
"Malgasté al tiempo, y ahora el tiempo me malgasta así", decía Shakespeare, seguramente en un lenguaje un poco más agraciado. Es una gran verdad de la vida. Esa y que todo está mal distribuido; porque todo
está mal distribuido, especialmente, el tiempo. Pensemos en lo que hemos internalizado como
tiempo de ocio/tiempo de trabajo. Pésima distinción. ¿Cómo se explica que a cuarenta semanas de trabajo hayamos aceptado que le corresponden quince días de "descanso" (en los que, por supuesto, estamos
obligados a descansar... o a exprimir los días para que no nos quede sin hacer nada de lo que no vamos a poder hacer el resto del año).
Los momentos de entrada en la supuesta vida
"de adulto" de uno en que no le alcanzan las 24 horas para c
omerdormirestudiartrabajarsalirbañarseleerunlibroetcétera, contrastan con los tiempos muertos que teníamos después del colegio, tardes eternas que no tenemos muy claro cómo llenábamos, y que encima juegan con la ventaja de haber quedado cristalizadas mucho atrás como momentos ideales (no importa si, en verdad, nos aburríamos de mirar por la ventana o de vestir y desvestir a las barbies).
El tiempo, por ser arbitrario por definición y pensado para ser demandante, debe estar mal distribuido. Lo que para mí es muy poco, para vos es una vida. Es el clásico ejemplo de los minutos que se amasan como horas eternas en una sala de espera; de la contraparte de los momentos que de tan esperados desaparecen de lo rápido que pasan, cuando finalmente pasan.
Y yo "
pierdo" mucho tiempo. Algo de ese tiempo, sin mucha opción: trato de no hacer la cuenta de la cantidad de horas que paso en el colectivo ida y vuelta, porque me costaría mucho juntar fuerzas para levantarme si lo pensara dos veces. Otros, los que me traen problemas, son los momentos en los que durante o después me asalta la culpa como un baldazo de agua fría: esas horas enteras -cada vez son más- en que
no quiero hacer nada. No quiero pensar en nada. No quiero producir. No quiero que se puedan medir por lo que sale de ellas. Quiero que todo se pare-
I would like to fix this world, but I´m so lazy, me canta Kevin Johansen.
Sucede que las disfruto pero cuando vuelvo al mundo del resto de la gente, el tiempo no se detuvo para mí ni para nadie, y lo único que tengo son las mismas obligaciones de siempre, con menos plazo para hacerlas, y acicateada por sentimientos horribles, como la frustración, la culpa o la envidia de los que ya tienen todo hecho.
A tres semanas de haber empezado este cuatrimestre, dejé el seminario de informática y sociedad. Son unas clases sobre filosofía, que requieren una inversión de tiempo para leer y pensar que me resultaba descomunal en abril. Eso, y que jamás podía salir del trabajo y llegar al teórico sin que hubiera empezado y me esperara una hora y media tomando apuntes en el suelo.
La cuestión es que ahí le dedican toda una unidad al tema del tiempo. Hablaban, por ejemplo, de En busca del tiempo perdido (que tiene las dimensiones de un par de Biblias apiladas y que dudo que en un mediano plazo pueda leer -sí, sí, sí, adivinaron- por falta de tiempo), de cómo en esa novela diferentes sentidos retrotraen al protagonista a los distintos momentos importantes de su vida; y de cómo eso era una ruptura de la organización lineal del tiempo porque iba y volvía en función, ponele, de que el tipo se comía una madalena mojada en el té y eso le hacía acordar a cierto momento de su vida.
(Sí,
todo tiene que ver con Lost; esa va camino a ser una nueva máxima.)
El recuerdo debe ser el último espacio de resistencia, pienso, mientras una canción, una frase, un sabor, cualquier cosa, todas las cosas me estallan en links interminables cuando no los
tengo que pensar, y sobre los que no puedo resistir la tentación de salir a pasear.
En la programación "lógica", capitalista, programática del tiempo, a esto se le llama
perder el tiempo. Pero hay un momento en que esas redes se me aparecen casi físicamente, cuando con los ojos cerrados soy capaz de tener una visión global, amplia, relacional de lo que pienso. Y, claro, es muy difícil rearmarla e incluso expresarla en la continuidad de un renglón, que obliga a poner una palabra antes de la siguiente. (Estoy al tanto de que suena a reflexión de fumada.)
Últimamente, estoy teniendo problemas con algo que para mí nunca fue un problema: la organización del tiempo. "La organización vence al tiempo", decía el General (y mirame como te pongo a Chekspier y a Perón con diferencia de párrafos, nomás). Ojalá tuviera razón Pocho, pienso ahora que estoy sentada adelante de la pantalla hace tres horas, con todo armadito lo que tengo que hacer con urgencia -eso que nadie más puede hacer por mí y sobre lo que no se puede pedir prórroga- aunque, en cambio, ya me maquillé, programé el rss para los blogs, puse a lavar la ropa, ordené todos mis archivos de música, me pinté las uñas. Nada, ni remotamente cerca de lo que
tengo que hacer. Es así, en dos días tengo un parcial lapidario y una investigación que entregar, también definitiva de cursada, de la que tengo conocimiento hace un mes y que todavía no pasó los dos párrafos. Y aquí me tienen,
wasting my time just thinking of you. Y en todo lo demás también.
Me empiezo a dar cuenta de que, o es un tema de que soy irresponsable y demasiado confiada en que va a terminar saliendo más o menos todo como yo quiero, o es que no estoy viviendo el tiempo de manera lineal, programada, útil como se supone que debería para no estar a las corridas permanentemente.
Porque
el tiempo es el debo: el tengo que. La prioridad, la obligación, el llegar tarde, el se agota.
Y es que -siguiendo con esta autoterapia de colchón- estoy en un momento en que me siento demasiado atada, que siento que siempre me sentí demasiado atada y que no quiero obedecer de manera tan estricta a un debo que me inventé yo sola. Tarde para darme cuenta: ahora no sé cómo se hace para no estar regido . ¿La máquina me habrá calado tanto? ¿Seré la máquina?- pienso con temor, mientras me doy cuenta que me estoy yendo por las ramas otra vez.
Se me ocurre, muy lejos de lo que debería estar pensando, que lo primero para la libertad debería ser apropiarse del tiempo.