lunes 14 de septiembre de 2009

Vengo de un fin de semana muy "pum para arriba" en que ví el final de la Lista de Schindler y Zeitgeist, y planeo irme a dormir con Paradise Now (joya que encontré de casualidad ayer en Canal 7). Sigo estudiando a la una de la mañana del domingo y MegaUpload ya bajó el 62% de "Los Suicidas", con Hendler.

Meintras tanto, en algún lugar de la ciudad, mi psicóloga pide presupuesto para una casa en un barrio cerrado, con pileta y playstation. Porque ambas sabemos que esto va para largo.

lunes 7 de septiembre de 2009

TxT



Vistos y oídos en la facultad esta semana...

_ Le pasan una hoja de cuaderno doblada a un pibe que está sentado adelante en la otra punta del aula, en un teórico en hora pico: "Che, puto, te anotaste en comu 3 y no me dijiste nada".

_ "(...) el hombre sobrevive porque es flexible (...)", se escuchó en una clase sobre televisión, todavía no sé a cuento de qué.

_ "(...) los muchachos de Comanche no podían ni tocar el timbre, no se podían tocar ni a ellos mismos (...)"*

_ "le dejamos unos (folletos) también a la compañera..." La compañera era yo, y quien estaba hablando con mi amigo era uno de los de la fotocopiadora, pero que ya descubrí que es, como la canción del post anterior, inteligente pero tibio. Eso, o no le gusto.

_ Grafitti en el aula 202: "chaca puto pinchetista amigo de colo colo". (?)

_ "(...) el consumo de las drogas estuvo ligado a la práctica estética, a la experimentación, a expandir las puertas de la percepción, de la creatividad (...)"*

_ "(...) la cultura de masas resiste el juicio estético (...)"*

_ Stencil en el aula 202 (que parece ser una pared que incita a la expresión popular): "Me gustas cuando votas porque estás como ausente".

_ Me enteré que, cuando inventaron el polo, siempre ganaban los entrenadores de los caballos y no los señores bian que eran los dueños, así que pusieron como requisito para participar que los jugadores tuvieran por lo menos cinco equinos propios...

_ ... y que en las fábricas, a principio de siglo, había varias canchas de fútbol, porque los patrones consideraban que un obrero que se mantenía entretenido jugando a la pelota era menos proclive a hacer huelga.

_ "(...) el Chaqueño Palavecino es el Alejandro Lerner del folklore (...)"*

_ "(...) un discurso que no es circulado y capturado es como si no existiera (...)"



* Éstas son todas del teórico de cultura, que además de venir siendo una gran clase, tiene un titular que es un notable tirador de eslóganes.

( Cuando dicen que Comunicación te da "una cultura general", se quedan cortos. La mayoría de las veces no sé de qué carajo están hablando.)

Dialogan...

"Abanderada del pedazo", de Zambayonny con "Cumbiera intelectual", de Kevin Johansen

(?)


Los fines de semana son una mierda.
Corrección: mis fines de semana son una mierda. Desde que empezaron las clases, la semana (que, no me hagan empezar con el tema de que por cinco trabajados "culturalmente" o lo que sea, nos corresponden dos de "descanso") está cubierta por completo. No hay espacio para la flexibilidad de horarios, de actividades, de nada. Si se hace una salida tiene que ser el viernes, para que deje un día a dormir. Salir el viernes implica continuar el día en una ronda de 24 horas sin parar y sin pasar por casa (me despierto a eso de las seis y media - normalmente con no más de dos o tres horas de sueño porque el taller de ese día implica entregas, así que me quedo despierta aún más de lo que mi insomnio "natural" permite; tengo trabajo-curso-facultad, de la que me voy a las nueve de la noche a donde tenga que ir, porque si vuelvo a casa a cambiarme, ya no salgo más).
El "finde" en el que la gente normal, no sé, sale a tomar algo, a una plaza a tomar mate, al cine, a comprar ropa, o a lo que sea que hace la gente normal, en mí se divide en a) un sábado para el que tengo planeadas decenas de cosas -desde ir al gimnasio y estudiar a comprar ropa o ir a sacar fotos- y que jamás hago porque quedo físicamente desmayada en la cama aunque no haya salido la noche anterior (y sí salí, ahí estoy, recuperándome como si tuviera sesenta años) y b) un domingo en el que me la paso encerrada en el dormitorio estudiando, leyendo todo lo de la semana (que, en un día hábil, nunca llego a tiempo a preparar), preparándome las cosas para el día siguiente y, cuando me quiero dar cuenta, son las once y media de la noche y no ví ni un capítulo de una serie; ni hablemos una película.

(No hay conclusión del texto; está al principio).

(Quiero ser como estos cachorritos...)
Una de las cosas que me rompe las pelotas cuando, por algún motivo, releo este blog, es darme cuenta de lo amargas que son las cosas que escribo y lo sincera que soy cuando las escribo.
Yo no soy así todo el tiempo, pantalla para afuera. O por lo menos, mayormente fuera de mi casa. Por el contrario, allá ("allá") me río de todo y de mí, trato de no mostrar toda la infindad de pequeñas cosas que me molestan o que me dan asco y trato de calibrar las acotaciones freaks (en especial, las que son sobre mí misma) de manera que no pasen de ser más que una nota de color en el personaje.
Allá, ahora me doy cuenta más que nunca, soy personaje.

Toda esta parte "emo", amargada, desesperanzada, insegura y molesta, terminó cayendo acá - y secando todo a su paso- porque no tenía cabida en ninguna otra parte de mi vida.

¿Por qué? Porque cuando era sincera con ese tipo de cosas todos querían que tuviera gente alrededor (amigos, lo que sea) y no tardé mucho en darme cuenta que la gente, por más que te quiera, que se interese por vos y que quiera ayudarte, no está dispuesta a escuchar toda la mierda que llevo adentro. Si voy a criticarme, no están dispuestos a escucharme a menos que lo haga con un poco de humor.
Celebran la honestidad como valor, disfrutan de las salidas ingeniosas en el cine o en la tele, pero en persona las críticas los descolocan, se ven en la obligación de ofrecer ayuda -aunque no lo quieran- si te ven mal.

No quiero que suene a un "elogio de la tristeza"; solamente hay que reconocer que no hay mucho lugar afuera para la timidez, el miedo, el silencio, la angustia. Hay que taparlas, disfrazarlas hasta que se borroneen y se confundan. Y no estés demasiado segura de qué yo se parece más a vos.
Terminás sintiéndote también una mierda por desconfiar de los demás, asumiendo que el resto está haciendo la misma que vos, incluso de los que quizás sí se te estaban brindando con sinceridad.

Es un tema recurrente con la nueva psicóloga. En la primera sesión - en la que también fui brutalmente honesta (con ella y conmigo), situación a la que pudo haber colaborado el hecho de que fumé un poco antes de ir- ella después me recordaría que dije la frase "me la paso engañanado a todo el mundo". Un par de semanas después, no sé por dónde iba la conversación, pero me sentí obligada a citarle la frase que había visto en Los Soprano la noche anterior (“No man, for any considerable period, can wear one face to himself and another to the multitude, without finally getting bewildered as to which one is true").
No sé bien cómo explicarle que ya probé las dos maneras, y al final, las opciones parecen reducirse a que no me soporte nadie o que no me soporte yo misma (y perdón por la horrible formulación de esta última oración).
ODIO esto. No sé en qué momento de mi vida me planteé que podía ser una buena idea (querer) ser periodista, pero aún ahí cuando estaba de lo más entusiasmada, debería haberme dado cuenta que, para mí, es algo tan difícil como aprender a bailar ballet o jugar al fútbol.

Tengo que entregar una entrevista esta semana que implica, como mínimo, sentarme enfrente de una desconocida durante treinta minutos a hacerle preguntas sobre su vida.

Aterrada es una palabra que le queda chica a lo que me pasa. No quiero, estoy negada, me da vergüenza, me da miedo.

¿Cómo fue posible que jamás, en todo este tiempo, se me haya cruzado que un momento clave de la actividad periodística era esto?

Para peor, con esto se siguen achicando las opciones de la orientación de la carrera que debería haber elegido hace rato - por supuesto, no lo hice, pensé que como todo, se iba a resolver sólo de alguna forma mágica - y que tengo que empezar el año que viene.