decir que no me da lástima perdérmelo.
O debería estar todo subido a la web. Ponele.

_ Me quedé un rato enganchada con Seis, Siete, Ocho (el de María Julia Oliván en una mesa redonda con Sandra Russo, Cabito y otros). Pero cuesta no ver toda esa maquinaria como una oficina de prensa -inteligente, remozada e insólitamente bien hecha para ser un magazine de Canal 7- para el gobierno "de ahora". No está mal, pero no creo que corresponda a la televisión pública, como se define. O, por lo menos, no debería ser el único al que se le haga tal lugar ahí.

_ El comercial de DeNarváez, con esos oligofrénicos cool gritando me hace acordar al ese tipo que golpeaba Homero cuando le decía que había inventado un aviso en que la gente gritaba cosas incoherentes todo el tiempo.
Y si veo a DeNarváez una vez más, voy a gritar yo (aunque, confieso, no me cae tan mal como debería).

_ El título de Olé de mañana: "Por afano" (cuak)

miércoles 3 de junio de 2009

Odioso: darte cuenta que tenés algo, privado, en común con una persona que te cae muy pero muy mal.

lunes 1 de junio de 2009